OPINIóN
La sombra de la parca

Todos tus muertos

Contarle los muertos a los Redondos es como contarle las costillas a un caballo famélico, que es la imagen definitiva del rock en este siglo XXI donde el olvido remasterizado resulta heroico.

Indio Solari
Indio Solari | CEDOC

Al pasar los años, y afinar el oído con la experiencia, la apreciación musical del rock reclama un gran valor para estimar: cómo suena una banda en vivo. Si en vivo es otra cosa estamos en estado musical, caso contrario, es un espectáculo para fanáticos que, en general, cada uno está en la propia frecuencia o interés. Misas individuales para un dios esquivo.

Mientras escuchaba a Sumo, un amigo que trabajaba en la Asociación Argentina de Actores me advirtió de esa bandita under que tocaba en bares de mierda hasta que caía la policía de la dictadura, en retirada criminal después del mundial. Recuerdo su apreciación: “tienen un cantante que vocifera con sordina, canta como si estuviera estreñido en el inodoro de la terminal de ómnibus de un pueblo abandonado. Pero las letras tienen algo atractivo, tienen proyección social”. Ese fue el prólogo que dejó marcada mi poca predisposición hacia Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Y el Indio Solari nunca defraudó tal sentencia.

Por tanto, jamás soporté su voz, los yeites instrumentales, ni nada que tuviera como partícipes a dicha banda. Y, sin embargo, fue popular, lo es, y lo seguirá siendo. Hay algo punk en esta trayectoria musical, pero hablamos de un punk triste. Algo que por sonoridad trae a Pan Triste, el pibe que mató a compañeros de secundaria porque lo acosaban por su disfunción neurológica. Es que en torno a Solari y sus fanáticos voló una sombra: la de la parca, siempre estuvo ahí. Siniestra expresión a la que llamaron rock viejita y demás calificativos escandalosos.

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Contarle los muertos a los Redondos es como contarle las costillas a un caballo famélico, que es la imagen definitiva del rock en este siglo XXI donde el olvido remasterizado resulta heroico. No por nada el disco ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado, de 1989, se cobró una víctima sustraída en las inmediaciones del Estadio Obras para terminar torturada en una comisaría. Ocurrió el 19 de abril de 1991. El pibe: Walter Bulacio, fue liquidado por esa misma cana que se sentía a sus anchas con el aroma a pólvora de las rebeliones carapintadas.

Estaba al pie del escenario esa misma noche. Tocaron cuatro bandas y el ambiente se cortaba a cuchillo. Pésima onda entre los concurrentes, había división de bienes e intenciones. Uno de los productores del recital, que había allanado el ingreso, me dijo: “Van a tardar en tocar, están demorados. ¿Tenés en qué irte? Porque esto se pudre, andate porque esto se desmadra, se viene una pelea”. Marginalidad y vandalismo a flor de una marea que, poco a poco, convertía al pogo en una excusa.

No valía el rock una experiencia traumática definitiva. La cana estaba afuera, de uniforme y de civil. Les hervía la comisura, querían morder. Con la señorita que me acompañaba nos perdimos en la oscuridad silbando bajito, mientras en la calle resonaba una banda como un coro tímido. Después de eso, de lo terrible, siguieron los recitales fuera de la ciudad de Buenos Aires. No sin antes un verdadero combate desigual en cancha de Huracán. Pibes cayeron de trenes, fueron baleados. Esa agresividad latente, el riesgo, espantó todo tipo de consideración de mi parte. No valían la pena, eran un espectáculo cínico.

El lumpenaje carece de atractivo. Es funcional al sistema de inseguridad donde delación y salvajismo impiden la convivencia, tanto como la solución política real. Solari vio una luz ahí, un público abundante, donde todo vale y nada vale, pero por el que podía pagar impuesto a las ganancias. Ah, ya que le dan tanta entidad de conciencia social, valor poético, trascendencia cultural a esta fracción del rock. Sí, a ustedes, ¿saben dónde está Jorge Julio López? Desapareció el 18 de septiembre de 2006, justo antes de la sentencia al comisario, asesino y torturador Etchecolatz, en La Plata, de donde provienen Los Redondos…