PROJECT SYNDICATE
PROJECT SYNDICATE

La reestructuración de la deuda es la mejor opción para Senegal

Ante una deuda del 132% del PIB, el país africano enfrenta un dilema crítico. Intentar un pago imposible o negociar un default controlado para volver a crecer.

Bassirou Diomaye Faye 23022026
Bassirou Diomaye Faye | CeDoc

Con la deuda pública de Senegal alcanzando hoy un estimado del 132% del PIB, la pregunta sobre su sostenibilidad es imposible de ignorar. No es una cuestión sencilla, ya que la sostenibilidad de la deuda depende tanto de las condiciones actuales como de las decisiones que aún deben tomarse, no solo por parte de Senegal, sino también por un amplio abanico de actores externos. Por más indeseable que resulte para los prestamistas en Londres, París, Washington y Pekín, los líderes de Senegal deben considerar seriamente si el default es el mejor camino a seguir.

Bajo presión financiera, los gobiernos suelen intentar pagar sus deudas a toda costa, en lugar de sufrir las consecuencias de un impago, incluida la pérdida de acceso a los mercados internacionales de capital. Pero en un informe reciente, publicado por el Finance for Development Lab, demostramos que para el Senegal de hoy, este enfoque representa una doble apuesta de alto riesgo.

Kim Jong-un es "reelecto" por tercera vez como líder supremo de Corea del Norte

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

En primer lugar, Senegal estaría apostando a que podría lograr una consolidación fiscal extraordinaria en un tiempo récord, pasando de un déficit presupuestario primario (excluyendo el pago de intereses) de aproximadamente el 9% del PIB en 2024 a un superávit del 2% del PIB en 2028. Tal consolidación equivale efectivamente a correr un maratón a ritmo de sprint, algo que solo un puñado de países ha logrado, generalmente impulsados por una renta excepcional de recursos naturales. Teniendo esto en cuenta, probablemente no sea una apuesta sensata.

Agravando el riesgo está la segunda apuesta: que los acreedores sigan tratando la deuda de Senegal como sostenible —y continúen prestando— durante todo este ajuste fiscal. Una vez más, las probabilidades son bajas. Para cubrir su déficit fiscal y refinanciar la deuda que vencerá en 2026-28, el gobierno de Senegal tendría que recaudar 15 billones de francos CFA (27.000 millones de dólares), y no está claro quién estaría dispuesto o sería capaz de entregar tal financiamiento.

El candidato obvio sería el Fondo Monetario Internacional, que cuenta con programas diseñados para apoyar a países en crisis, incluso mediante el desbloqueo de cofinanciamiento concesionario, y ofrece préstamos a tasa cero para países de bajos ingresos. Pero las reglas del FMI prohíben prestar a países cuyas deudas se consideran insostenibles, que es el resultado probable de un análisis de sostenibilidad de la deuda de Senegal.

Por supuesto, el FMI no es la única opción disponible. Los países del Golfo y China han entregado ocasionalmente grandes cantidades de apoyo financiero. Por ejemplo, 35.000 millones de dólares en inversión extranjera directa de los Emiratos Árabes Unidos permitieron a Egipto consolidar sus reservas y cubrir necesidades de financiamiento por 45.000 millones de dólares en 2024-25. Pero ese financiamiento invariablemente viene con condiciones. Cuanto mayor es el riesgo percibido, más duras son las condiciones, incluyendo privatizaciones dolorosas, requisitos de colateral y otras concesiones.

La Cancillería pidió que los argentinos eviten visitar territorio mexicano ante los estallidos violentos

Otra posible fuente de financiamiento es la Unión Económica y Monetaria del África Occidental (UEMOA), de la cual Senegal es miembro. El año pasado, Senegal recaudó más de 4 billones de francos CFA, o el 20% de su PIB, a través del mercado de deuda regional de la UEMOA. Si bien la unión podría seguir asumiendo el riesgo de proporcionar capital, continuar endeudándose a tal escala asfixiaría el crédito al sector privado y aumentaría la vulnerabilidad del sistema bancario.

Bassirou Diomaye Faye

Dadas las bajas probabilidades de que esta doble apuesta funcione, Senegal podría considerar buscar una reestructuración negociada de la deuda bajo el Marco Común del G20 para Tratamientos de Deuda. Sin duda, este camino también estaría lleno de desafíos, ya que otras reestructuraciones bajo este marco se han prolongado durante años. No obstante, recientemente se han logrado algunos progresos en las negociaciones con Ghana y Etiopía, y un enfoque cooperativo podría permitir una reestructuración más rápida para Senegal. China y Francia, que juntos poseen aproximadamente el 70% de la deuda bilateral del país, deberían comprometerse al tratamiento más rápido posible del caso senegalés. Las deudas denominadas en francos CFA deberían preservarse para evitar la desestabilización de la zona monetaria.

Los defaults siempre son costosos. Los acreedores privados buscan minimizar sus pérdidas y las agencias de calificación reclasifican los bonos del país en estado de incumplimiento. Pero si Senegal reduce su stock de deuda de manera lo suficientemente decisiva, eventualmente podría recuperar el acceso a los mercados internacionales de capital. Mientras tanto, las instituciones internacionales necesitarían entregar nuevo financiamiento para que el país pueda seguir invirtiendo a pesar del acceso limitado al crédito.

Pase lo que pase a continuación, la difícil situación de Senegal ofrece lecciones importantes para la UEMOA; en particular, que la transparencia de la deuda y la supervisión bancaria deben mejorarse en toda la zona. Son esenciales medidas de seguridad más estrictas, similares a las adoptadas por la eurozona tras el estallido de la crisis de deuda soberana griega en 2009.

Senegal no tiene opciones exentas de dolor para escapar de su actual atolladero. Pero ante la ausencia de grandes volúmenes de liquidez barata, intentar pagar sus deudas a toda costa sería más peligroso —y, en última instancia, más costoso— que el default. Al iniciar las negociaciones de reestructuración lo antes posible, Senegal podría al menos limitar el impacto en las exportaciones y el crecimiento, y emprender un camino hacia la solvencia duradera.

Sobre los autores: Abdoulaye Ndiaye es profesor asistente de Economía en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York. Martin Kessler es director ejecutivo del Finance for Development Lab.

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org