El presidente Nestor Kirchner sabe que el cardenal Jorge Bergoglio es hoy un adversario político declarado, que maquilla cada actividad institucional con una política anti K. Por eso, el gobierno, que protagonizó una escalada de cruces verbales con la curia, motoriza un plan para recomponer los vínculos con el clero y, al mismo tiempo, aislar al arzobispo de Buenos aires, informó ayer PERFIL
Sucede que el incidente con el vocero del cardenal primado de la Argentina esconde, además, una ofensiva de la Casa Rosada que busca neutralizar la influencia Bergoglio. En una primera etapa, Kirchner utilizará la interna eclesiástica contra el arzobispo de Buenos Aires. Si no tiene éxito, no descarta que aparezcan incómodos informes de Inteligencia anticlericales. El principal objetivo es evitar mas casos como el de Joaquín Piña en Misiones quien enfrenta al candidato K, el gobernador Carlos Rovira.
El Gobierno, según PERFIL, aprovechará para llevar adelante su plan, la interna entre sotanas. Pero la estrategia incluye además, concertación con obispos dóciles, amenaza de “carpetazos” y recorte de fondos.
“Bergoglio tiene abierto un frente interno y la pelea con el Gobierno hacia afuera” evaluó ante PERFIL un alto funcionario de la casa rosada que esta semana intercambió llamados con un puñado de obispos conciliadores para destrabar las relaciones erosionadas después de las declaraciones K en Tres de Febrero.
En este marco, el debut del plan sería al día siguiente de la elección constituyente de Misiones, donde confrontarán Rovira, que pretende introducir la elección indefinida, y el ex obispo Piña, que se opone, férreamente, con el aval de la cúpula del Episcopado.
“Después del escrutinio se va a recomponer el vínculo con la Iglesia: pero no con Bergoglio”, adviertió un pingüino de trato directo con el presidente que conoce la estrategia que se pretende llevar a cabo.