OPINIóN
DESAFÍOS

Universidades emprendedoras

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Ellas. Aunque eran más en Diseño, hoy se suman en Ingeniería. | gza. UBA

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) acaba de publicar un libro sobre las universidades emprendedoras e innovadoras en América Latina. Esta publicación muestra la importancia que han cobrado las experiencias de vinculación económica de las universidades en la región.

También en el último número de la revista Integración y Conocimiento de la Red Mercosur de Estudios sobre la Educación Superior (NEIES) se analizan experiencias de vinculación productiva de las universidades de América del Sur. En Brasil las universidades públicas crearon más de cuatrocientas incubadoras de empresas.

Las universidades argentinas han creado 47 incubadoras de empresas y han desarrollado centenares de proyectos en las últimas décadas. No se trata de una experiencia totalmente nueva. Desde 1973 el Instituto de Energía Eléctrica de la Universidad Nacional de San Juan se propuso exportar sus capacidades. La Universidad de Buenos Aires creó en 1991 una sociedad anónima, Ubatec, junto con la UIA y el Banco de la Ciudad, para vender tecnología y servicios de consultoría.

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Estos antecedentes muestran una tendencia que ya habíamos anticipado en 1985 con el libro Universidad, política y sociedad. Nuestro enfoque suponía que las universidades iban a formular estrategias para aprovechar su potencial al servicio del desarrollo. Algunas universidades nacionales se involucraron en proyectos de innovaciones y asistencia técnica durante las últimas décadas logrando facturar cifras importantes. Pero no hubo una estrategia de desarrollo que valorizara estas iniciativas.

Con motivo de la pospandemia de covid-19, se planteó una vez más la necesidad de adoptar una estrategia de reconstrucción nacional del rol de las universidades. En un análisis prospectivo imaginé que las universidades iban a participar activamente en la formulación de políticas de reindustrialización, informatización y creación de economías sustentables. Parecía llegado el momento de adoptar un modelo de desarrollo con uso intensivo del conocimiento.

De hecho, son raros los que han propuesto esta alternativa. Sin embargo, han surgido proyectos de vinculación con empresas y organizaciones sociales así como redes de emprendedores que involucran universidades públicas y privadas. También surgieron cursos de grado y posgrado sobre emprendedorismo.

Existen programas públicos y privados para brindar asistencia técnica a pequeñas y medianas empresas para apoyar iniciativas emprendedoras. El Ministerio de Ciencia y Tecnología y otras agencias apoyan la formulación de proyectos emprendedores.

La idea de que los conocimientos e innovaciones pueden ayudar a resolver problemas se ha extendido en todos los niveles sociales. No es una utopía pensar que la Argentina puede adoptar un modelo de desarrollo con uso intensivo del conocimiento para mejorar las condiciones de vida.

Sin duda, el conocimiento y la responsabilidad social tienen que prevalecer en la gestión pública y privada para que podamos aspirar a un modelo de desarrollo superador. Y allí las universidades argentinas pueden jugar un rol importante. Actualmente, casi el 30% de la población económicamente activa tiene educación terciaria. Hacia 2030 tendremos más de 5 millones de estudiantes en la educación superior. Las universidades están formando el nuevo proletariado del conocimiento.

Existe un potencial de conocimientos y de recursos humanos para mejorar el funcionamiento del Estado, de la economía y de la sociedad. Hacen falta miles de nuevas empresas en todo el país y hace falta apoyo técnico y financiero para salvar miles de empresas en crisis. Durante la crisis de 2000-2003, muchas fábricas se recuperaron con apoyo de universidades públicas. Ahora, podríamos recurrir a las universidades para afrontar la reconstrucción del país.

Esto implicaría asumir un consenso colectivo sobre la valorización del conocimiento para resolver los problemas. Se presentan nuevas oportunidades para el desarrollo del país. Si queremos aprovecharlas, es necesario convertir las universidades en agentes de desarrollo.

*Profesor del Doctorado en Políticas y Gestión de la Educación Superior en Untref y del Doctorado en Educación Superior de la Universidad de Palermo.