Hay noticia tsunami: nació el periodista robot. O, con perdón de colegas (hoy tan) sensibles, el robot periodista. Madre CIA y padre Pentágono decidieron llamarlo Afghan Explorer. Es el temerario absoluto: no registra el dolor. Un cronista de guerra rodante provisto de visores, escuchas, curiosidad programada y la tozudez suficiente como para conseguir la nota más sangrienta que se le pida. Sorprende, pero no debería. No hay día sin que nazca un nuevo robot. La industria los quiere multiuso, en dieta perpetua y poco bulto. Por lo general los robots son pequeños. (Así es Simo, el Messi de Honda) Hay secretarias de cristal que atienden tres idiomas y empleados de aluminio que barren oficinas, sirven café y rechazan propinas. Son muñecos bien aspectados. No traen trauma caído del arbol del bien y del mal. Tampoco genoma. Y solo portan dos sentidos: enter y delete. Noticias no tan asombrosas depara la ciénaga natal."A ver, a ver..." es lo que más se dicen cada día 40 millones de argentinos. Ergo 1: somos ciegos. Ergo 2: el tuerto es rey. El resto es silencio (o columnas de opinión al cuete, como ésta). Tanto joder a la historia que nos dieron en 1810 que hastiada la realidad se separó del símbolo y nos nubló el país. "A ver, a ver..."...Y por momentos se ven dos. Gemelos. El país Burbuja donde mil funcionarios mega vip miran la Luna, y el país Zozobra donde millones de habitantes tantean vida a suerte y verdad como pueden.
"A ver, a ver..." Tres meses van ya del que debería ser armónico bicentenario y tanto "dueños" como "padres" de la Patria prefieren insistir en forcejeo y evitar la charla abierta. El gobierno vive sobrado de Ego. El congreso falto de Calle. Kirchner actúa como un ilusionista y tan seguro de sí que vende eternidad a plazos. Urde telarañas emperrado en copar, demarcar y definir la década hasta los bordes del 2020. La Oposición pierde su tiempo en recreos y ajetreos. Es adjetiva, multipolar, retórica. Hay congresistas que hablan desde el túnel del tiempo. Gesticulan suaves como monjes y desgranan frases como "a folios 22 del día de autos" o "por contrario imperio de la ley" tras lo cual, impunes, descansan lo más campantes en su escaño. No hay sensación más nítida estos días que la del divorcio entre la Burbuja y la Zozobra. Ni pregunta más lógica que ¿cómo será el futuro dentro de tres meses? A nadie del Gobierno parece envolverlo siquiera una nubecita de inquietud alguna. Inflación, desempleo, el largo etcétera de asuntos en demora (heredados y propios) son temas que no frenan el ímpetu K. Los mensajeros de la Rosada platican el argot triunfalista del Jefe y saludan a la Caja como Madre de todas las Revoluciones por hacer. ¿Esto es progresismo o turismo aventura? Ni uno ni otro. No es más que la manera en que está "cambiando" de piel un país llamado República Argentina. Fiel a su estilo. Más sensible al fixture de un Mundial que a su propia Constitución.
(*) Especial para Perfil.com