SOCIEDAD
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El torneo de tapas, la grieta de escuderías y la teología según Milei

Las escuderías de la prensa gráfica se cruzan en una nueva fecha del torneo de portadas, mientras la política oficial suma un capítulo místico y el mapa de medios reacomoda sus fichas.

Tomás Rebord
Tomás Rebord | Web

Bienvenidos a una nueva entrega de Mañabord, la columna de análisis y opinión emitida en el stream de +Perfil. En esta emisión del martes 1 de septiembre de 2026, repasamos la agenda periodística del día a través de nuestra clásica e implacable escala de valores, donde la política, la estética de los medios y el pulso social se cruzan sin filtro para entender dónde estamos parados.

Iniciamos una nueva etapa en este ejercicio de lectura de la realidad a través de las portadas del día. Hay que decirlo: el torneo de tapas se convirtió rápidamente en un ecosistema fascinante. No se trata solo de ver qué dice la prensa, sino de analizar la estética, la intención y el despliegue de los medios gráficos como si estuviéramos presenciando una carrera de la Fórmula 1. En esta fecha nos encontramos con un panorama diverso. Por un lado, la sobriedad técnica de BAE Negocios, que cumple con consignas claras sobre la industria nacional pero termina entregando un producto aburrido, de mitad de tabla hacia abajo (4 puntos). En el otro extremo, Clarín demuestra por qué juega en las grandes ligas: entendió perfecto la noticia del día, el retiro de Lionel Messi, y se adueñó de la agenda con un despliegue visual impecable, ganándose un sólido 8.5. Lo de Olé (7 puntos) resulta paradigmático. Funciona claramente como la segunda escudería de la misma empresa; tuvo que desacelerar en la curva para dejar pasar a Clarín y no eclipsar su portada principal, en una suerte de orden de equipo empresarial a lo Ford v Ferrari.

Por el lado de la prensa popular, Crónica (5.3 puntos) nos regala su clásica estética saturada e incomprensible, apostando por un juego de palabras tan malo que termina sumando puntos por pura extravagancia («Leendario»), mientras que Diario Popular (5 puntos) prefirió no arriesgar y se quedó corto con una elección fotográfica llamativa. Por su parte, La Nación (5.5 puntos) entregó una propuesta elegante pero fría, demasiado solemne para un acontecimiento que exigía emoción. ¿La gran decepción de la jornada? Página/12, que directamente se despistó al salir a la pista con gomas lisas bajo la lluvia y no logró entrar en la puntuación.

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El presidente Javier Milei hablará en cadena nacional el jueves por el tema Malvinas

Más allá de la revisión de diarios, la coyuntura nos obligó a responder a ciertos ataques del entorno digital. Santiago Oría intentó ironizar sobre nuestra alianza estratégica con el grupo de Jorge Fontevecchia, demostrando no entender absolutamente nada de cómo funciona la construcción de poder ni la dinámica de medios. No hay audiencia pagando una suscripción para sostener este espacio; lo que hay es un medio tradicional dispuesto a financiar la amplificación de un contenido que nació de forma independiente. El agoberismo no rinde cuentas: consolida apoyos y genera consenso en todo el arco político y empresarial.

Pero el hecho verdaderamente insólito de la jornada lo protagonizó Javier Milei durante su presentación frente a los estudiantes de la escuela ORT. Escuchar al presidente de la Nación frente a chicos de 15 y 16 años sostener que Dios inventó el capitalismo, que la propiedad privada proviene de un mandato divino de los diez mandamientos y que Karl Marx era un satanista que escribía textos cripto-demoniacos supera cualquier análisis político convencional. Ver al jefe de Estado buscando la aprobación y la risa de un auditorio escolar con teorías místicas e ideológicas resultaría trágico si no fuera completamente insólito. Para esos alumnos, la visita institucional terminó convirtiéndose en un recuerdo surrealista sobre un mandatario que fue a su colegio a advertirles sobre el Demonio.

Entre el análisis estético de las portadas y el misticismo económico del Gobierno, la realidad argentina demuestra una vez más que la ficción se queda corta frente a la primera mañana.