POLITICA
MERCADO INMOBILIARIO

El departamento de Manuel Adorni en Parque Chacabuco: características, venta y vida cotidiana en Asamblea 1132

La propiedad, que hoy forma parte clave del patrimonio del vocero presidencial, refleja una etapa de vida cotidiana marcada por la convivencia vecinal y el uso de los espacios públicos de la zona.

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su esposa, Julieta Bettina Angeletti
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su esposa, Julieta Bettina Angeletti | Damián Dopacio - NA

El departamento ubicado sobre la avenida Asamblea 1132, frente al histórico Parque Chacabuco, se convirtió en uno de los inmuebles más mencionados en los últimos meses alrededor de la figura del vocero presidencial Manuel Adorni. No solo por su valor inmobiliario y las operaciones financieras vinculadas, sino también por el contexto cotidiano que rodeó su vida familiar en ese edificio.

La propiedad, adquirida en febrero de 2014 junto a su esposa Bettina Angeletti, fue durante años la residencia familiar antes de su mudanza posterior a otro en el barrio de Caballito. Se trata de un departamento de dimensiones superiores al promedio del edificio, con características que lo ubican entre las unidades más valiosas de esa torre frente al parque.

Según los datos surgidos de avisos inmobiliarios y tasaciones, la unidad cuenta con una superficie cubierta cercana a los 140 metros cuadrados y un total aproximado de 200 metros cuadrados, incluyendo una terraza propia y un quincho cerrado. La distribución responde a un esquema clásico de viviendas familiares: tres dormitorios, dependencia de servicio, living-comedor amplio, cocina independiente y espacios exteriores que miran directamente hacia el pulmón verde del barrio.

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El edificio, de construcción tradicional y varias décadas de antigüedad, mantiene características típicas de las torres residenciales de los años sesenta, con servicios comunes, mantenimiento permanente y seguridad privada. Las expensas, según publicaciones recientes, rondan cifras elevadas para el promedio del barrio, reflejando tanto el tamaño de las unidades como los servicios disponibles.

Actualmente, el inmueble se encuentra ofrecido en venta por un valor cercano a los 285.000 dólares, con posibilidad de negociación a la baja de hasta 10.000 dólares, en un intento por concretar la operación en un mercado inmobiliario que se mantiene lento y selectivo.

El cambio de estrategia: de un intermediario cercano a una inmobiliaria formal

La comercialización del departamento atravesó una modificación significativa en su modalidad de venta. En una primera etapa, el inmueble fue ofrecido a través de Pablo Martín Feijoo, quien figuraba como contacto directo en publicaciones realizadas bajo la modalidad de “dueño directo”, en Zonaprop.

Ese esquema inicial implicaba una comercialización más informal, sin la estructura tradicional de una inmobiliaria, y con un precio publicado que rondaba valores cercanos a los 289.990 dólares. Sin embargo, ante la falta de avances concretos en la venta, se produjo un cambio de estrategia.

En una segunda etapa, la propiedad pasó a ser gestionada por una inmobiliaria formal, identificada como Zona Activa, que tomó el control de la comercialización del inmueble. A partir de ese momento, el precio fue ajustado a aproximadamente 285.000 dólares, contemplando además un margen de negociación que permitiría aceptar ofertas levemente inferiores, en un intento por acelerar la operación.

Este cambio de intermediación marcó un punto de inflexión en el proceso de venta, sugiriendo la necesidad de profesionalizar la comercialización para aumentar la visibilidad del inmueble y facilitar su colocación en el mercado.

Vida cotidiana y convivencia con los vecinos

Más allá de los datos patrimoniales y financieros, el paso de la familia por el edificio dejó una dinámica vecinal que, según relatan residentes y personas cercanas al entorno, se desarrolló sin episodios de hostigamiento ni conflictos graves hacia el funcionario.

Contrariamente a versiones que circularon en redes sociales en distintos momentos, no se registraron situaciones de acoso vecinal contra Manuel Adorni durante su residencia en el lugar. La convivencia, en términos generales, fue considerada normal dentro de la dinámica típica de un consorcio porteño.

En ese contexto, el vocero presidencial mantenía una rutina visible en el barrio: era él quien habitualmente salía con sus hijos a caminar o jugar en el parque, aprovechando la ubicación privilegiada del edificio frente al espacio verde. Esa escena cotidiana —un padre acompañando a sus hijos en el parque— formaba parte del paisaje habitual para quienes frecuentan la zona.

Dentro del funcionamiento del consorcio, en cambio, la participación familiar tenía otro protagonista. Según testimonios del entorno vecinal, era su esposa quien asistía regularmente a las reuniones de consorcio. En esos encuentros, relatan algunos vecinos, se producían discusiones habituales sobre temas edilicios y administrativos, en un clima que no difería del que se observa en otros edificios con múltiples unidades y propietarios.

Política en el palier: discusiones sin estridencias

Un aspecto que sí formaba parte del vínculo cotidiano era la conversación política. Vecinos del edificio recuerdan que Manuel Adorni discutía temas políticos en espacios comunes o en charlas informales, algo que se volvió más frecuente a medida que su exposición pública crecía.

Sin embargo, esos intercambios se desarrollaban —según quienes compartieron esos momentos— en un tono normal y sin escaladas conflictivas. Las diferencias ideológicas existían, pero se expresaban dentro de parámetros habituales para un edificio en el que conviven perfiles diversos.

Ese detalle adquiere relevancia en un contexto donde, por la exposición pública del funcionario, hubiera sido esperable un clima más tenso o polarizado. No obstante, los testimonios coinciden en que la convivencia no registró episodios extraordinarios ni situaciones que alteraran significativamente la vida del consorcio.

El departamento como pieza clave en la situación patrimonial

Hoy, el inmueble de Asamblea 1132 ocupa un lugar central en la estrategia financiera vinculada al patrimonio familiar. Sobre la unidad pesa una hipoteca que fue utilizada como garantía para obtener préstamos en dólares, lo que convierte su venta en un movimiento relevante para equilibrar compromisos económicos pendientes.

La decisión de ponerlo en el mercado, primero mediante un intermediario cercano y luego a través de una inmobiliaria formal, refleja un cambio de enfoque orientado a acelerar la concreción de la operación. El precio solicitado se ubica dentro de los valores de mercado para unidades con terraza frente al parque, aunque el ritmo de consultas aún no muestra una demanda masiva.

Mientras tanto, el departamento permanece como un símbolo de una etapa previa en la vida del vocero presidencial: la de un vecino más de Parque Chacabuco, que compartía discusiones políticas en tono cordial, acompañaba a sus hijos al parque y participaba indirectamente —a través de su esposa— de la dinámica cotidiana del consorcio.

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En esa combinación de vida privada, actividad política y movimientos patrimoniales, el inmueble de Asamblea 1132 se transformó en un punto de observación privilegiado para entender no solo una operación inmobiliaria, sino también una forma de convivencia urbana en uno de los barrios tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires.

MV / EM