En Buenos Aires insisten en que no se trata de acciones pensadas de antemano y que muchas veces su equipo se entera una vez que sucedieron. También repiten que no se intenta forzar un “honestismo”. Que haya cálculo o no detrás de cada escena es, en el fondo, irrelevante. A la hora de pensar la comunicación estratégica de un dirigente con aspiraciones presidenciales, lo más importante es que sus seguidores confíen en que lo que muestra se parezca a lo que es. Pero si desde el progresismo –encarnado, por ejemplo, en José Natanson– se le reclama al kirchnerismo la aparición de un Astori argentino, en la misma fuerza cada vez se perciben como un valor mayor los gestos “a la uruguaya” de quien hoy aparece como el candidato con más chances del espacio. El estilo Mujica del gobernador puede ser un diferencial para propios y extraños, en un contexto en el que la política está cuestionada en materia de corrupción y enriquecimiento incomprensible de los dirigentes.
La palabra “casta” se tornó un búmeran para el oficialismo. Ante la embestida de un oficialismo libertario que desgasta con ferocidad digital, el gobernador Axel Kicillof está siendo sometido a un proceso que bien podría llamarse “la pepemujicanización”: la construcción deliberada de un líder honesto, sencillo y austero, en las antípodas de otros dirigentes. Fue Jorge Asís uno de los primeros en señalar su carácter distintivo en la “jungla” política, en la que rige una especie de ley de la selva, que es la provincia de Buenos Aires. El fenómeno, bautizado con ironía, busca enfatizar un atributo que en la política argentina se ha vuelto un bien escaso: la honestidad. La idea es presentar a Kicillof no como el técnico kirchnerista de gesto adusto, sino como el hombre del pueblo que maneja su propio auto, se casa en la intimidad y padece los escraches, como el que recibió por sus zapatillas en la foto que se viralizó luego del fin de semana en Punta Lara (ver nota aparte) con estoicismo.
Todo comenzó con el Clio. La campaña que terminó con un Kicillof ganándole a María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires tuvo en el Clio que manejaba una de las manos derechas del gobernador en el recorrido por todo el territorio. Ese auto que aún existe, que maneja el ministro de Gobierno del estado provincial más grande del país, creó esa imagen que el gobernador sigue teniendo en la comunidad. Pero ese recorrido también marcó otro rasgo “mujicista” de Axel Kicillof: el buen diálogo también con los opositores del interior de la provincia, especialmente aquellos de origen radical.
Uruguay. También hay algo “uruguayo”, al menos en el estilo de Kicillof que se refleja en lo que el mismo gobernador muestra de su vida privada o se filtra. Lejos del universitario que a veces aparecía como un poco provocador, de largos discursos, ese otro Kicillof que toma mate en las entrevistas –como lo hacía Eduardo Duhalde– o que participa de un Zoom de padres para el viaje de egresados del Colegio Nacional Buenos Aires tarde a la noche, se muestra como un político diferente a sus colegas.
En toda esa dinámica, el Uruguay tiene mucho que ver: desde la original acusación de que tenía una “chacra” que resultó ser una casa de vacaciones, pese a que ahora veranea en Chapadmalal, el lugar vecino al río es de los más entrañables para Kicillof. Santa Ana no es Punta del Este y tiene mucho de lo que son las costas de río de Uruguay. A pocos kilómetros de Colonia, de playas extensas y un bosque de eucaliptos, fue el lugar de vacaciones del gobernador.
Allí compartió veraneos con su esposa, Soledad Quereilhac. La casa fue vendida, pero aún queda el recuerdo del gobernador. Desde sus tiempos de viceministro de Economía y los mates con los vecinos.
En 2013, en uno de los viajes a El Ensueño cuando era viceministro de Economía, Kicillof sufrió un escrache. Al regreso de sus vacaciones por Buquebus, algunos pasajeros lo insultaron y pedían que se baje del barco mientras él y su pareja tenían en brazos a sus dos hijos que, por entonces, tenían 4 y 2 años.
El 13 de mayo del año pasado murió Pepe Mujica. Allí, el gobernador de la provincia de Buenos Aires dio su propia impresión sobre el expresidente fallecido cuando dijo: “Un hombre que trascendió las fronteras y dejó una huella en quienes lo admiramos y respetamos por su trayectoria militante y su palabra llena de sabiduría y, a la vez, de una humildad extraordinaria”. Precisamente, humildad es una de las palabras claves.