En las últimas décadas, el cambio en los pautas culturales sobre el destino final de los restos mortales, marcado por una paulatina caída en el uso de sepulturas tradicionales y el incremento de las cremaciones, obligó a los grandes cementerios monumentales del mundo a redefinir su sostenibilidad. En algunas de las grandes ciudades del mundo, las necrópolis históricas se incorporaron a los circuitos culturales y turísticos: ofrecen visitas guiadas, centros de interpretación, museos, tiendas de recuerdos e incluso cafés. París, Londres, Viena y Arlington muestran distintas formas de resolver una tensión que ahora también atraviesa a Buenos Aires: hasta dónde puede transformarse un espacio funerario en una atracción sin alterar su carácter patrimonial y, sobre todo, su función original.
La reciente licitación pública lanzada por la administración porteña para concesionar una bóveda en el Cementerio de la Recoleta encendió una intensa controversia donde colisionan la gestión patrimonial, los derechos de concesión de las familias y los límites éticos del turismo urbano.

A través de la Disposición N° 278/DGCOYP/26, el Gobierno de la Ciudad abrió la Licitación Pública N° 10002-1251-LPU26 para otorgar la concesión onerosa por cinco años de un espacio de 24,55 metros cuadrados cubiertos dentro de la Zona 4 del Área de Protección Histórica (APH14).
El pliego contempla la instalación de un gift shop, un punto de expendio de alimentos y bebidas bajo la modalidad take away y la prestación de tours nocturnos guiados. La medida provocó una inmediata reacción judicial cuando Lucía Girado, heredera de la familia que sostiene la concesión del mausoleo desde 1890, presentó un recurso de amparo sosteniendo que nunca fue notificada de la caducidad del espacio y que desconoce el paradero de los féretros de su padre y sus abuelos allí sepultados, contradiciendo la versión oficial que catalogó al ámbito como una bóveda "deshabitada" y restituida administrativamente.
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Recoleta, en el centro de la polémica
El Cementerio de la Recoleta fue inaugurado en 1822 y se convirtió en el primer cementerio público de Buenos Aires. Sus cinco hectáreas forman un pequeño entramado de calles, bóvedas, mausoleos y esculturas donde están enterradas algunas de las figuras centrales de la historia argentina.
Presidentes, dirigentes políticos, escritores, científicos, empresarios y artistas descansan allí. Entre las sepulturas más visitadas se encuentran las de Eva Perón, Luis Federico Leloir y Adolfo Bioy Casares, mientras que más de 90 bóvedas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional.
Al respecto, se pronunció la Asociación de Amigos del Cementerio de la Recoleta (Adacre). La entidad cuestionó particularmente la posibilidad de incorporar gastronomía dentro del predio y propuso que la bóveda sea utilizada como Centro de Difusión e Información Cultural, con exhibiciones y venta de publicaciones y objetos relacionados con el patrimonio del cementerio.
El modelo internacional
Père-Lachaise (París, Francia): Inaugurado en 1804, el Cementerio del Père-Lachaise ocupa alrededor de 43 hectáreas en el distrito 20 de París y contiene unas 70.000 sepulturas. La Ciudad de París lo define como un verdadero “panteón a cielo abierto” y registra más de tres millones de visitantes anuales.
Allí descansan Frédéric Chopin, Édith Piaf, Oscar Wilde, Marcel Proust, Molière, Honoré de Balzac y Jim Morrison, cuya tumba se convirtió en uno de sus principales puntos de peregrinación. También se encuentran la sepultura de Abelardo y Eloísa y el histórico Muro de los Federados.

La entrada es gratuita y el cementerio cuenta con mapas e información turística. En 2026, incluso, se instaló un punto móvil de información para orientar a los visitantes. Pero París marca expresamente el límite: no considera a Père-Lachaise simplemente un museo o un parque, sino un cementerio en actividad que debe compatibilizar el turismo con el duelo privado.
Zentralfriedhof: Uno de los ejemplos más desarrollados de integración entre patrimonio funerario y oferta turística está en Viena.
El Cementerio Central vienés posee un Museo Funerario, inaugurado en 2014, dedicado a la historia de los cementerios, los rituales y la particular cultura de la muerte de la capital austríaca. Tiene unos 300 metros cuadrados, alrededor de 250 objetos y una tienda propia.
El shop oficial comercializa desde libros sobre tumbas honorarias hasta tazas, remeras, cuadernos y objetos humorísticos vinculados con la cultura funeraria vienesa.

El cementerio también tiene un café junto a la entrada 2, un punto de información, audioguías en más de 20 idiomas y paseos en carruaje que recorren las tumbas de personalidades como Beethoven, Schubert y Falco. Entre octubre y marzo incluso se organizan visitas nocturnas con linternas.
Es, en varios aspectos, el antecedente internacional que más se acerca a lo que Buenos Aires proyecta para Recoleta.
Cementerio de Highgate: En el norte de Londres. Fue inaugurado en 1839. Alcanzó fama por su arquitectura funeraria victoriana, sus senderos invadidos por vegetación y las personalidades sepultadas allí.
La más célebre es Karl Marx, cuya tumba se convirtió en uno de los puntos más visitados del cementerio.
Highgate atravesó además un largo proceso de deterioro y recuperación. En los últimos años, sus administradores impulsaron proyectos para mejorar la experiencia de los visitantes y generar recursos destinados a la conservación.
En 2020 se anunció un plan que contemplaba un centro de visitantes, tienda y café, precisamente en el marco del creciente interés turístico por los cementerios históricos.

En la propia Londres existen otros modelos. Abney Park Cemetery, por ejemplo, cuenta con una tienda gestionada por el trust responsable del sitio, donde se comercializan libros y guías vinculados con la historia del cementerio.
Y en Bristol, Arnos Vale Cemetery, administrado por una organización benéfica dedicada a su conservación, posee café y gift shop dentro de su complejo patrimonial.
Cementerio Nacional de Arlington, Virginia: Fue establecido durante la Guerra Civil estadounidense y funciona como lugar de descanso de militares y figuras centrales de la historia del país.
Entre sus sitios más visitados están la tumba de John F. Kennedy y la Tumba del Soldado Desconocido, donde se realiza el tradicional Cambio de Guardia.
Su Welcome Center posee exposiciones, mapas, información para visitantes y una librería donde se comercializan publicaciones y recuerdos. No está permitido consumir alimentos ni bebidas alcohólicas dentro del cementerio ni en el centro de visitantes; sólo se permite agua.
No todos los cementerios que incorporaron una dimensión comercial lo hicieron bajo un esquema de concesión privada con fines comerciales. Highgate funciona mediante una organización benéfica y Arlington canaliza los ingresos de sus tiendas hacia la preservación y los programas de los sitios históricos.
GD/fl