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POLITICA / tras la medida de servini
sábado 14 abril, 2018

El Gobierno mira de reojo y busca despegarse de la idea de estar detrás

La oposición acusó a un sector de Cambiemos de influir en la decisión judicial. Las sospechas se posaron sobre el apoderado del PRO y hasta llegaron a Lilita Carrió.

por Andrés Fidanza

Carrio. La diputada es una aliada táctica de Servini. Ambas tienen un enemigo común: Lorenzetti. Las miradas apuntaron al jefe de asesores de Macri, José Torello. Foto: Cedoc Perfil

Una vez que se conoció la inesperada decisión de María Romilda Servini, las miradas apuntaron hacia José Torello. Tanto las de las oposición como algunas incrédulas del propio Gobierno. Fue un acto reflejo: jefe de asesores de Mauricio Macri y apoderado del PRO, Torello es un dirigente de trato fluido con jueces y fiscales.

Y la Chuchi, jueza federal con competencia electoral a nivel nacional, es una de sus interlocutoras habituales. Con ella repasó varios artículos del proyecto macrista de reforma electoral que fracasó a mediados de 2016.

El rumor sobre una mano del oficialismo detrás de la intervención del PJ, por un supuesto beneficio indirecto para el macrismo, potenció las sospechas. Torello, sin embargo, niega rotundamente esa conexión. Al igual que el resto de los funcionarios macristas (el jefe de Gabinete, Marcos Peña, se enteró viendo TN), dijo haberse enterado por los medios, con una mezcla de sorpresa y sorna. Especialmente, a raíz del nombre elegido por Servini para ser el interventor del peronismo: el gastronómico José Luis Barrionuevo.

“Cuando me lo dijeron, creí que me estaban jodiendo. Dan una muy mala imagen”, afirma un alto funcionario macrista sobre la medida, y que además conoce bien a la jueza de 81 años y corazoncito originalmente peronista. Con una paradoja: Barrionuevo fue uno de los dirigentes sindicales más cercanos al PRO.

Dentro de Cambiemos, la única mujer entre los 12 jueces federales de Comodoro Py cuenta con otra aliada táctica: Elisa Carrió, quien a su vez mantiene un vínculo amigable con Torello. La relación entre ambas mujeres se afianzó desde mediados de los 90. Fue un poco después de que Servini se popularizara como “la jueza barú barú budía”, por su intento de censura previa al programa de Tato Bores.

En los últimos años, la Chuchi y Lilita compartieron (y todavía lo hacen) un enemigo en común: el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. El principal motivo de la inquina entre la jueza federal y el supremo remite a Juan Carlos Cubría, hijo de Servini.

Ingeniero, Juan Carlos llegó a ser administrador general del Consejo de la Magistratura, el organismo encargado de manejar parte de los fondos judiciales. “La Corte está parada sobre un colchón de $ 11 mil millones y nosotros sobre un déficit de 800 millones mensuales”, se quejó el hijo de Servini en un reportaje de PERFIL. Lorenzetti nunca se lo perdonó.

Otro link entre el oficialismo y Servini cruza nuevamente política y familia. Se trata del secretario de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro, sobrino de Servini. Ex diputado (entró a la cámara por el massismo, en guiño hacia la poderosa jueza), D’Alessandro fue el encargado de organizar el traspaso de la Policía Federal a la Capital y su fusión con la Metropolitana. Su llegada al gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, a inicios de 2016, contó con otro aval de peso: el de Daniel “el Tano” Angelici, presidente de Boca y operador judicial.

Contactos que llegan hasta el mismo Stiuso

“Esto es tierra liberada”, se quejó María Servini a fines del año pasado. Notoriamente enojada, la jueza federal ensayó su queja sobre el nivel de inseguridad en la Ciudad de Buenos Aires. Fue tras haber sufrido un robo en la puerta de su casa, en Palermo: una banda de ladrones le abrió la camioneta, estacionada frente a su edificio, y se llevó pertenencias de valor de la jueza.

“Me extraña mucho realmente. La custodia no estaba. A las cuatro y media me dijo que estaba, pero mentira”, relató entonces Servini.

Tras el robo, la jueza le reclamó a su sobrino, el secretario de Seguridad Marcelo D’Alessandro, que “busquen y encuentren” a los ladrones.

Entre los múltiples contactos de la jueza, además de su sobrino y sus hijos funcionarios judiciales, hay una referencia que la vincula directamente con una figura mítica del espionaje: Jaime Stiuso. Una hija del ex director general de Operaciones de la ex SIDE trabajó en el juzgado de Servini hasta poco después de la muerte del fiscal Alberto Nisman.


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