PROTAGONISTAS
Conservación y turismo

Qué pasó con la isla que Leonardo DiCaprio compró por US$1,75 millones en Belice

El actor adquirió Blackadore Caye por US$1,75 millones y promovió un desarrollo turístico con objetivos de restauración ambiental. La iniciativa obtuvo una aprobación ambiental, pero sus anuncios no permiten dar por concluida la recuperación de la isla.

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Leo DiCaprio en la première de 'Una batalla tras otra', de Paul Thomas Anderson. | AFP

Leonardo DiCaprio convirtió una isla de Belice en el centro de una propuesta que buscaba combinar hotelería de lujo y recuperación ambiental. En 2005, el actor compró Blackadore Caye junto con el empresario hotelero Jeff Gram por un monto reportado de US$1,75 millones. Una década después, presentó un proyecto destinado a restaurar hábitats deteriorados y desarrollar un complejo turístico con criterios de sustentabilidad. Sin embargo, la documentación consultada no permite afirmar que esa transformación haya sido completada.

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La historia también requiere una precisión sobre su superficie: Blackadore Caye tiene aproximadamente 104 acres, unas 42 hectáreas. Esa extensión corresponde al territorio de la isla y no constituye una medición de vegetación recuperada. Por lo tanto, no respalda la afirmación de que el actor haya restaurado 104 hectáreas.

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Dónde está Blackadore Caye y qué buscaba Leonardo DiCaprio

Blackadore Caye se encuentra al oeste de Ambergris Caye, frente a la costa de Belice, en el mar Caribe. DiCaprio conoció el lugar durante unas vacaciones, antes de concretar la adquisición con Gram, propietario del establecimiento turístico Cayo Espanto. La operación dio origen a una iniciativa que posteriormente recibió el nombre de Blackadore Caye, a Restorative Island.

Belice

El punto de partida era un entorno afectado por la erosión de sus costas, la pérdida de manglares y la presión pesquera. La propuesta consistía en intervenir sobre esos problemas mientras se desarrollaban alojamientos turísticos: el emprendimiento pretendía mejorar las condiciones ecológicas del lugar y convertir esa recuperación en parte de su oferta para los visitantes.

La presentación oficial del grupo desarrollador describe un futuro complejo hotelero orientado al bienestar y la sustentabilidad, viviendas con funcionamiento independiente de las redes convencionales y una estación de investigación sobre cambio climático e impactos en los hábitats. También incluye programas de restauración, aunque esa descripción comercial no equivale a una certificación de que las instalaciones estén terminadas o los objetivos ambientales cumplidos.

Cómo era el plan de restauración ambiental

Entre las medidas difundidas en 2016 figuraban la plantación de aproximadamente 20.000 mangles rojos, la recuperación de la cobertura vegetal con especies nativas y acciones para estabilizar sectores de la costa. El esquema contemplaba, además, reservar la mitad del terreno para la conservación y establecer un espacio de trabajo científico. Esas intervenciones fueron presentadas como acciones previstas, no como resultados ya alcanzados.

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El programa turístico también incorporaba compromisos relacionados con el abastecimiento energético, el agua y los residuos. En las versiones difundidas del proyecto se anunciaron energía solar, tratamiento de agua de lluvia y desechos, y la eliminación de alojamientos sobre el agua. El diseño pasó por revisiones, por lo que las características de sus primeras presentaciones no deben confundirse con una descripción definitiva de un complejo construido.

Por qué el proyecto de DiCaprio generó cuestionamientos

La promesa de recuperar el ecosistema no evitó las objeciones de sectores vinculados con la conservación y la pesca. Uno de los puntos más discutidos fue la instalación de estructuras sobre áreas marinas someras, utilizadas por peces y relevantes para la actividad pesquera. La organización Bonefish & Tarpon Trust sostuvo que esas construcciones podían afectar los hábitats y cuestionó su aprobación.

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En octubre de 2016, los desarrolladores anunciaron que retirarían del diseño final las estructuras sobre el agua destinadas a alquiler o venta, en respuesta a las preocupaciones locales. El comunicado reconocía que esas instalaciones habían recibido autorización, pero señalaba que el grupo había decidido prescindir de ellas.

Bonefish & Tarpon Trust recibió favorablemente ese anuncio, aunque reclamó que también se revocara la autorización correspondiente. Su preocupación era que el permiso pudiera utilizarse más adelante o sentar un precedente para otros emprendimientos en ambientes similares. El cuestionamiento apuntaba tanto al diseño de Blackadore Caye como a sus posibles consecuencias para futuros desarrollos costeros.

Qué está confirmado sobre el desarrollo de Blackadore Caye

El Departamento de Medio Ambiente de Belice registra la evaluación de impacto ambiental revisada del proyecto como aprobada, con un plan de cumplimiento ambiental firmado. La ficha oficial identifica una presentación inicial de diciembre de 2015 y una nueva entrega en julio de 2016. Ese registro acredita una instancia del procedimiento ambiental, pero no demuestra por sí mismo la finalización de las obras ni la recuperación integral del ecosistema.

La información promocional disponible continúa describiendo instalaciones que el proyecto contendrá. En las fuentes consultadas no se identificó documentación suficiente para confirmar la inauguración del complejo o una restauración completa de la superficie insular. Por eso, corresponde presentar Blackadore Caye como una iniciativa con objetivos ambientales anunciados y antecedentes de aprobación, sin atribuirle resultados que no están acreditados.

La importancia ambiental de los arrecifes de Belice

El entorno regional ayuda a entender la sensibilidad del debate. El Sistema de Reservas de la Barrera del Arrecife de Belice, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 1996, reúne arrecifes, atolones, cayos, manglares, lagunas costeras y estuarios. La Unesco lo identifica como un hábitat relevante para especies amenazadas, entre ellas manatíes y tortugas marinas.

Ese sistema de reservas salió de la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro en 2018. Se trata de un antecedente de conservación del conjunto protegido de Belice, que no debe atribuirse al proyecto inmobiliario de DiCaprio. La trayectoria de Blackadore Caye debe evaluarse con sus propios datos: los permisos obtenidos, las intervenciones realizadas y los resultados ambientales que puedan documentarse.