Como si se tratase de una remake del conflicto de 2005, cuando piqueteros bloquearon estaciones de servicio por el aumento de precios, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, criticó en París - donde se desarrolló la Conferencia Mundial de Acceso a la Energía Nuclear - a las petroleras Shell y Petrobrás porque presuntamente "retacean la refinación de petróleo para desabastecer al mercado y obligar a YPF a subir sus precios", según informó hoy el diario La Nación.
De Vido sugirió que ambas compañías provocaron "una campaña mediática tendiente a crear incertidumbre entre los usuarios, que ante la alerta de faltantes acuden masivamente a las estaciones de servicio y se ocasionan mayores complicaciones". El martes, la noticia sobre el desabastecimiento en las estaciones de servicio copó la agenda después de que YPF , controlada por Repsol y el Grupo Eskenazi, anunciara que importaría nafta súper por primera vez en treinta años para controlar el faltante.
En este contexto, señaló que las empresas dicidieron refinar menos y alentaron un "escenario de desabastecimiento". Fue más allá al decir que están "cartelizadas" y tienen un actitud "irresponsable" y lanzó una advertencia: "Por eso el Estado va a intervenir para que estas refinadoras utilicen sus instalaciones a máxima capacidad".
Desde Shell, la respuesta de su presidente Juan José Aranguren, no tardó en escucharse: "Desmentimos terminantemente que participemos de una conducta cartelizante". En su embestida, el Gobierno a través del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, ordenó a los inspectores que en el interior verifican el funcionamiento de los feedlots que volvieran a Capital para visitar estaciones con la intención de corroborar el nivel de ventas y de stock en los tanques.
Por su parte, Tomás Hess, a cargo de Asuntos Públicos de Esso, resaltó que la compañía duplicó en los últimos cinco años la venta de las naftas súper y premium: "Las refinerías han tenido que acompañar ese incremento en la demanda más sofisticada aumentando la producción".
Conflicto con historia. En marzo de 2005, apenas cinco años atrás, el entonces presidente Néstor Kirchner llamaba a un boicot nacional contra Shell por el aumento de naftas: "A Shell, los argentinos no le tienen que comprar. No le compremos ni una lata de aceite", pedía. "Algunos dicen: 'Esas palabras en boca de un Presidente'. Sí, porque mi deber es defender al pueblo argentino".
En ese momento, apoyado por Luis D´Elía, los piqueteros bloquearon las estaciones de la empresa bajo la justificación de que "en este país las petroleras han dado golpes de Estado, han puesto dictaduras, han creado hiperinflaciones. Los combustibles están en la base de todo cálculo de costo de la economía. Si uno dispara el precio de los combustibles, dispara el precio del pan, de la carne, del boleto. Nosotros lo vimos con mucha preocupación, por eso salimos".
En 2007, por infracciones el Ejecutivo aplicó la Ley de Abastecimiento y sancionó con multas millonarias a Shell y Petrobrás. En esos meses, como respuesta, el titular de la primera confiaba: "No temo ir a prisión".