miércoles 06 de julio de 2022

Un debate sobre el futuro de la democracia

17-06-2022 23:55

La democracia es un sistema perfectible. Los mecanismos gubernamentales de participación ciudadana vienen perfeccionándose desde hace siglos. Las diferentes etapas históricas marcan el rumbo hacia la apertura, la participación universal y la transparencia de los sistemas electorales.

¿Cuánto hay de moderno en la participación de toda la sociedad en el proceso electoral?

Vamos a ponerlo en perspectiva histórica. En las primeras elecciones presidenciales contemporáneas, llevadas a cabo en Estados Unidos en 1789, la participación electoral de la población fue de menos del 1.3%. Esa elección fue la que le entregó el primer mandato al General George Washington por unanimidad de votos en el colegio electoral. La continuidad democrática de ese proceso se mantiene hasta el día de hoy, con la última elección llevada a cabo en el año 2020.

El proceso de dos siglos de mecánica electoral continuada, conlleva cambios y modificaciones. Las mujeres pudieron votar recién en 1920 siendo para ello necesario una enmienda (reforma) de la Constitución. El sufragio universal, para todos los norteamericanos sin discriminación de raza fue sancionado mediante la Ley de Derecho al Voto de 1965, cuando desde 1870 la enmienda XV declaraba expresamente el derecho al voto “independientemente de la raza, color o condición anterior de servidumbre”.

En Argentina, muchas de nuestras abuelas nacieron sin derecho a voto. El sufragio femenino en nuestro país está vigente desde 1947, siendo universal para todos los hombres mayores de edad desde 1912 con la célebre “Ley Sáenz Peña”.

Los gobiernos dictatoriales interrumpieron sucesivamente los procesos electorales continuados desde 1924. La democracia moderna y contemporánea en argentina está vigente desde 1983, lo que habla de su juventud y perfectibilidad.

Debatir sobre la implementación de la boleta única requiere un análisis en dos partes:

La forma en que se va a implementar a nivel federal y la adhesión al régimen por las provincias. Siendo un estado federal que respeta la autonomía provincial, es importante tener en cuenta la decisión de las mismas sobre el sistema electoral que se llevará a delante en sus jurisdicciones. Esto habla de un proceso más largo y complejo que el botado el 8 de junio en la Cámara de Diputados de la Nación, otorgándole media sanción al proyecto de Boleta Única de Papel con 132 votos afirmativos, 104 negativos y 4 abstenciones.

Más allá del contenido formal del proyecto de Boleta Única, y de los beneficios que ofrece en materia de practicidad, eficiencia y transparencia, la división política sobre la temática es palpable, siendo difícil que se genere un gran consenso, que además es muy necesario, ya que el mecanismo implementado sobre el voto, es un aspecto central de la democracia.

La historia nos enseña que los grandes acuerdos entre los partidos democráticos sentaron las bases de la institucionalidad moderna. La reforma de 1994 fue posible porque existió un núcleo de coincidencias básicas (enmarcado en la Ley de reforma) que establecía los puntos a tratar, y más allá de las diferencias que existían entre los convencionales en esa asamblea constituyente, el acuerdo de reforma y de perfeccionamiento de las instituciones estaba claro. Existía un espíritu de jerarquización de normas, tratados e instituciones.

El mejor debate que podemos tener sobre la boleta única, algo que va regir aspectos neurálgicos de nuestra democracia, debe ser por grandes consensos, algo que parece difícil en la era de las parcialidades.

*Abogado. Docente de Derechos Humanos y Derecho Constitucional Político, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, sede San Isidro, extensión áulica Tigre, Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales.

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