PROTAGONISTAS
La directora, Alessandra Sanguinetti

Un filme argentino rodado en 25 años ganó en San Sebastián

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Premiada. Alessandra Sanguinetti con su diploma por La ilusión de un verano sin fin, opera prima que ya triunfó en el Festival de Locarno. | Europa Press

El documental de la fotógrafa argentina Alessandra Sanguinetti, que siguió durante 25 años a dos primas –Belinda y Guillermina– que viven en el campo, ganó el premio a la mejor película latinoamericana en el Festival de Cine de San Sebastián. La ilusión de un verano sin fin compitió en Horizontes Latinos, una sección que dicho festival creó en 2003 para que óperas primas del cine de América Latina tuviera pantalla y promoción como lo tuvo en su momento el cine español a partir del fin de la dictadura de Franco. En esa sección, por ejemplo, también compitió El tren fluvial, ópera prima de los argentinos Lorenzo Ferro –el actor de El ángel– y Lucas A. Vignale.

Aplausos. A La ilusión de un verano sin fin “lo veo como un poema, una carta de amor al campo argentino, Argentina y a tanta belleza que está en mucho peligro”, dijo Alessandra Sanguinetti al recibir anoche su premio en San Sebastián junto a la productora Julia Solomonoff . “Y mi deseo es que pueda seguir toda esa belleza sosteniéndose y que Estados Unidos saque las garras de Argentina... Y perdón, que también Israel saque las garras de Palestina y muchos otros lugares, si no todos vamos a terminar siendo Palestina”.

El documental La ilusión de un verano sin fin se basa íntegramente en imágenes que Alessandra Sanguinetti recogió durante 25 años de las primas Belinda y Guillermina, desde que tenían 9 años y les encantaba disfrazarse y bailar ante la cámara o ir al río a bañarse, hasta su adultez, ya con hijos. El resultado, más de ochenta horas que hubo que editar para concretar el filme.

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Ellas en foco. “Con mi familia tenemos un campo a tres horas de Buenos Aires y allí vivía Juana, la abuela de Guillermina y de Belinda, que tiene una relación muy especial con los animales”, relató Sanguinetti en San Sebastián. “A mí me encantaba ir allí para fotografiar y explorar la vida de los animales de granja: las vacas, las gallinas, los cerdos. Los animales a los que nadie presta atención”. Fue haciendo eso que las dos primas siempre se ponían delante de los animales y Sanguinetti tenía que decirle que se corrieran de la imagen. “‘¡Sacanos una foto!’, me pedían todo el tiempo a gritos. Pero hubo un momento, en 1999, en el que empecé a conectar. Ellas tenían 9 años y les rogaba que se quedasen en el plano”.

Belinda y Guillermina viajaron a San Sebastián, y esta última contó que “la cámara para nosotras se volvió algo natural. No nos llamaba la atención (...) Era una extensión de uno como es ahora el teléfono celular”.