PROTAGONISTAS
un cumpleaños que se hizo casamiento

Marta Minujín hizo de sus 80 años un happening

Los doscientos invitados al particular cumpleaños de Marta Minujín sabían desde el comienzo que no sería un fiesta normal. Acataron el “dress code” que ella pidió y todos se vistieron de negro y con gafas oscuras. Cuando la vieron descender de un colectivo vestida de fiesta y escoltada por un elenco de jóvenes con máscaras, confirmaron lo que ya intuían. El “casamiento con la eternidad” que Minujín propuso para sus 80 años sería más una boda que un cumpleaños. Y así fue. Hubo vals, se arrojó un ramo de novia, se cortó la torta y hasta hubo cintitas. Y todo en menos de tres horas.

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Festejo. Un colectivo de la línea 67 se usó para llevar a Marta Minujín y a su séquito de jóvenes enmascarados a su fiesta. | Marcelo Silvestro

Un cumpleaños, una boda y un after party con jóvenes. Así fueron los 80 años que Marta Minujín festejó en el Malba. Todo un happening, una performance interactiva o, también, una obra inmersiva en movimiento y colectiva. Así fue este particular cumpleaños que Marta Minujín a su vez, bautizó como “su casamiento con la eternidad”. ¿Por qué? “Porque lo que queda es la eternidad, no quiero seguir viviendo después de esta década”, explicó con humor pero convencida la artista plástica. 

“No quiero vivir después de los 90, se te cae todo, hasta los ojos se te caen”. 

A pesar de esta explicación sobre la finitud de la vida, Marta Minujín detalló con entusiasmo su agenda de exposiciones, sobre todo la que hará en Nueva York en 2023; también la gira de La menesunda por Europa en 2024, y la reedición del Partenón de libros prohibidos por la dictadura militar, que será el 25 de mayo próximo para celebrar los cuarenta años del regreso a la democracia en Argentina. 

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Del cumpleaños que se hizo en el Malba participaron unos doscientos invitados, que fueron parte de la puesta en escena. Por eso, todos aceptaron la consigna detallada en la invitación: gala de color negro, con gafas también negras. Lo único no negro era la luz que emitían los teléfonos celulares que todos sostuvieron durante la celebración como si fuera un accesorio adosado al cuerpo humano. Y era predecible que eso sucediera porque todos sabían que la sorpresa que Marta Minujín había preparado sería para instagramear. Y así fue. 

Baile y torta. Alrededor de las nueve de la noche, en la parada de colectivos que está frente al Malba, estacionó una unidad de la línea 67, con un elenco de jóvenes vestidos de negro y con máscaras que son parte de la colección personal de la propia Minujín. Y ella bajó con un vestido ampulosodel joven diseñador Jorge Rey, regalo de Amalia Amoedo. 

Del 67 a la caminata por una alfombra roja y al ingreso de Minujín con sus damas y caballeros de honor al Malba, todo fue registrado por cientos de teléfonos móviles. Tras el saludo inicial, se pasó al tradicional vals, donde se mezclaron coleccionistas, artistas plásticos, mecenas y hasta embajadores que, envueltos en ese ámbito negro, se convertían en un objeto humano difícilmente identificable para su propio personal de seguridad. 

Al vals le siguieron otras tradiciones básicas en una boda: Minujín tiró el ramo –de color negro y regalo de Teresa Bulgheroni–, y hubo corte de torta previa tira de cintitas. 

El único menú fueron porciones de torta de chocolate negro y dulce de leche, y champagne servido en copas negras. Para el cierre, los invitados despidieron “a la novia”, que estuvo escoltada hacia el mismo colectivo 67 que la trajo, con su séquito de enmascarados, quienes repetían como un mantra: “El modelo del tiempo es la eternidad”.