viernes 17 de septiembre de 2021
PERIODISMO PURO Entrevista al ministro de Obras Públicas
31-10-2020 22:10

Gabriel Katopodis: "La etapa actual se llama Alberto"

Acompañó a las dos oposiciones más fuertes al kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires: el primer Frente Renovador de Sergio Massa y la candidatura de Florencio Randazzo. En ambas experiencias, junto a Alberto Fernández. Ex intendente de San Martín, hoy defiende a Cristina e insiste en decir que la situación actual sería mucho peor con Macri.

31-10-2020 22:10

—La coalición de gobierno pretende ser un sincretismo. Casi un año después: ¿cómo explicarías tal amalgama y cuáles son sus peligros en la acción de gobierno?

—La mayoría de los dirigentes del peronismo y de distintas fuerzas progresistas entendimos que había que recorrer un camino más plural, más diverso. Sumar las voces y opiniones de todos para construir algo más grande para ganar las elecciones, que fue lo que ocurrió en octubre. Y esencialmente algo más grande para gobernar la Argentina. Fue Cristina Kirchner quien innovó y generó una jugada que no estaba en el escenario de nadie. Sorprendió. Y después fue Alberto Fernández el que instrumentó esa jugada y quien tuvo la tarea de articular esa pluralidad. Para el peronismo no es una debilidad: es un activo, es una fortaleza. Es lo que premió la gente en octubre pasado. Y sigue premiando, día a día, la posibilidad de que el Frente de Todos hayan podido construir sobre una base más amplia, sobre un círculo mucho más diverso y con distintas miradas. Esa propuesta era urgente. La urgencia estuvo dada por los cuatro años de Mauricio Macri. Lo que explica al Frente de Todos, la construcción y nuestra vocación estuvo dado en que pasó Macri por la Argentina. Eso nos marcó una gran responsabilidad. Cada vez que nosotros tuvimos diferencias, cada vez que pusimos posiciones personales, ideológicas, perdió la Argentina y perdieron los argentinos. Una enseñanza que aprendieron Cristina, Alberto, Sergio Massa, todos. Así fuimos convocados a esa coalición, a ese gran frente.

—Hablando de Macri: ¿qué pasó el día que se inauguró el Metrobus en San Martín, que mostraste un indisimulado disgusto, y cuál es tu balance final de Macri?

—Esa noche me crucé con un vecino de San Martín que me dijo: “Lo grité como un gol de Argentina”. Expresaba el dolor, la bronca, la sensación de que nos llevaban a un rumbo sin destino. Y fue la expresión de muchísimos vecinos y vecinas de San Martín. Sentíamos que nos querían mostrar con una ficción, con un spot de 15 segundos, con una foto, con una imagen, lo que había pasado durante cuatro años en el partido con las pymes, con los clubes de barrio, con los jubilados. Lo hice como intendente y como ciudadano. En aquel momento percibía que había publicidades y anuncios que no tenían un correlato con la realidad. Hablaban de barrios urbanizados, de obras en mi ciudad que no existían. En mi caso fue una respuesta, marcar claramente un disgusto.

—La coalición precedente fue una colección que sumó al PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Hoy también tenemos una coalición tripartita que suma al kirchnerismo, el peronismo tradicional y el Frente Renovador. Por primera vez hay bicoalicionismo en la Argentina. ¿Es una realidad que viene para quedarse? 

—Me parece que es parte de un clima de época, de la crisis de los partidos y de las estructuras que marcaron la historia del sistema político en la Argentina. Se percibe alguna incapacidad desde esas estructuras fuertemente ideológicas, movimentistas, con núcleos muy fuertes y alguna limitación al momento de poder gobernar el país y mejorar los niveles y la calidad de vida de la Argentina. Entre la coalición que gobernó la Argentina en los últimos cuatro años y esta coalición, me parece que la gente entendió que no era por ahí, que no era por ese rumbo. Los argentinos entendieron que ese experimento salió mal. Salió mal porque agravaron los problemas que tenían que resolver. Nos trajeron nuevos problemas que el país no tenía, como por ejemplo el brutal endeudamiento.

“El peronismo nunca gobernó en coaliciones, aunque sí tiene vocación frentista.”

—Está claro que hay dos representaciones y las dos necesitaron hacer una coalición. Un partido político ya no alcanza para ganar una elección ni para gobernar. Pero hay tres estadios: alianza o coalición electoral, alianza o coalición de gobierno y alianza o coalición permanente que cuando se pierden las elecciones se mantiene. Mantenerse unidos luego de una derrota hablaría de una coalición perenne. Las coaliciones demostraron capacidad de funcionar electoralmente pero está en discusión su capacidad de funcionar como coalición de gobierno. En el Frente de Todos se percibe desde afuera del gobierno ruido, una dificultad de amalgamarse. Contanos tu experiencia desde dentro del Gobierno y habiendo venido de sectores del peronismo que fueron críticos del kirchnerismo.

—Como todo proceso incipiente, de apenas algo más que un año, deberemos ir revisando y mejorando todos los días. Es un proceso de permanente enriquecimiento. Este proceso de la coalición actual de gobierno tiene fortalezas y activos frente a los desafíos propios. Hay actores sociales que le dan un carácter y operan como base de sustentación. Son las organizaciones gremiales, los gobernadores e intendentes, las organizaciones sociales. Y fundamentalmente hay un entramado de actores propios del peronismo que le dan una amarra más fuerte a este tipo de construcciones. La segunda característica es la propia presencia del peronismo. El peronismo nunca gobernó en coaliciones, aunque sí tiene vocación frentista. Su estructura, su bagaje ideológico y su concepción le dan una potencia ordenadora. Tiene el desafío de articular bien las partes. El gran desafío es que sea más atractivo y tenga mayor capacidad de hacer efectivas sus decisiones que la sumatoria de las partes. Es un recorrido que tenemos que aprender, viniendo de una tradición de fuertes personalismos. El sistema político está marcado por liderazgos fuertes. La construcción de la coalición va de la mano de la consolidación del liderazgo de Alberto. La etapa actual, la etapa de un Estado presente, la etapa de la política al frente de las decisiones, se llama Alberto. Lo decidió Cristina primero y después lo decidió una gran mayoría de argentinos. Ese liderazgo, que se va retroalimentando y consolidando, también es una marca fuerte en el marco de las tradiciones políticas de la Argentina.

“Los desilusionados son los que esperaban un Alberto Fernández vacío de contenidos o tibio en decisiones.”

—El peronismo siendo frentista tenía asociados pero era el primus inter pares. Ahora conforma una coalición donde las fuerzas mantienen cierto grado de importancia. ¿Esta coalición podrá enfrentar una derrota o el tradicional carácter personalista reaparecerá ante las diferentes vicisitudes?

—Es un proceso que se va gestando, que se alimenta de prácticas, de rutinas; también de aciertos y de errores. Cuando uno mira otros procesos políticos, no encuentra uniformidad en todas las coaliciones y mucho menos permanentes resultados electorales de respaldo. El caso de Uruguay, el que tenemos más cerca, puede ser un ejemplo. Aunque hay otros procesos en los que existe el desafío al mismo tiempo de ganar en gobernanza, capacidad de hacer efectivas decisiones, de resolver y gestionar una agenda. También es un desafío construir los arreglos institucionales que permitan que esa herramienta política no solamente sea potente electoralmente, sino que además retroalimente el mandato entre los representantes y los representados. El contrato electoral tiene que darles legitimidad a las coaliciones. En la Argentina las coaliciones vinieron para quedarse. También hay un contexto de fuerte polarización, de disputa, de disenso y tal vez de grieta, como llamamos hoy a esta tensión que se produce cotidianamente. Una parte muy importante del electorado está representado por dos posiciones que se expresan en coalición.

Gabriel Katopodis, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
"Articular en el peronismo no es una debilidad, sino una fortaleza. Hay actores sociales que son base de sustentación de la coalición. Alberto es el mejor preparado para enfrentar esta crisis”. (Foto: Juan Obregón)

—Los miembros de la coalición precedente reconocen que no pudieron ser una coalición de gobierno pero sostienen que están mejorando al mantenerse unidos después una derrota. ¿Es posible que la crisis económica que produce la pandemia enfrente al peronismo a perder las elecciones legislativas del año próximo? En el caso de Bolivia, el candidato del mismo partido saca 10 puntos más de diferencia en las elecciones de este año que el año anterior, algo en gran medida achacable a la crisis económica que produce la pandemia. En Chile y Perú también los oficialismos acumulan derrotas electorales.

—Álvaro García Linera dice que hay un retroceso del neoliberalismo, debido a su incapacidad de entender este momento y esta realidad en la región, y que la pregunta es de qué manera fuerzas de una orientación ideológica antepuesta al neoliberalismo están en capacidad de ocupar ese terreno.

“La construcción de la coalición va de la mano de la consolidación del liderazgo de Alberto.”

—¿El triunfo del MAS en Bolivia, el de la reforma de la Constitución en Chile, el posible triunfo de la oposición en Perú, no son contrarios a los oficialismos por la crisis económica de la pandemia sino a sus gobiernos neoliberales? ¿Y sus derrotas significan que se vuelve a una patria grande, a un socialismo, en Latinoamérica?

—Como dice Álvaro García Linera, aún los adoradores del mercado se refugian hoy en el Estado. El Estado es la instancia que puede construir un sistema de protección social en crisis como esta. Está claro que el neoliberalismo, y en la Argentina el macrismo, no tienen ideas que sirvan para este tiempo. No tienen propuestas, no tienen mucho para aportarle a este momento en el que la mayoría de los argentinos se aferran al Estado, más allá de a quienes hayan votado. Hablar del Estado es aludir a los derechos, al cuidado, a la idea de objetivos compartidos, a un Estado como instancia comunitaria, como instancia de pensarse colectivamente, trascender la idea del “sálvese quien pueda”. Es importante pensar qué hubiera pasado en la Argentina si hubiera estado gobernada por Mauricio Macri. Qué hubiese pasado si hubiera una ideología que no tuviera en el Estado presente un eje ordenador. En la Argentina, el macrismo no hubiese construido hospitales y no hubiese propuesto una ayuda económica para 9 millones de argentinos. No hubiera puesto en marcha un plan contra el hambre. No hay duda de que están en crisis la forma, la estética, el lenguaje y los instrumentos con los que el neoliberalismo se propuso gobernar este mundo. Patinan en un piso enjabonado. No tienen capacidad de ofrecer algo alternativo y superador.

—En Brasil gobierna lo que podríamos llamar el neoliberalismo, hay elecciones municipales en pocas semanas y Jair Bolsonaro mejora en las encuestas con un Chicago boy al frente del Ministerio de Hacienda, Paulo Guedes. Aun así, con la Bolsa Familia, repartió 68 millones de IFES de 600 reales, que serían más o menos 120 dólares, unos $ 15 mil, por mes. El neoliberalismo en Brasil parece ser más eficiente que el liberalismo en la Argentina. ¿Será un problema de ideología o de capacidad? 

—Hay que pensar cuáles fueron las prioridades, de qué manera el gobierno en Brasil decidió proteger a su ciudadanía. Pese a que no conozco en detalle su proceso, me queda claro que hay un modelo, una construcción de ideas, de instrumentos, de programas con base en el neoliberalismo que le aporta poco a la región. Bolivia es una expresión de eso. En Argentina esa discusión se pondrá en disputa en las próximas elecciones. Cómo se gobernó la Argentina los últimos cuatro años y cómo se gobierna ahora. No tengo ninguna duda de que hay una valoración muy fuerte de la ciudadanía sobre el esfuerzo que viene haciendo el Estado. La decisión temprana del Presidente, las prioridades con las que se actuó. Tiene que ver con el cuidado de la salud, pero también tiene que ver con el cuidado de las decisiones y de las prioridades.

“Está claro que el macrismo no tiene ideas para un momento como este, no hubiese construido hospitales ni hubiese propuesto una ayuda económica para 9 millones.”

—Una cosa son las ideologías, y luego está la capacidad de gestión. Evo Morales era un presidente progresista y Bolivia es un ejemplo de orden fiscal. Venezuela, con una línea ideológica similar, produjo un desorden fiscal absoluto. Jair Bolsonaro y Mauricio Macri comparten la misma ideología; sin embargo, uno tiene la economía organizada y el otro no. ¿Se fracasa por ideología o por ineficacia? ¿El 41% de su resultado electoral demuestra que hay una cantidad importante de argentinos que piensa que fracasó Mauricio Macri pero no esas ideas?

—En la Argentina hay posiciones ideológicas y concepciones diversas, más allá de los nombres propios y de las propuestas en cada coyuntura. Hay cuestiones que van más allá de la derecha y de la izquierda. El buen gobierno, la buena administración, deben fijar correctamente las prioridades, actuar con integridad y con transparencia. Esos no son valores ni patrimonio de ninguna ideología. Es lo que valora la gente. En el caso de un intendente, la gente elige todos los días. Todos los días tenemos elecciones. En ese que es el primer mostrador: allí se ve si los estamos cuidando o si los postergamos y no conectamos con las preocupaciones y los intereses cotidianos de esos vecinos. 

—¿El Gobierno funciona bien en cuanto a gestión?

—Actúa en la crisis más profunda en la historia de la Argentina y de toda la humanidad. Cuando lo analizamos en clave de gestión, no debemos dejar de incorporar esa referencia. Que recibimos un país defaulteado, endeudado, quebrado. A noventa días, nos atacó la pandemia. En ese marco, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, convocó a todos los sectores políticos y tomó decisiones muy tempranas para proteger a los argentinos y no dejarlos a la intemperie. Eso es gobernar. Tomamos decisiones de emergencia en un momento de emergencia. Este es un año de pandemia. Seguramente vamos a transitar unos cuantos meses para poder encontrar y recuperar nuestra propia agenda de gestión. No cambiaron los objetivos, pero la pandemia cambió los tiempos. Hoy todo el esfuerzo está puesto en garantizar que llegue la vacuna y vacunar al conjunto de los argentinos. Y una vez que lo hagamos, estaremos en condiciones de proponer un horizonte mucho más claro, previsible y sostenido en cuanto a la gestión y a las decisiones. Es un gobierno que en tiempo récord logró instrumentar una ayuda social y económica para 9 millones de argentinos. En tiempo récord construyó hospitales. En tiempo récord dialogó con todos los sectores políticos. Se establecieron rutinas de convivencia que no se hubiesen visto en un gobierno conducido por Macri. Es un momento muy delicado, vamos a tener que cargarnos de paciencia. Debemos evitar la ansiedad de buscar de un solo golpe y con una sola jugada sacar la Argentina adelante y ponerla de pie. En pandemia veremos cómo vamos a poner en marcha la obra pública, cómo recuperaremos los niveles de actividad económica, no solamente cómo sacaremos a la Argentina del default, sino cómo ganaremos en previsibilidad y en reglas de juego para que el sector privado y el conjunto de los actores económicos también vayan engranando y sean parte de este esfuerzo general.

“En las próximas elecciones se valorará mucho el esfuerzo que está haciendo el Estado.”

—Derrumbe es la palabra que utilizó Cristina Kirchner en su carta el día del aniversario de la muerte de Néstor Kirchner. ¿Se compara el derrumbe que encontró precisamente Néstor Kirchner con el que encontró Alberto Fernández y la capacidad de gestión de aquel gobierno con la actual?

—Hay características comunes a los dos momentos. Por un lado, el deterioro y el descreimiento de buena parte de la sociedad en la política en general y la necesidad de que sea la política la que vuelva a seducir, vuelva a entusiasmar. Es lo que me pasó a mí en aquel momento. Y vuelve a pasar después de cuatro años de macrismo en la Argentina: ahora está la posibilidad de que la política esté al frente de las decisiones. En aquella oportunidad y ahora también nos encontramos con un Estado de brazos cortos, claramente desmantelado. Nos hubiese encantado enfrentar esta pandemia con un Estado fuerte, con recursos, programas e instrumentos que nos permitiesen poder proteger mucho más rápido a la gente. Lo tuvimos que hacer en el medio de la pandemia. Es algo que se repite, a la luz de lo que produjo Néstor Kirchner y del desafío que tiene Alberto Fernández. El peronismo siempre transforma en clave de desborde, de correr los márgenes, de cambiar de alguna manera las reglas de juego. Néstor tuvo que ser transgresor. Alberto tiene esa concepción y entiende que no va a ser ni con las mismas reglas, ni con los mismos modales, ni con el mismo tono, que en muchos ciclos de la política demostraron incapacidad para resolver los problemas de la gente. Me parece que también hay, en el caso de Alberto, una fuerte apelación a transgredir y a generar. Cuando me planteó qué hacemos con la pandemia en términos de obra pública y de hospitales, me obligó a generar algo que no estaba. El ministerio no estaba preparado para construir 12 hospitales en treinta días. Y ahora vamos en camino a construir dispositivos que permitan acompañar también la posibilidad de que mucha gente se traslade a localidades turísticas. Alberto nos convoca continuamente a ser creativos e ingeniosos.

Gabriel Katopodis, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
“La agenda de la provincia es nacional, define en gran medida las posibilidades de que la Argentina se ponga de pie o fracase”. (Foto: Juan Obregón)

—¿Una de las esencias del peronismo es la transgresión?

—Sí, con el desborde. El 17 de octubre fue una invención. Fue una invención en función de algo que estaba en disputa. Lo que se discutía era la forma de vivir de ese pueblo, la posibilidad de ser felices. Las personas se aferraron a esa convocatoria y a un mensaje muy fuerte de Juan Perón en el balcón. El peronismo tiene vocación no por repetir, sino por inventar.

“Cada vez que nuestro sector tuvo diferencias, perdieron la Argentina y los argentinos.”

—Lo que definís como transgresión en las escuelas de gestión podría recibir el nombre de innovación. Pensar fuera de la caja. Juan Perón pensó fuera de la caja. Carlos Menem y Néstor Kirchner, con sus diferencias, también lo hicieron. Más allá de los modales en los que hiciste hincapié, definiste a Alberto Fernández como un transgresor. ¿Alberto Fernández pensará fuera de la caja? 

—Alberto es el dirigente mejor preparado para enfrentar esta crisis. El que tiene mayor capacidad de diálogo para construir los acuerdos que se necesitan. Noto que hay muchos sectores de la sociedad que están desilusionados, que esperaban otro Alberto Fernández, vacío de contenidos o tibio en las decisiones. Está más firme que nunca. Está claro en las prioridades. Es empático en algunas formas, pero muy firme en el fondo. Desde el primer día, decidió no correrse un centímetro de los compromisos que asumió. Todo lo contrario de la caricatura que muchos hacen de él. Algunos sectores seguramente estaban expectantes de encontrar un presidente más tibio, con una actitud mucho más blanda. El que conoce a Alberto y lo trata sabe que es un tipo muy firme y claro.

—En la carta de Cristina Kirchner que mencionamos recién, ella decía textualmente que la criticaban porque era confrontativa, porque no dialogaba, no hablaba con los periodistas, ni respondía preguntas, y que eligió a Alberto Fernández porque era una persona que tenía las formas que le reclamaba la oposición a ella y que a Alberto Fernández, que tiene diferentes modales, lo critican igual. Agregó que Máximo le dijo: “¿Y vos que creías? ¿Que lo de las AFJP, las retenciones, YPF, paritarias libres y juicios de lesa humanidad era gratis?”. ¿Se le critican a Alberto Fernández determinadas medidas que están a la izquierda de lo que se esperaba? 

—Muchos esperaban otra posición en las decisiones.

“No hay uniformidad en todas las coaliciones, ni tampoco triunfos que sean permanentes.”

—¿Cómo sería esa posición? 

—Seguramente de mayor resignación en algunos temas. No tengo dudas de que lo que les molesta es que Alberto no se haya apartado un solo centímetro de posturas muy claras en la defensa de determinados intereses. Lo vemos en estas horas con una presión cambiaria que no es neutral. Cuando uno repasa qué pasó en la Argentina cada vez que se produjo una devaluación, hay un efecto riqueza para algunos y un resultado de empobrecimiento para buena mayoría de los argentinos. El Presidente y el ministro de Economía, Martín Guzmán, tienen muy claras las prioridades que se tomaron en pandemia. Es muy claro su compromiso a la hora de llevar adelante muchas de las promesas de campaña. La demostración es la renegociación de la deuda.

—¿Esperaban un presidente más de centro, que modificara menos el statu quo que se heredó del gobierno anterior? 

—Esperaban uno más dócil frente a los intereses de determinados sectores. Cada vez que tomamos alguna definición política nos presentan como quienes estamos alimentando la grieta. Pero no: no vamos a dejar de hacer política y no dejaremos de gobernar este país. Lo vamos a hacer en función de los intereses de nuestra concepción y acción política, pero también en base a un contrato electoral. Ese contrato electoral fue muy claro. Porque lo que hizo el macrismo durante cuatro años fue generar angustia y preocupación, gobernar la Argentina de espaldas a los argentinos. Alberto Fernández vino a recorrer y a construir otra forma de administrar y de fijar las prioridades. Lo que le cuestionan es esa decisión, es esa decisión de mantener un rumbo y de defender determinados intereses.

“En el peronismo, las promesas no son sacrificiales. Y no tiene vocación por repetir, sino por inventar.”

—En 2017 acompañaste a Florencio Randazzo. Antes fuiste fundador del Frente Renovador con Sergio Massa. En ambos episodios históricos estaba Alberto Fernández. ¿Cómo los compararías entre sí a ellos tres y con Cristina Kirchner?

—Son emergentes del peronismo. De esa cantera de dirigentes que el peronismo sabe proyectar con características diferentes, pero con algo en común vinculado a la honestidad, la honestidad intelectual.

—¿Son más parecidos Randazzo, Massa y Alberto Fernández entre sí que respecto a Cristina Kirchner? 

—Son diferentes; pero en los cuatro hay una clara voluntad y una profunda decisión de liderar desde el peronismo las agendas de transformación en cada caso y en cada responsabilidad que tuvo cada uno. Le tocó a Alberto Fernández con Néstor y le toca ahora nuevamente. Le tocó a Sergio Massa en Tigre y construyendo el Frente Renovador, entendiendo que había una agenda para interpretar y para representar. Y también le tocó a Florencio Randazzo cuando tuvo responsabilidades de gestión en la Provincia con Felipe Solá, acompañando a Néstor y a Cristina, y también expresando de alguna manera ese emergente. Todos representan esta cosa diversa, plural, diferente y potente que tiene el peronismo de generar cuadros de gestión y cuadros políticos.

Gabriel Katopodis, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
“La pandemia cambió los tiempos pero no cambiaron los objetivos. El contrato electoral tiene que darles legitimidad a las coaliciones. Hay cuestiones que van más allá de la derecha y de la izquierda”. (Foto: Juan Obregón)

—¿Hay un peronismo distinto en el interior? Tu predecesor, Rogelio Frigerio, tenía Obras Públicas y el Ministerio de Interior a su cargo, además de Vivienda, porque se suponía que entregar obras públicas era una forma de establecer vínculos con los gobernadores. Intuyo que el ministerio tiene un carácter político. ¿Qué influencia política tiene la obra pública en la relación con los gobernadores?

—Los gobernadores son actores fundamentales en la agenda y en el punto de priorizar la obra pública. Lo que decía el gobierno anterior tenía una gran distancia con lo que ocurría y con lo que se concretaba. Lo que anunciaba era muy distinto de lo que me contó cada gobernador cada vez que vino al ministerio. Nuestra principal responsabilidad es construir una agenda que se haga efectiva provincia por provincia. Estamos trabajando con los 24 gobernadores. Cualquier intendente de la oposición sabe perfectamente cómo gestionamos y administramos la obra pública hoy en la Argentina. Estamos llegando a los 2.300 municipios. No le preguntamos a ninguna localidad a quién votaron ni consultamos de qué espacio político es cada intendente al momento de definir esa agenda. La obra pública tiene dos retos muy claros. Uno, achicar la brecha, poder generar una distribución de infraestructura social y productiva en todo el país, poder reducir la inequidad y generar una economía y un país más competitivo. Y lo segundo es generar empleo.

“Florencio Randazzo puede ser una figura de recambio para Alberto Fernández.” 

—Priorizar aquella que incluya mano de obra productiva. 

—Ver cuánta mano de obra, cuántos puestos de trabajo en cada localidad está en condiciones de generar cada proyecto. Estamos diseñando y llevando adelante más de 700 proyectos con una herramienta muy potente de transparencia, con un mapa interactivo de inversiones para que cualquier ciudadano de a pie pueda conocer cómo se utilizan los fondos, cuál es la ejecución física y presupuestaria de cada proyecto. Se puede hacer observaciones, denuncias y las consideraciones del caso. Es la forma de dar cuenta de la gestión. Nos manejamos con transparencia y equidad en cada territorio.

—¿Y son distintos en la relación los gobernadores peronistas de los gobernadores de Juntos por el Cambio? 

—Hay una camada de gobernadores que gestionan sus provincias con mucha seriedad, responsabilidad, y con una legitimidad enorme en cada territorio. Son parte del peronismo que viene, son parte ya de una realidad del peronismo federal. Alberto los considera como base, como pilar de esta etapa. Son hombres de consulta para el Presidente. Son hombres pragmáticos. La mayoría gobernó primero ciudades. Fueron intendentes antes que gobernadores. Ese recorrido les dio un saber hacer, les ha dado un recorrido. Así, pudieron administrar sus provincias en momentos muy delicados de la Argentina.

“Detrás de cada devaluación hay un efecto de empobrecimiento de muchos argentinos.”

—Lo que sucede en otras provincias no sucede en la de Buenos Aires. Los gobernadores de la provincia de Buenos Aires no fueron intendentes previamente. Cuando estabas en el Grupo Esmeralda, promovías una renovación en el peronismo bonaerense. En el Frente Renovador había unos 17 intendentes fundacionales. ¿Qué pasó con esa impronta de intendentes bonaerenses y la imposibilidad de que llegaran a gobernadores?

—Hoy el rol de los intendentes es mucho más desafiante que el que tenían tradicionalmente. Hace diez años eran intendentes que administraban las “3 B”: la bombita, la basura y el bache. Administraban el ABL. Ahora tienen a cargo agendas mucho más diversas y complejas. Son actores políticos de relevancia.

—Y en el Gran Buenos Aires se les duplicó y a veces triplicó la población. 

—Y los problemas. Y no siempre los recursos. Supieron hacer mucho con poco. En las primeras horas de la pandemia conversábamos con Alberto y mencionábamos la fortaleza de tener veinte o treinta intendentes, algunos de la oposición, al frente de este momento del área metropolitana y de la provincia de Buenos Aires. Significaba tener tipos con la experiencia que tienen Martín Insaurralde, Mariano Cascallares, Juan Zabaleta o Diego Valenzuela, o el mismo Néstor Grindetti. Hay sin duda un volumen político y de gestión no solo que les permite legitimarse en cada una de esas localidades, sino que además son una expresión sin duda de lo que la política y el peronismo vienen validando. La agenda de la Provincia es nacional. La discusión y los elementos que rodean a la agenda del gobernador tienen un conjunto de problemáticas vinculadas a la provincia de Buenos Aires, pero también están fuertemente articuladas con lo que pasa en la agenda nacional. Y entonces me parece que allí hay, por supuesto, siempre el desafío de los intendentes de poder proyectarse en esa agenda nacional para poder disputar también esos liderazgos a nivel provincia de Buenos Aires.

—¿Florencio Randazzo debería volver al Gobierno?

—Tengo una valoración enorme por Florencio, por su gestión, su capacidad política. Entiendo que estamos en otro tiempo y otra etapa.

—¿Sería molesto para Cristina Kirchner?

—No me parece que pase por ese punto. El Presidente eligió colaboradores en base a determinados criterios. La figura de Florencio, como de muchos dirigentes, siempre puede ser una figura de recambio. Hoy tenemos un gabinete que administró esta crisis con mucha responsabilidad y seriedad. Tenemos un presidente que va a liderar la agenda de transformación de la Argentina. Tenemos una vicepresidenta que es el símbolo del cariño y de la consideración de buena parte de los argentinos. Particularmente de los sectores más humildes. Están dadas las condiciones para que podamos garantizar desde la política y el Estado proteger a la gente. Ponerla al mayor resguardo frente a esta crisis e ir ordenando hacia adelante. La vida de los argentinos se fue desordenando en los cuatro años del macrismo. Les quitó lo que tenían. La pandemia terminó de desordenar. Nos toca a nosotros reordenar todo eso. Con el macrismo en este turno, la situación hubiese sido mucho más caótica y más dolorosa. En el peronismo, las promesas no son sacrificiales. No le ofrecemos a la sociedad sacrificar el presente para un futuro mejor. La promesa del peronismo siempre es realizable; siempre es hoy, siempre se tiene que expresar de manera concreta, tangible, atractiva y realizable.

—¿Por qué aquellos 17 intendentes que no pudieron consumar una renovación bonaerense? ¿Cómo será la política de la provincia de Buenos Aires en el futuro?

—En la provincia Buenos Aires ningún problema es fácil. No hay una agenda sencilla a encarar. Axel está llevando esa agenda con un gran liderazgo y con un muy potente diálogo transversal con los intendentes. Tenemos el desafío de poner a la Provincia de pie, que sea la locomotora de este país que se va poniendo en marcha. Es una tarea colectiva.

—¿Es ingobernable? 

—La Provincia define en gran medida las posibilidades de que la Argentina se ponga de pie o fracase. Es la provincia que en gran medida se ha puesto las crisis al hombro. Son los empresarios pymes, los productores del interior, son los comerciantes, los sectores populares de la provincia de Buenos Aires los que en esta crisis se pusieron la patria al hombro. Es muy importante que esa provincia se ponga en marcha, como lo está haciendo.

—¿Por qué los dos líderes bonaerenses expectables a nivel nacional, Randazzo y Massa, no quisieron ser candidatos a gobernador en la Provincia? 

—Los dos decidieron recorrer otro camino y optar por una proyección a nivel nacional. Hoy tenemos una responsabilidad enorme, desde Axel hasta los intendentes y el conjunto del gobierno nacional, de poner en marcha la provincia de Buenos Aires.

“Hay características comunes entre el derrumbe que encontró Néstor y el que recibió este gobierno.”

—¿Se puede gobernar con éxito la Provincia?

—Sí, absolutamente. Son gobernables San Martín, Lomas de Zamora, Avellaneda, Esteban Echeverría, Hurlingham; también lo son Tres de Febrero y Lanús, con liderazgos muy fuertes en el caso de los intendentes. A diferencia de otras etapas, hoy hay un gobierno nacional y un presidente comprometido con la agenda de la Provincia; una agencia de colaboración, de suma positiva. Un gobernador que sabe que necesita como base de sustentación el protagonismo de los intendentes se recuesta en ese entramado fuertemente legitimado en el territorio para que no hayan colapsado la provincia de Buenos Aires y el Conurbano. Muchos pronosticaban una situación mucho más dolorosa en la provincia de Buenos Aires, y no solamente no hubo saqueos en diciembre pasado, no solamente no colapsó el sistema de salud, sino que sin duda estamos en condiciones de poder garantizar que la provincia Buenos Aires sea un eslabón muy importante en la reconstrucción de la Argentina. El 2021 va a ser un año de reparación y de recuperación. Nos va a permitir a todos dejar atrás este 2020, que fue un año de mucho desconcierto, de mucho dolor y de mucha incertidumbre. Pero debemos ser conscientes de por qué va a ser posible ese proceso. Será porque hubo una decisión muy firme del presidente de la Nación y un gobierno muy claro en sus prioridades, y fundamentalmente una responsabilidad de buena parte de todos los argentinos de apostar a transitar este proceso con mucha responsabilidad, con mucha seriedad, con mucha solidaridad.