martes 27 de julio de 2021
PERIODISMO PURO Entrevista
31-10-2020 22:15

Éric Caumes: "Hay que prevenir las nuevas olas de la epidemia"

El jefe de Enfermedades Infecciosas y Tropicales del Hospital Pitié-Salpêtrière de París considera que los países como el suyo no deben ser tomados como ejemplo en la lucha contra el coronavirus. Habla de la vacuna y no ve inminente que se consiga la inmunidad de rebaño de la que hablan algunos de sus colegas.

31-10-2020 22:15

—¿Hay una rebelión creciente contra las medidas que promueven disminuir nuestras interacciones sociales para contener la epidemia?

—Están relativamente bien aceptadas, en especial en comparación con otros países europeos en particular. En Europa, sobre todo en Italia, hubo protestas con violencia al respecto. En Francia hubo controversias. No se llegó a la violencia relacionada con esta contención, pero sí se llegó a situaciones de discusión pública. Un elemento a tener en cuenta es que en Francia el Estado es muy protector. Existe un Estado de bienestar. Por lo tanto, muchas personas tienen un sistema de ayuda y asistencia gubernamental. Esto genera un contexto diferente. 

—Su libro “Emergencia sanitaria” (“Urgence Sanitaire”) apareció casi al mismo tiempo que el anuncio del presidente Emmanuel Macron y fue calificado por la crítica como una visión lúcida e intransigente de la gestión de la epidemia de coronavirus en Francia. Identifique los principales errores e inconsistencias.

—No hemos sido buenos en la previsión de la epidemia, especialmente si nos comparamos con los países asiáticos o con Alemania. En Europa estábamos desprevenidos, y por desgracia nos golpeó la primera ola. Para cuando llegó la primera ola, tampoco fuimos buenos protegiendo a los profesionales de la salud, a quienes debían cuidarnos, por ejemplo. También fallamos en el cuidado de la población porque nos quedamos sin máscaras y tuvimos dificultades para testear. Hubo otras grandes carencias, por lo que no pudimos hacer otra cosa que la cuarentena en marzo. 

“En Francia no fuimos buenos para prevenir la epidemia. La primera ola nos tomó por sorpresa.”

—¿Habrá una tercera ola en la próxima primavera europea en abril, hasta que se logre la inmunidad colectiva, vacunal o natural?

—Tienen razón quienes afirman que este virus será responsable de una epidemia hasta que tengamos inmunidad colectiva. La inmunidad se podrá adquirir de manera natural, como por ejemplo sus vecinos de Brasil, o se adquirirá mediante vacunación, si tenemos una eficaz rápidamente. No es posible confinar al país durante seis meses o cada tres meses. Económicamente, esto es imposible. Así que en el norte iremos de ola en ola hasta llegar a esa inmunidad colectiva. Y lo ideal es hacer que las olas sean lo menos malas posibles para evitar las cuarentenas. Para ello, necesitamos ser muy eficaces en la prevención. Aunque probablemente nunca seremos tan eficaces como los países del sudeste asiático que, por el momento, son capaces de evitar que se propague la pandemia. 

—Si no hay una vacuna, ¿en algún momento todos contraerán el virus y lograremos la inmunidad natural? ¿En ese momento el virus circulará de una manera muy débil, para que solo de vez en cuando aparezca algún caso? ¿Ese será el fin de esta situación?

—Es lo que creo que sucederá. Y es lo que se observa cuando nos referimos a la historia de virus similares. Los coronavirus MERS están muy extendidos en el mundo animal, en murciélagos y humanos. Y sin embargo no circulan de manera de producir una pandemia como esta. Hay algunos que aparecieron en el siglo XXI. Creo que el coronavirus SARS-coV-2 se unirá a los cuatro que circulaban entre nosotros antes de finales del siglo XX. 

“No es posible confinar a un país durante seis meses. Fallamos en la salida de la primera cuarentena.”

—Dijo que “fuimos demasiado rápido, pasamos abruptamente del confinamiento al desconfinamiento sin ninguna precaución particular o paso intermedio”. ¿Cómo se debería haber hecho?

—Sí, de hecho, tuvimos una contención en marzo y abril que fue muy efectiva, que frenó la primera ola. En el momento de liberar la cuarentena, la prevención no estaba bien organizada. La clave está en testear, rastrear y aislar. Desafortunadamente, fuimos superados muy rápido por una liberación no lo suficientemente controlada. No hemos hecho lo suficiente. 

Éric Cames, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
Ejemplos. “Probablemente, en Occidente no fuimos tan eficaces como en el sudeste asiático en evitar que se propague la epidemia. En Europa se destaca lo que hizo Alemania sobre el resto”. (Foto: Marcelo Dubini)

—Elogia a los países asiáticos. Parecen haber logrado no solo extinguir la primera ola, sino controlar rápidamente los rebrotes.

—Algunos fueron particularmente exitosos: en especial Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Vietnam. Pero también hubo otros países muy eficaces, como Nueva Zelanda o las islas del Pacífico. Cabría preguntarse por qué lo hicieron. Creo que es porque aprendieron las lecciones de las dos epidemias de coronavirus del siglo XXI, a saber, el SARS, especialmente para el MERS en Taiwán, Singapur y Vietnam. También el MERS tuvo su epidemia surcoreana. Por lo tanto, estaban preparados para contenerlo. Sabían qué hacer y aplicar una cultura de la prevención. Consiguieron resultados muy efectivos, aunque tuvieron problemas, pero han sido muy efectivos. Incluso los chinos, que se vieron abrumados por la escalada de la epidemia al comienzo, después alcanzaron un aumento de la eficiencia. Lograron resultados extraordinarios. 

“Al liberar el confinamiento, la prevención no se organizó adecuadamente.”

—Destacó a Vietnam, un país muy poblado y no muy rico. ¿Es trasladable la experiencia de la disciplina de sociedades sin libertad a Occidente?

—Es una buena observación. Si nos centramos en Vietnam o China, funciona ese análisis. Pero también podemos constatar que países como Singapur o Taiwán o Corea del Sur son de la misma región, pero son democracias, y sin embargo han sido muy eficaces en el control del virus. También es real que tienen una disciplina colectiva y son muy rigurosos, rápidos y bien organizados. Países muy similares a nosotros, como Nueva Zelanda, también lograron controlar la epidemia. Creo que es un objetivo posible incluso para países democráticos. Otro elemento a tener en cuenta es que gran parte de los países exitosos son islas. 

—¿Hay diferencias entre Oriente y Occidente en relación con la dieta, la obesidad, la hipertensión arterial o la diabetes que haga más mortal al Covid-19?

—No creo que el coronavirus sea más peligroso en las poblaciones de Europa occidental que en las asiáticas. La diferencia es una cuestión de prevención. Están mejor protegidos los grupos de riesgo en Asia y probablemente incluso en África. En Europa occidental, lamentablemente, no protegimos de manera adecuada a los ancianos que podían contagiarse y a las personas con comorbilidad. Estas son las personas que fallecen por el coronavirus. En poblaciones demográficamente mayores, como las de Europa occidental, la enfermedad es más grave que en las poblaciones más jóvenes, como las de África o Asia, que también tienen menos comorbilidades. 

“El coronavirus hoy por hoy no es más peligroso en Occidente que en Oriente.”

—Se observaron diferencias entre el virus que afectó a China respecto del que circula en otras regiones del mundo, como Europa o América, ¿qué implicancia puede tener esto?

—Efectivamente, hay varias fuentes del virus SARS-coV-2 circulando, pero las diferencias entre ellos no son significativas. No hay tantas diferencias en la expresión clínica de la enfermedad. Y está claro que los pacientes graves en los Estados Unidos, en Canadá o en Brasil tienen los mismos síntomas que quienes padecen la enfermedad de una manera grave en Europa occidental. 

 

—Dijo que “deberíamos haber tomado la historia de las epidemias de coronavirus en el siglo XXI como una brújula, porque ya todo estaba escrito por las primeras epidemias de SARS y MERS, que se parecían a la epidemia de Covid-19”. ¿Por qué el SARS y el MERS no se esparcieron?

—Usted debe saber que los casos de SARS y MERS se dieron en muchos países del mundo. Se propagó por treinta países. En el caso del SARS hubo casi veinte casos en Canadá, en un hospital de Toronto. Fueron principalmente los asiáticos los que se vieron afectados por el SARS, es decir, Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Vietnam. Es una enfermedad muy fácil de detectar, porque tiene síntomas muy característicos. En ese caso, los pacientes contagiaban solo después de la aparición de los síntomas. Esas características fueron suficientes para detectar a los enfermos, aislarlos y automáticamente cortar la cadena de transmisión. Los pacientes fueron fáciles de detectar. Y bastó con aislarlos cuando fueron detectados. Se trabajó de manera muy efectiva. Por eso la enfermedad desapareció a los ocho meses de que se produjeron los primeros casos. Con el MERS sucedió algo diferente. Su difusión se limitó a la península arábiga porque su reservorio animal es el camello y por lo tanto se contiene allí. Se pudo circunscribir la epidemia a un ámbito hospitalario, que se tenía controlado. Si bien se presentaron casos en otros países, más allá de la península arábica, nunca se transformó en una epidemia. Excepto en algún lugar de Corea del Sur. Allí hubo algunos brotes hospitalarios en diferentes momentos, especialmente en 2015 y después. Los coreanos fueron muy efectivos, enfrentaron muy bien la enfermedad, un poco por las mismas razones. El MERS sigue estando en la península arábica, pero no se propagó en Corea. 

“Las condiciones de vida actuales promueven la aparición de nuevas enfermedades.”

—Es altamente probable que los CoVs, que como usted dijo son muchos, no hayan empezado ayer a pasar de animales a humanos. Las condiciones para que eso suceda están dadas hace muchísimo tiempo. ¿Tiene alguna especulación de por qué en los últimos 17 años observamos tres eventos sucesivos y no teníamos registro de otros similares en siglos precedentes? ¿Se puede suponer que fueron “llamitas” que se apagaron en Oriente sin esparcirse cuando el tráfico aéreo no era como el actual?

—Las condiciones de vida actuales promueven la aparición de nuevas enfermedades. No es casual que se hayan producido tres apariciones de infecciones por coronavirus desde principios del siglo XXI. Ponemos el énfasis aquí, pero hay otras infecciones que podrían emerger y propagarse con bastante rapidez en la población general. No ahora, porque la economía global se reiniciará. Hay dos razones para ello. La primera es la proximidad entre los hombres y el reservorio animal. Por lo tanto, el virus pasa del reino animal porque los humanos están invadiendo cada vez más su territorio. Por ejemplo, se destruyen más y más bosques tropicales. Cada vez hay más contacto entre humanos y animales. Los agentes patógenos, en este caso un virus, pasan de los animales a los humanos. Se llama “el cruce de la barrera de especies”. Esto es para el comienzo, el nacimiento de los nuevos agentes patógenos que causan enfermedades. Luego, la enfermedad se difunde en la población general del mundo por la velocidad del transporte aéreo y terrestre. Se dirige de un lugar a otro a través de los aviones. 

—¿La condición globalizada pone a la humanidad en riesgo frente a futuros coronavirus que provengan de animales?

—Sí. El hombre, desde el inicio de su historia, vive con epidemias. Los europeos fueron responsables de epidemias cuando llegaron a América Latina, de la misma manera que ellos padecieron la peste. Las enfermedades llegan por los viajeros, antiguamente por los soldados, por los ejércitos. Hoy en día, los viajeros transportan patógenos a una región del mundo muy rápido. Están dadas todas las condiciones para nuevas epidemias en el futuro. Esta situación no será la última. Definitivamente no.

—Según el ministro de Sanidad, Olivier Véran, probablemente haya un millón de franceses portadores del virus. ¿Cómo puede calcularse tal número?

—Lo de un millón de personas infectadas con el virus es algo que se le atribuye al ministro francés de Sanidad. Creo que hay una buena percepción del error, porque me parece imposible. Es cierto que en algún momento tuvimos una cantidad de casos. Pero para llegar a ese número se deberían haber tenido unos cien mil casos por día. En la situación actual, puede ser el argumento para una nueva cuarentena.

“El SARS-coV-2 terminará siendo como los otros coronavirus que circulan entre animales y humanos.”

—El presidente del consejo científico, Jean-François Delfraissy, indicó hace unos días que el número de nuevos casos diarios podría rondar los cien mil. ¿Coincide con su pronóstico?

—Sí. Creo que el número de diagnosticados por día puede confirmar ese pronóstico. 

—El principal problema en Francia es la falta de personal en el sistema de salud. ¿En Alemania esa situación se dio de manera diferente? 

—En Francia, el sistema de salud se vio muy afectado por los recortes presupuestarios que vienen dándose en las dos gestiones anteriores. Hay cada vez menos enfermeras en los hospitales. Se da la paradoja sorprendente de que todavía hay camas, hospitales vacíos. Pero no hay personal para cuidar a los enfermos. Podríamos hospitalizar a los pacientes en estas camas vacías. Tenemos el mismo problema en Italia, Bélgica, España u otros países europeos. Pero lo contrario sucede en Alemania y Austria. Es un tema que nos afecta como residentes.

—Sobre la situación actual de Francia dijo que “hace unas semanas los pacientes eran personas más jóvenes, con menos comorbilidades. Pero gradualmente llegamos a casos de pacientes casi idénticos a los que vimos durante la primera ola. Personas mayores con comorbilidades”. Con más de 50 mil casos nuevos en un día ya hay más del 60% de camas de terapia intensiva ocupadas. ¿Podría darse en Francia la situación de Italia en febrero donde los médicos debían elegir a quién conectar a respiradores?

—Experimentamos una segunda oleada de epidemia que ya ha comenzado hace varias semanas. La ola sigue siendo significativa, con consecuencias inquietantes para el sistema de atención y, en particular, la reanimación. Se decidió una nueva cuarentena. Las autoridades políticas resolvieron cerrar el país, establecer la prohibición de salir de noche para preservar el sistema de salud. De lo contrario, la situación habría resultado exactamente igual a la de la primera ola. En la actualidad el tiempo de duplicación del número de casos en Francia es de 15 días. Cabe señalar que en febrero y marzo el tiempo de duplicación de la epidemia fue más bien de 3 a 4 o 5 días, por lo que fue mucho más rápido. Con este nivel de crecimiento, el resultado será el mismo, es decir, la saturación del sistema de salud. Esa es la causa de la cuarentena actual.

“Experimentamos una segunda oleada de epidemia que ya ha comenzado hace varias semanas.”

—¿La situación médica en cuanto a la duplicación de casos empeorará durante las próximas dos semanas?

—Son las proyecciones las que se hicieron. El tiempo de duplicación de la epidemia es de unos 15 días en Francia, tal como dije recién. Muchos casos hospitalizados o el número de casos que entran en terapia intensiva con asistencia respiratoria se duplicará. Es una situación preocupante. Esperemos que la curva se desvanezca y se rompa.

—¿Se podrá atender adecuadamente a otros pacientes si el sistema está saturado por Covid-19?

—Es el principal problema. Es por eso que también necesitamos el sistema de asistencia sanitaria porque tenemos que cuidar a los pacientes que llegan, pero también a los pacientes que no tienen Covid-19. Y el peligro de estas epidemias es que muchos se han centrado en la epidemia solamente y olvidamos a los pacientes que tienen algo más.

—Las nuevas medidas son “una admisión del fracaso” de los esfuerzos de prevención del gobierno, usted pidió restricciones más duras. ¿Francia debió imitar a Gales e Irlanda?

—Finalmente seguimos su ejemplo. Lo hicimos unos 15 días detrás de ellos. Perdimos 15 días en los que aumentó el número de contaminación. La cuarentena es la última arma disponible. Es mejor usarla lo antes posible porque si se aplica a tiempo, el lapso que dure será más corto.

“El principal problema es cómo se atiende a los pacientes graves que no tienen Covid-19.”

—Con el toque de queda, el gobierno está apuntando a bares, restaurantes y lugares de reunión privados. ¿Es allí realmente donde más circula el virus? 

—Esa es una buena pregunta. No se demostró que el virus circule en bares o restaurantes. Es una hipótesis, aunque no hay estudios que lo demuestren. Algunas investigaciones demostraron que puede haber contaminación en las barras. Después, depende de si los lugares son abiertos o cerrados. Obviamente, los riesgos son mucho mayores en los espacios cerrados. También están en análisis los colegios y las universidades. Pero los bares, a menudo en Europa occidental, especialmente este verano en España, Italia y Francia, son un riesgo. Por otra parte, las principales fuentes de contaminación en Francia son las empresas públicas y privadas y las residencias hospitalarias. 

—¿Los focos de contagio no se encuentran particularmente en los grandes conglomerados: empresas públicas y privadas, hospitales, residencias de ancianos, colegios y universidades?

—Los llamados rebrotes aparecen primero en empresas públicas y privadas, segundo en comunas y escuelas secundarias, universidades, y tercero en residencias de jubilados; también hay brotes epidémicos en hospitales. Y el cuarto lugar, que es el más importante en Francia, donde es el eje del rebrote, son las reuniones familiares extendidas, es decir, bodas, fiestas, funerales, grandes reuniones de personas en lugares cerrados. 

—¿El toque de queda es un método eficaz?

—El toque de queda se decidió hace 15 días. Me resultaba una terminología bastante militar. No es muy común utilizar ese tipo de conceptos en epidemiología. Son situaciones en las que no hay que perder el tiempo. Señalé que perderíamos 15 días si esperábamos ver los efectos del rebrote para tomar las decisiones más difíciles, como la cuarentena. Pero la historia me dio la razón porque se decretó el confinamiento desde esta semana. No se esperó a ver los resultados del toque de queda antes de tomar la decisión del confinamiento definitivo.

“Los mayores peligros están en las fiestas de casamiento, bautismos. En las reuniones privadas.”

—¿Deberemos acostumbrarnos a usar tapabocas aun en el ámbito privado de las familias?

–En la medida que estemos en lugares cerrados, en la medida que sea complejo ventilar, en la medida que no se puedan abrir las ventanas, la única manera de proteger a las personas en riesgo, a los frágiles, a los ancianos o a quienes tienen comorbilidades es usar la máscara. Los epidemiólogos sugerimos que también debemos usar el tapabocas dentro de los hogares, en la medida que vivan personas de riesgo en ese ámbito, como medida de protección.

—¿Cuál es su opinión sobre el riesgo de contagio a través de los aires acondicionados?

—Es una pregunta difícil. Creo que lo ideal sería abrir las ventanas para ventilar las habitaciones con la mayor frecuencia que se pueda al día. Cuanto más tiempo, mejor. Está probado que eso actúa eficazmente. Sobre los aires acondicionados hay dudas. No me atrevería a decir si son riesgosos. Es probable que sea peligroso para contener la epidemia, especialmente en las oficinas cerradas. 

Libros. Eric Caumes es un autor muy respetado. Su últimos libro, Emergencia sanitaria, apareció casi en paralelo a los anuncios de Emmanuel Macron de una nueva cuarentena.
Libros. Eric Caumes es un autor muy respetado. Su últimos libro, Emergencia sanitaria, apareció casi en paralelo a los anuncios de Emmanuel Macron de una nueva cuarentena.

—¿El coronavirus ha entrado en una fase endémica?

—Por el momento es una epidemia. Será endémica en la medida que se complete la inmunidad colectiva.

—¿Animar a la gente a que abandonara el teletrabajo cuando se reanudó la actividad después de las vacaciones de septiembre en Francia fue un error? ¿El teletrabajo, tanto como sea posible, es la mejor herramienta en la lucha contra la epidemia?

—Efectivamente, no prestamos suficiente atención al final de las vacaciones en cuanto a las prevenciones. En el trabajo presencial, la gente se entremezcló, lo que produjo nuevos efectos. Una vez que las vacaciones terminaron, las personas volvieron y se encontraron en las empresas, tanto públicas como privadas. En esos ámbitos no siempre se respetó el uso de la máscara, en especial alrededor de las cafeterías o comedores. Tampoco se respetó la distancia junto a la máquina de café. El momento de las comidas es de los más riesgosos. Y así el virus comenzó a circular nuevamente. El teletrabajo es una estrategia indispensable en los momentos de contención. Es un tipo de iniciativa que debe tomarse.

“Hablar de toque de queda no es habitual en epidemiología; es un término demasiado militar.” 

—¿Por qué las escuelas, universidades y colegios secundarios permanecerán abiertos esta vez, en esta situación?

—Es un tema en debate. El virus circula realmente entre los niños, ya sean pequeños o mayores. Se discute sobre si los efectos son menores en los más pequeños. La pregunta surge desde el momento en que se transmite el virus, las intensidades varían de acuerdo a la edad. Aparece la cuestión de cerrar escuelas, los jardines, las primarias, los colegios secundarios. Es lo que sucede en algunos países. Si las escuelas deben estar abiertas, es algo que está siendo discutido en otros países. Hay algunos que nunca volvieron a clases. En Francia se considera que la escuela es muy importante; entre otras cosas porque trabajan las madres y los padres. Si los niños no están en la escuela, se corre el riesgo de que no estén convenientemente cuidados y atendidos. O que los padres o madres no puedan ir a trabajar. Incluso, si realizan teletrabajo, no pueden trabajar correctamente porque sus hijos estarán allí. Ubicamos a los niños en la escuela porque pensamos que es mejor para su educación estar allí que en las casas durante mucho tiempo. 

—¿Permitir que los más pequeños asistan a las aulas, a pesar del confinamiento, también facilita el trabajo de sus padres y es una forma de no ejercer más presión sobre la actividad económica que está a punto de sufrir una nueva desaceleración? En abril, un mes con confinamiento total, la actividad cayó más del 30% en Francia y actualmente cada mes de estricto confinamiento representaría entre 2,5 puntos del PBI. ¿Esa sería una explicación posible?

—No lo sé. Creo que tener las escuelas abiertas se debe a su relevancia dentro del sistema educativo francés. Educar a los niños es una clave muy importante para la integración republicana, para la integración en un sistema de pensamiento común. Este es un punto esencial. Es cierto que hay una incidencia de lo económico que no puede ser desatendida. 

“Mientras no aparezca una vacuna, hay que apuntar a la inmunidad de rebaño de forma gradual.”

—¿Por qué no es optimista en relación con que exista una vacuna de inmediato, y en el caso de que aparezca una vacuna antes de fin de año tampoco sea una solución rápida?

—Porque creo que tendremos que vivir con este virus que nos preocupará hasta que, como dije al principio de la entrevista, lleguemos a una inmunidad colectiva. Y esta inmunidad será conferida por una vacuna. Obviamente, espero que se dé tan pronto como sea posible. Si no se consigue la vacuna, si no se tiene una vacuna, se precisará conseguir una inmunidad natural que tendrá que adquirirse gradualmente para no saturar el sistema de salud y, al mismo tiempo, para preservar la economía. De hecho, en la actualidad, el desafío central para los distintos países del sudeste asiático que mencionamos es garantizar que se logre la inmunidad de rebaño, como dicen en inglés. Así se conseguirá un nivel superior de inmunidad colectiva. 

—¿Es recomendable para combatir la pandemia generar inmunidad entre los jóvenes promoviendo su contagio porque no están considerados dentro del grupo de riesgo principal?

—En cualquier caso, no se puede hacer de manera brutal, sin considerar otros elementos. Es algo imposible de plantear. Epidemiológicamente no es bueno decir que es una estrategia acertada, por más de un motivo. Pero, de hecho, en la práctica, al menos en Francia y en otros países europeos, probablemente suceda algo así. De alguna manera, es lo que está pasando. Hasta este momento, los jóvenes que no han cumplido en absoluto con las normas de cuidado, que salieron a fiestas, a reuniones, generaron un efecto en este sentido. Es algo que se observó, en especial este verano. En gran medida, se contagiaron mutuamente entre sí. Y eso fue sin generar efectos demasiado graves. No aparecieron problemáticas muy importantes. El problema de la pandemia sigue estando en los grupos de riesgo. Sobre todo en las personas de más edad y quienes tienen comorbilidades previas. 

Éric Cames, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
Escuelas. “En Francia se considera que la escuela es muy importante; entre otras cosas porque trabajan las madres y los padres. Si los niños no asisten, se corre el riesgo de que no estén cuidados”. (Foto: Marcelo Dubini)

—Si no se encuentran vacunas seguras ni medicamentos preventivos y terapéuticos que salven vidas, y las cuarentenas prolongadas resulten imposibles por todos los motivos enunciados previamente, ¿la inmunidad de rebaño será la única solución a lo largo del tiempo?

—Me parece que sí. Exactamente por lo que acabamos de hablar. En ausencia de una vacuna, en ausencia de tratamiento, en ausencia de la posibilidad de cuarentena prolongada por los efectos en nuestras vidas, nos veremos obligados a enfrentar esta epidemia. Esta es la elección hecha por muchos países. Es lo que puede observarse en los Estados Unidos. Un país que se vio obligado a enfrentar esta epidemia. Es algo que desafortunadamente se traduce en muchas muertes. Pero también se avanza hacia la inmunidad natural de manera mucho más rápida. Podrán volver a la vida normal, pero a costa de cientos de miles de muertes. Es un costo muy alto tener cientos de miles de muertos.

—¿Es correcto decir que si entre el 40% y el 50% del total de la población se hubiera infectado se lograría la inmunidad colectiva de toda la población? Si es así, dada la escasa gravedad del coronavirus en los jóvenes, ¿las reuniones de ese grupo etario son un sistema eficaz e incluso imprescindible?

—Actualmente se estima que el coronavirus debe afectar al 60% para llegar a ese estado, según los últimos estudios al respecto. Debe estimarse que se llegue a alrededor del 70% para arribar a una inmunidad colectiva probada de la que estemos seguros. Es algo que toma mucho tiempo o cuesta mucho. Por tanto, hay que ser muy cuidadosos en este sentido. Esperemos que la vacuna esté disponible muy rápidamente. Pero aún no hay certeza de que se haya encontrado una vacuna altamente saludable y que responda de manera estable al virus.

—Algunos estudios sostienen que tan solo el 20% de la población puede necesitar resistencia al virus para evitar que se propague una nueva epidemia. ¿Le resulta plausible llegar a ese número?

—Mi posición es que no creo que sea suficiente. Tal como dije antes, habría que apuntar al 60% o 70%. En la medida que exista un porcentaje más alto de la población que es inmune se ralentiza la circulación del virus. Eso sucede con seguridad. A mayor cantidad de población inmunizada es mucho más lenta la circulación del virus.

—El presidente del consejo de expertos, Jean-François Delfraissy, advirtió que esta ola podría ser “más fuerte que la primera” y que se está propagando por toda Europa. ¿Podrá Europa volver a la situación de marzo pasado?

—Es algo que aún está por verse. No me gusta especular sobre el número de muertos, ni sobre la resiliencia del sistema. Es clave la resiliencia del sistema de salud para evaluar qué puede pasar. Espero que tengamos la menor cantidad posible de casos. Creo que esta segunda ola será difícil, pero no comparto plenamente el pesimismo mostrado. Espero que esto no se produzca en la misma escala que la primera, que causó una gran cantidad de muertes. 

“En la medida en que exista más gente inmunizada, es más lenta la propagación del virus.”

—La primera ola del coronavirus pasó de Oriente, de China primero, hacia Europa y los Estados Unidos. ¿Por qué la segunda ola está más alojada en su continente que en el norte de América?

—La segunda ola está emergiendo en diferentes regiones de los Estados Unidos. Allí también va a haber una segunda ola. En todas partes donde no se puede hacer la prevención correctamente; esa es condición suficiente para que reaparezca el virus. En todos estos lugares tendremos una segunda ola. Y si no somos capaces de hacer una prevención adecuada, tendremos una tercera. Y así seguirá. Se trata de llegar a una respuesta colectiva hasta encontrar la solución que perdure hasta la inmunidad colectiva. 

—El Parlamento español votó el jueves a favor de mantener el estado de emergencia en el país hasta la finalización del invierno boreal, en mayo de 2021, a fin de frenar el resurgimiento del coronavirus. En Argentina el invierno comenzará en esa fecha. ¿La situación de emergencia en los países del hemisferio sur seguirá hasta septiembre de 2021?

—Sí, puede ser una situación que vaya a durar por mucho tiempo. Todo depende de si se cuenta con una vacuna contra el coronavirus. Si la vacuna resulta realmente eficaz, no durará mucho. Pero si no contásemos con una vacuna realmente efectiva, durará mucho tiempo. Si no, demandará todo el tiempo que sea necesario para obtener inmunidad colectiva, tal como venimos diciendo desde el principio. Y es un proceso largo. No sabemos si es algo que durará seis meses o tres años. Dependerá de la efectividad o no de la prevención. Al mismo tiempo es paradójico, porque si no se previene correctamente, se inmunizará rápidamente. Cuanto peor está usted en el lado preventivo, como en Brasil, por ejemplo, más rápido se da la inmunidad. 

—En Francia surgió la idea de utilizar como medicina contra el Covid la hidroxicloroquina, de la que usted fue crítico. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, insiste en que se curó con hidroxicloroquina. ¿Qué opina de ella?

—Efectivamente Jair Bolsonaro tomó hidroxicloriquina. Pero eso no quiere decir que fue la solución en su caso. Su experiencia no permite concluir que se cure esta enfermedad con esa droga. Para probar su eficacia médica se requiere de cientos, si no miles, de personas tratadas. Solo así estaremos en condiciones de juzgar lo eficaz que resulta. Hasta el momento, todos los estudios correctos y científicamente rigurosos demostraron que la hidroxicloriquina no funciona. Incluso los ensayos realizados en Brasil en la población general fueron interrumpidos. 

—Donald Trump dice haberse curado rápidamente gracias a la utilización de diferentes fármacos. ¿Cuál es su evaluación del tratamiento que recibió el actual presidente de los Estados Unidos?

—En realidad fue tratado con dos medicamentos para los cuales, de nuevo, en el estado actual de conocimiento no está claro si funcionan o no (N. de la R.: se refiere a la dexametasona y el remdesivir). Aún resta todo un período de estudio hasta aprobarlos definitivamente, hay bastantes estudios sobre el remdesivir. Resta saber si realmente funciona y cómo. Los efectos de esta droga en las diferentes etapas de la enfermedad no fueron evaluados correctamente. Porque existen varias etapas de la enfermedad. Existe un período precoz, luego una etapa tardía. Son diferentes etapas inmunológicas desde lo viral. Por lo tanto, un medicamento antiviral en la segunda etapa necesariamente no funciona. Esto es lo que sucedió con esta droga, que está siendo evaluada en las primeras etapas. Pero todavía está todo en un período de estudios. Aún no sabemos cómo terminará la investigación.

—Nuestro país tuvo la cuarentena más larga del mundo, ¿cuál es su evaluación de cómo se combatió al coronavirus en Argentina?

—Me es difícil juzgar lo que sucede en Argentina, un país al que me gustaría ir. Lamentablemente, la cuarentena es el método más eficaz, si hablamos de contención de la enfermedad. En la medida que la cuarentena está dirigida a más a personas, está claro que el aislamiento contribuye a que exista menos contacto entre los individuos. Es lo que hay que hacer en determinados casos. Pero una vez que se encuentra en un sistema de contención, inevitablemente el costo económico es alto y es una situación muy difícil de admitir para gran parte de la población.

—¿Un exceso en la aplicación de las cuarentenas puede generar más muertes futuras de las que hay ahora debidas a otros tipos de enfermedades generadas por una mayor crisis económica?

—Es el riesgo que corremos, especialmente con la cuarentena, que es una medida extrema, cuando se aplica a toda la población. Es el enorme riesgo que se corre al romper el funcionamiento económico. Por eso tenemos que ser muy buenos en la prevención, al igual que los países del sudeste asiático, que no tienen que sacrificar sus economías para controlar esta epidemia. En Occidente tuvimos que sacrificar nuestra economía para sobrevivir. En Japón hubo más muertes por suicidio en agosto que muertes por coronavirus. Hay que prestar particular atención a las consecuencias psicológicas, sociales y económicas. Claramente, lo que no se debe hacer es lo que hicimos nosotros. No somos el ejemplo a seguir, a diferencia de los países asiáticos. En el invierno, debemos ser particularmente cuidadosos, usar el barbijo aun en los ambientes cerrados.