OPINIóN
El futuro de Chile

Un llamado de atención

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Chile. “Existe un fuerte descreimiento en el sistema democrático y el voto como instrumento de cambio.” | cedoc

El pasado fin de semana Chile vivió unas elecciones históricas por varios motivos, entre ellos por la posibilidad de elegir a los miembros que se encargarán de redactar la nueva Constitución, una fuerte demanda de la ciudadanía después del estallido social de 2019. Sin embargo, y más allá de la euforia inicial por este proceso electoral, la realidad marca que estas elecciones constituyentes dejan más dudas que certezas y abren una enorme incógnita acerca del futuro político del país trasandino.

Los resultados de la elección dejan un mensaje ineludible para toda la clase política chilena: la sociedad está cansada de los partidos políticos tradicionales y la crisis de representatividad que, si bien proviene incluso antes del estallido de 2019, es cada vez más fuerte. Sin dudas, lejos de apaciguar los ánimos después de que la sociedad chilena saliera masivamente a las calles a reclamar un cambio sustancial en el sistema político, este proceso electoral abre nuevas incógnitas y deja aún más al descubierto un vacío de poder que ninguna coalición partidaria tradicional pudo solucionar. Y esto se ve en los números: después de que en 2019 las calles de las principales ciudades trasandinas se vieran repletas de manifestantes; por el contrario, el pasado fin de semana votó aproximadamente el 42% del padrón electoral. Pero lejos de generar sorpresa, esto ya nos brinda otro mensaje claro: existe un fuerte descreimiento en el sistema democrático en general y en el voto como instrumento de cambio en particular.

Pero además, al analizar los resultados, vemos que ninguna de las cinco coaliciones partidarias principales supera el 31% de los votos, eliminando los últimos vestigios del bicoalicionismo que había proliferado en Chile desde el retorno a la democracia, en 1990, y le había dado una fuerte estabilidad a todo el sistema. Incluso, al buscar un posible ganador de estas elecciones, vemos que los que más bancas han obtenido han sido los candidatos independientes, brindando un fuerte mensaje de agotamiento de las estructuras partidarias tradicionales.

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De esta manera, con los resultados escrutados durante la noche del domingo, la Convención Constituyente compuesta por 155 miembros quedará conformada por 48 convencionales independientes, 37 de la coalición oficialista de centroderecha Vamos por Chile, 28 de los izquierdistas de Apruebo Dignidad, 25 de la centroizquierda Lista del Apruebo y 17 escaños reservados para el denominado “cupo indígena”.

Así, debido a que ninguna coalición obtuvo los dos tercios de los escaños necesarios para introducir propuestas pero ninguna tampoco logró un tercio para bloquearlas, el foco del proceso constituyente estará puesto en la conformación de alianzas y, especialmente, en el rol que jugarán los independientes que, en su mayoría, están alineados con las coaliciones más progresistas. Sin embargo, por más que Apruebo Dignidad trabaje en conjunto con la totalidad de la Lista del Apruebo (ambas de izquierda y centroizquierda), necesitan contar con todos los independientes y además tres convencionales del cupo indígena para plasmar sus propuestas y que la nueva Constitución sea sustancialmente distinta a la actual, que data de la época pinochetista. Esto hace vislumbrar que es difícil que esos cambios profundos que demandaba la ciudadanía en el estallido de octubre de 2019 lleguen a la nueva Constitución.

Todavía queda casi un año para ver la redacción final de la nueva Carta Magna chilena. Y si bien este proceso electoral fue histórico porque le permitirá a la sociedad trasandina tener su primera Constitución democrática, la realidad es que también dejó al descubierto una nueva crisis que está lejos de solucionarse.

*Licenciada en Ciencias Políticas (UCA). Investigadora del Centro de Estudios Internacionales (UCA).

Producción: Silvina Márquez.