El 31 de mayo, Colombia celebra la primera vuelta de sus elecciones presidenciales. Una encuesta de CB Global Data midió la imagen de los principales candidatos y la intención de voto que logran recolectar.
Ante la consulta de “si las elecciones fueran hoy, ¿a quién votaría?”, Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico y figura de la izquierda, presenta el piso electoral más sólido (36,8%). Igualmente, Abelardo de la Espriella, abogado y referente de la derecha dura, lo sigue de cerca con 35,3%. En tercer lugar, y con mayor diferencia, está Paloma Valencia con 17%.

Sin embargo, el dato para Cepeda no termina de ser alentador. El gobierno de Gustavo Petro quedó como el punto de referencia de toda la elección de 2026: los candidatos oficialistas se miden por su cercanía al presidente, y los opositores por su distancia de él. Por ese motivo, la intención de voto no es el único dato relevante.
El miembro del Pacto Histórico sufre el diferencial de imagen más negativo de la contienda, llegando a -16,8%. Su tasa de rechazo duro (imagen mala/muy mala) alcanza un crítico 56,2%. Esto indica que su capacidad de tracción fuera de su núcleo duro es prácticamente nula. Además, su imagen positiva es la más baja del informe, llegando al 39,4%.

Abelardo de la Espriella, en cambio, tiene un piso sumamente competitivo. Ostenta un diferencial de imagen positivo (+2,3%), siendo el rechazo del 45% y la aprobación de 47,3%. Su techo es significativamente más alto y elástico que el de Cepeda, lo que le otorga mayor viabilidad en la futura captura de voto útil, que tiene como principal objetivo un cambio de gobierno.
Sergio Fajardo, exgobernador y figura del centro, lidera el ranking de imagen positiva con 47,5% y el mayor diferencial positivo, ya que su imagen negativa es de 41,4%. Su bajísima intención de voto (5,7%) solo podría explicarse en el contexto de un electorado sumamente dividido, que prefiere optar por una de las opciones que “tiene posibilidades de ganar”, antes de arriesgarse a perder su voto.
El caso de Paloma Valencia, senadora del Centro Democrático, es similar, su aprobación llega a ser alta, con 45,4%, pero eso no se replica en la posibilidad de ser elegida en las urnas.
Gobierno nacional de Colombia
La gestión del actual Gobierno Nacional presenta un nivel de insatisfacción del 59,6%, y la imagen negativa del presidente Gustavo Petro se ubica en 59,7%. Este bloque de rechazo de casi 60 puntos actúa como una barrera infranqueable para cualquier candidato percibido como simpatizante.

La imagen positiva tanto del gobierno en general como del presidente en particular representa el 39,2% y 38,9%, respectivamente.
De todos modos, la carrera está muy polarizada y marcada por la fragmentación del centro y la derecha, mientras la izquierda aparece más ordenada alrededor de Iván Cepeda. También pesa el contexto del gobierno de Gustavo Petro y la reorganización de alianzas de cara a la primera vuelta.
El tablero electoral en Colombia se definirá con figuras de la izquierda, la derecha y el centro
El líder del Pacto Histórico tiene pasado político en la izquierda colombiana y también fue miembro del M-19, un antiguo movimiento guerrillero. Esa trayectoria explica parte de su peso simbólico: para sus simpatizantes representa una ruptura con la política tradicional y, para sus críticos, una continuidad de posiciones muy provocadoras.
Durante su mandato, Petro quiso mover varias columnas del Estado a la vez: reforma tributaria, salud, pensiones, reforma laboral, transición energética y “Paz Total”. La idea de fondo fue reducir la desigualdad, ampliar derechos sociales y bajar la dependencia del petróleo y el extractivismo.

En economía, su gestión combinó una agenda redistributiva con tensiones fiscales y bastante volatilidad política. Hacia el cierre del mandato, la sociedad reclama déficit, dificultad presupuestaria y parálisis legislativa como problemas centrales de gestión.
El estilo de Petro fue muy confrontativo y eso le ayudó a mantener identidad política, pero también le complicó construir acuerdos duraderos. Por eso, su presidencia termina vista como una mezcla de reformas importantes, avances parciales y muchas frustraciones para propios y ajenos.
Desde Colombia, estas elecciones se leen como un plebiscito sobre el legado de Gustavo Petro. Más que una competencia entre proyectos claramente diferenciados, la campaña parece organizada por la capacidad de cada candidato para capitalizar el desgaste del gobierno o para resistir el rechazo que ese mismo gobierno genera. En un escenario de alta polarización, el voto no se define solo por afinidad, sino también por temor a que gane el otro.
Eso explica por qué algunos candidatos con buena imagen no terminan de despegar en intención de voto y por qué figuras con mayor rechazo, como Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella, siguen concentrando la atención. La elección no solo medirá quién tiene mejor perfil, sino quién logra convertirse en la opción más creíble para un país que llega a 2026 dividido entre continuidad, corrección y cambio de rumbo.
En la encuesta se observa un empate técnico en la cima: Iván Cepeda lidera, pero Abelardo de la Espriella lo sigue muy de cerca. De hecho, si el resultado fuera ese, la segunda vuelta estaría prácticamente asegurada. Detrás de ellos se ubica Paloma Valencia, consolidando la fragmentación del bloque de centro-derecha/derecha y, finalmente, Sergio Fajardo, el candidato con mayor nivel de aprobación, queda relegado con una intención de voto sumamente baja, reivindicando una vez más la máxima de que imagen no es igual a captación de votos.
RG