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lunes 8 julio, 2019

Sica: "Nunca tuvimos en la sociedad un modelo industrial para discutir con la clase política"

Los ministros protagonistas del acuerdo Mercosur-Unión Europea analizaron la capacidad de lobby del sector industrial y empresario en Brasil, en comparativa al caso argentino.

por Jorge Fontevecchia

Dante Sica, en la entrevista con Jorge Fontevecchia. Foto: Sergio Piemonte
lunes 8 julio, 2019

—Uno de los poderes reales de Brasil es el de la Federación de Industriales, la FIEJSP, algo distinto de la influencia que ejerce la UIA (Unión Industrial de Argentina). ¿Qué diferencias hubo en la negociación con Europa entre los lobbies de ambos países?

S: Se habla de la FIEJSP, que es solo la federación industrial de San Pablo, fijate el poder que tiene. Lo análogo a la UIA, en realidad, es la CNI, la Confederación Nacional de Industria. Pero la FIEJSP representa al núcleo industrial de Brasil, el ABC paulista (su conurbano), que hasta hace tres años tenía una fortaleza importante. En Brasil, la contribución (cuota de todas las empresas) a ese sector fue obligatoria, a diferencia de Argentina, donde lo obligatorio es hacer aportes sindicales. Cuando fue la reforma sindical, la FIEJSP resignó ese aporte. Ahora todas las asociaciones empresariales tienen que generar trabajo, empezar a brindar servicios para seguir generando financiamiento. Aun así, la FIEJSP siempre tuvo una fortísima capacidad de lobby y de presión sobre la política pública brasileña. En el primer gobierno de Lula, se discutía el análogo del impuesto al cheque argentino –de hecho, el nuestro se copió de Brasil–. Iba a votarse y había que juntar los apoyos para voltear su continuidad o seguir. La FIEJSP hizo un trabajo en todo Brasil y consiguió esos votos necesarios para que no continuara. Realmente tiene más fortaleza, presión y presencia que la de la Unión Industrial Argentina.

—¿Cómo fue el lobby de la UIA durante toda esta negociación?

S: Fue más sectorial. Dentro de nuestro entramado industrial hay sectores con mayor poder de presión, como por ejemplo el farmacéutico, o las automotrices, que ejercen más presión que los sectores metalúrgicos. Pero en todo el proceso hubo mucha dinámica de consultas con el sector industrial. Más que con la UIA, con las cámaras sectoriales.

F: La historia de nuestras asociaciones profesionales es diferente a la de Brasil. Las brasileñas, en las décadas del 50 y el 60 tomaron una actitud más proactiva en las políticas públicas que las argentinas. En los 80, cuando aparecen los capitanes de la industria, empezó a haber mayor interacción entre lo público y el sector privado. Allí empezó a discutir el sector hacia dónde llevábamos el modelo de crecimiento y producción. Pero aún hay una gimnasia a desarrollar. Como bien dijo Dante, el lobby genuino de los sectores productivos brasileños sobre el Congreso es mucho más dinámico. En Brasil, además, los movimientos sociales y religiosos tienen una presencia en las bancadas, que aquí aún no se ha extendido tanto.

S: Cuando participamos en las negociaciones de la última etapa, la semana pasada, en el momento de cerrar surgió una restricción. Allí Tereza Cristina, la ministra de Agricultura, dijo que no tenía mucho margen para tomar algunas decisiones porque debía dar respuestas a una bancada de 240 diputados ruralistas. Además, el sector industrial se involucra en la política pública. Paulo Skaf, que fue presidente durante mucho tiempo de la FIEJSP, se postuló a cargos legislativos y ejecutivos, quiso ser gobernador de San Pablo... Hay mayor involucramiento. Tenés reconocidos diputados que vienen del sector industrial y del ruralista. En la Argentina, las cámaras empresariales tuvieron una actitud de ver el partido desde afuera. Es algo que solemos decir en las reuniones que tenemos: hacer más críticas propias de comentaristas que de protagonistas. Como si estuvieran hablando de fútbol y criticaran cómo le pegó tal o cual jugador a la pelota, no intentando hacer los goles. Hubo diputados empresarios, pero fueron convocados desde la política, no por parte de las cámaras. Eduardo Duhalde promovió que industriales se sumaran a la política. Así llegaron Osvaldo Rial o Juan Ignacio de Mendiguren, el único que realmente es un representante de su sector desde ese punto de vista. Esto es distinto de los sindicalistas, que sí pugnaron por tener mucha más participación en las listas. Les fue mejor o peor, pero tuvieron un involucramiento.

“Cristina Kirchner quiso hacer un acuerdo con Europa, pero tuvieron incapacidad técnica y política.” (F)

—Que la metáfora “capitanes de la industria” de los 80 no se haya usado más ¿también puede tener que ver con que en Brasil la dictadura fue exitosa económicamente, mientras que en Argentina, además de todos sus otros desastres, también fracasó en lo económico?

F: En Brasil hubo un desarrollismo efectivo.

S: Que no existió en Argentina. En Argentina faltó orientación en el modelo. En Argentina hubo una contradicción: un gobierno militar con una economía liberal. Se quedaron a mitad de camino. En cambio, los militares de Brasil fueron desarrollistas. A eso se suma la incapacidad manifiesta del sector empresarial de asumir un compromiso efectivo respecto del modelo de país deseado. No se logró que los grandes empresarios nacionales tuvieran una mirada de modelo. En la UIA hubo una contradicción histórica entre dos grandes líneas, una más aperturista, que buscaba el acceso a mercados internacionales, volcada por sectores más competitivos; y, por otro lado, la corriente industrialista, con la idea de una economía más cerrada, volcada al mercado interno. Esto se vio incluso en sus presidencias: dos años una corriente, y luego la otra. Así nunca tuvimos en la sociedad un modelo industrial para discutir con la clase política. Sí hubo actitudes de lobby o presión sobre sectores políticos, que iban también para un lado o para otro.

Jorge Faurie y Dante Sica, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
SICA: “Si los kirchneristas fueran inteligentes, deberían firmar y llevar adelante el acuerdo en el caso de que lleguen al poder”. (Foto Sergio Piemonte)

—¿En Brasil hay un solo modelo de la clase empresarial, mientras que en la Argentina no llegamos a una síntesis entre dos modelos?

—Podría caricaturizarse así: en los 90 el empresariado brasileño le impuso un impeachment a Fernando Collor de Melo porque quería abrir la economía. En los 2000, le hizo un impeachment a Dilma Rousseff porque quería cerrarla. En los noventa perduraba una mirada muy industrialista con una mirada muy nacional. El desarrollo de la frontera agropecuaria, los agronegocios cambiaron esa cultura. El crecimiento de la plataforma industrial también nos hizo ver que el mercado interno quedaba chico; así apareció un modelo mucho más aperturista, más integrado al mundo. Brasil fue más dinámico, a partir de la visión de grandes empresarios, con una mirada sobre el país que quieren, una discusión que argentina aún no saldó.

F: Una discusión que Brasil la tiene en forma distinta de la nuestra y que debía de haber quedado zanjada 20 o 30 años atrás. El mundo ha cambiado terriblemente mientras nosotros discutimos el tipo de modelo. Por eso, el acuerdo con la Unión Europea es un principio ordenador. Nos dice que dejemos de lado ciertas discusiones, para empezar a hacer tareas para cumplirlo.

S: Es la gran oportunidad de encauzar, por el lado del Gobierno, ciertas políticas públicas: la salida, la integración. Pero también le dice al sector privado: “Muchachos, el reloj está corriendo y todos tenemos que entrar a ese gran portón que se nos abre”.

La entrevista completa, acá: "Si hubiéramos entrado al ALCA, Vaca Muerta ya sería una realidad"


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