Profesionales de la salud mental y especialistas en pediatría expresaron su preocupación por el aumento de las hospitalizaciones de niños y preadolescentes vinculadas a conductas autolesivas, crisis emocionales graves y riesgo de suicidio. El fenómeno, que se observa en distintos países y también genera alertas en Argentina, pone de manifiesto la necesidad de fortalecer la prevención y la atención temprana de los problemas de salud mental en la infancia.
De acuerdo con especialistas, los cuadros que requieren internación suelen estar asociados a múltiples factores, entre ellos trastornos de ansiedad, depresión, situaciones de violencia, conflictos familiares, acoso escolar, dificultades en la socialización y el impacto de las redes sociales sobre la autoestima y el bienestar emocional.
Los expertos señalan que, aunque el suicidio es más frecuente en adolescentes y adultos jóvenes, cada vez se registran más consultas por conductas de riesgo en edades tempranas. Esto ha llevado a los equipos de salud a reforzar los protocolos de detección y seguimiento de niños que presentan señales de alarma.
Entre los indicadores que pueden requerir atención profesional se encuentran cambios bruscos de comportamiento, aislamiento social, alteraciones del sueño, irritabilidad persistente, pérdida de interés por actividades habituales, expresiones de desesperanza o comentarios relacionados con el deseo de desaparecer o hacerse daño.
“La salud mental infantil debe ser una prioridad. Muchas veces los síntomas no se manifiestan de manera evidente y es fundamental que las familias, las escuelas y los profesionales trabajen de manera coordinada para identificar situaciones de riesgo”, explican especialistas consultados sobre la problemática.
Los profesionales también advierten que la hospitalización suele ser una medida excepcional, reservada para situaciones en las que existe un riesgo significativo para la integridad del menor o cuando se requiere una evaluación intensiva. El objetivo principal es garantizar la seguridad del paciente y brindar el tratamiento adecuado.
En este contexto, distintas organizaciones reclaman una mayor inversión en servicios de salud mental para niños y adolescentes, así como la incorporación de más profesionales especializados en hospitales, centros de atención primaria y establecimientos educativos.
Los especialistas coinciden en que la prevención es clave. Promover espacios de escucha, fortalecer los vínculos familiares, detectar tempranamente los problemas emocionales y facilitar el acceso a la atención psicológica son algunas de las herramientas consideradas fundamentales para reducir los riesgos y acompañar a los menores que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Si un niño o adolescente manifiesta ideas de hacerse daño o muestra señales de una crisis emocional grave, los expertos recomiendan buscar ayuda profesional de manera inmediata y acudir a los servicios de emergencia o de salud mental disponibles en la comunidad. La intervención temprana puede ser determinante para proteger su bienestar y su vida.