SOCIEDAD
Presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición

Virginia Busnelli: “Ésta es una patología crónica y puede necesitar de medicación crónica”

En el Día Mundial de la Obesidad, el 4 de marzo, las cifras vuelven a encender alarmas: el 25,3% de quienes viven en Argentina es obeso y el 36,3% tiene sobrepeso. La OMS ya habla de más de 1000 millones de personas afectadas. Especialistas advierten que se diagnostica cada vez a edades más tempranas y muchas veces genera estigma y discriminación.

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GRAVE. De acuerdo con la última Encuesta Nacional, el 25,3% de la población argentina es obesa y el 36,3% tiene sobrepeso. | GZA Entrevistados / Freepik / Cedoc

Esta semana la salud pública pone su foco para tratar un tema grave global, que también afecta -y mucho- a quienes viven en Argentina: el sostenido crecimiento del peso promedio de las personas.

Según las cifras más confiables, hoy seis de cada 10 argentinos mayores de 18 años tienen sobrepeso o son obesos.

Durante buena parte del siglo XX los kilos de más fueron sobre todo un tema estético. Pero en los últimos lustros la visión cambió: el peso excesivo es una enfermedad. Y su presencia crónica está asociada con más de 200 posibles complicaciones de salud, incluyendo algunas muy comunes como la diabetes II, la hipertensión arterial, el colesterol elevado y graves como ciertos tipos de cáncer, entre otras.

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"Hoy ya vemos el problema del peso en chicos de jardín de infantes"

La Organización Mundial de la Salud la define como “enfermedad crónica caracterizada por un exceso de grasa corporal que puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles”. Y ya afecta a alrededor de 1000 millones de personas en el planeta, causando un deterioro y acortamiento de la calidad y la expectativa de vida.

Finalmente, aunque las miradas hegemónicas críticas han ido retrocediendo en los últimos años, el tema sigue estando presente a tal punto que muchos profesionales afirman que la gordura genera estigma.

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El tema es tan significativo que una decena de laboratorios invierte en buscar opciones farmacológicas que ayuden a remediar esta situación, algo que no deja de tener detractores que afirman que esta “medicalización” solo tiene afán de lucro, ya que si es una condición crónica, debería ser medicada de por vida. Lo que también genera un costo grande al sistema de salud.

La cuestión tiene infinidad de aristas y, para entender algunas, PERFIL entrevistó a la doctora Virginia Busnelli, especialista y actual presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN). Busnelli también es autora de libros sobre esta temática y, como entusiasta divulgadora, lanzó una serie de podcasts sobre el tema.

—¿Cuántos argentinos tienen sobrepeso?
—Las cifras más confiables que tenemos son una encuesta nacional que el Ministerio de Salud hizo en 2018, y de ahí surge que el 25,3% de la población argentina es obesa y el 36,3% tiene sobrepeso. Pero es un problema mundial: en 2024 la OMS estimaba que la cantidad de obesos en el mundo ya superó los 1000 millones de personas. 650 millones son adultos, el resto, niños y adolescentes, algo que también es muy grave.


—¿Qué pasa con los chicos?
—En el mundo hay unos 400 millones de chicos con obesidad. Pero la tendencia preocupante es la que demuestra el crecimiento del problema. Sabemos que entre adultos el problema se duplicó. Pero en el mismo tiempo entre los chicos, la cifra se multiplicó por cuatro. Y se le suma que también hemos ido notando una disminución de la edad a la que los chicos pasan a tener sobrepeso y obesidad.

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—¿Y la tendencia qué indica?
—La intuición y lo que vemos en los consultorios es que el problema se viene agravando en los últimos años. Dos datos apuntalan esta posibilidad: en el 2009, de toda la gente con exceso de peso, apenas el 14% era obeso. Para el 2018, dicho porcentaje creció hasta el 26%. Además, antes diagnosticábamos chicos obesos a los ocho o nueve años. Hoy el problema ya se ve en jardines de infantes.

—¿Qué pasó en la pandemia?
—Creemos que agravó la situación. Por lo que significó y porque luego no hubo políticas públicas consistentes para revertir la tendencia. Lo único que podría cambiar esta movida es la llegada de una nueva generación de fármacos. Sin embargo, es algo todavía muy reciente como para ver sus efectos poblacionales. Además, tenemos otro problema: el acceso a estos medicamentos, ya que, por ahora, su costo no puede ser afrontado por todos los que pueden necesitarlos.

—¿Se sigue considerando el sobrepeso como algo estético?
—Sí, la mirada social aún es mayormente estética. Los profesionales sabemos que esta es una enfermedad, que es compleja y que está relacionada con un riesgo aumentado de desarrollar otras patologías: diabetes, hipertensión, cardiopatías, neurológicas, depresión, ansiedad y hasta oncológicas.

—¿Conocemos las bases metabólicas de esta condición?
—Sí, básicamente, lo que se enferma en la obesidad es el tejido adiposo. En primer lugar, eso genera una disrupción de circuitos hormonales que causa aún más hambre. Y luego con el tiempo aparecen otras situaciones. Pero además también es grave lo que pasa a su alrededor: muchísima gente sigue viendo al obeso como alguien que se autogenera esto por falta de autocontrol. O sea, se le pone una culpa, un juicio moral y surge la discriminación y el estigma.

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EXPERTA. La doctora Virginia Busnelli, especialista y actual presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición

¿Los nuevos medicamentos funcionan? ¿O son negocios?
—Empecemos diciendo que las dietas no suelen funcionar para bajar de peso. Y fue ante ese fracaso que -hace ya varias décadas- aparecieron los primeros tratamientos farmacológicos. Como todo en la vida, algunos funcionaron y otros no tanto. En el último lustro apareció una nueva familia de medicamentos que muestran ser efectivos y, en general, bien tolerados. Básicamente, ayudaban a que la persona pierda alrededor del 10% de su peso corporal. Y son drogas pensadas para su uso en el largo plazo, para tratar una enfermedad crónica. Ahora está debutando una segunda generación que hace perder más peso aún.

—¿Y las críticas sobre la medicalización?
—Yo creo que se las critica un poco por ignorancia. O por historia, con años y años de debates estériles por las diferentes dietas. Y porque la sociedad, en su conjunto, todavía no entiende que se trata de una enfermedad crónica, que necesita medicación crónica. ¿Acaso la gente con hipertensión piensa que está mal tomar una pastilla por el resto de su vida para controlar su presión arterial? ¿O inyectarse por la diabetes?

—¿Qué funciona realmente para bajar de peso?
—Un tratamiento integral e individualizado para cada paciente, seguido por un profesional que tenga una mirada amorosa y paciente. Además, que ambos -médico y enfermo- vayan paso por paso en el tratamiento. Sumando cambios: alimentación saludable, cantidad y calidad del sueño, dejar el sedentarismo, apelar a medicación apropiada y en dosis necesarias. Diferentes formas de terapia y espacios de contención. Todo eso, además de lograr cambios en su propia percepción que sirvan para dejar atrás la culpa y el estigma asociado al sobrepeso y a la obesidad.

El ayuno intermitente, ¿sirve?

En los últimos años, la popularidad del ayuno intermitente ha ido creciendo, impulsada por las redes sociales, influencers y mensajes sobre su rápida pérdida de peso y sus beneficios metabólicos. Pero la evidencia científica indica que esta opción para adelgazar no está a la altura de su fama.

Una revisión Cochrane que combina y repasa los resultados de 22 estudios clínicos sobre este tema indica que el ayuno intermitente no genera una pérdida de peso clínicamente relevante en adultos con sobrepeso u obesidad.

Según los expertos, “es poco probable que el ayuno intermitente dé lugar a una mayor pérdida de peso en personas adultas con sobrepeso u obesidad comparado con los consejos alimentarios tradicionales o con no hacer nada”.

El equipo analizó la evidencia de 22 ensayos clínicos con 1995 personas adultas de Norteamérica, Europa, China, Australia y Sudamérica. Los ensayos examinaron varias formas de ayuno intermitente, entre ellas el ayuno en días alternos, el ayuno periódico y la alimentación limitada por intervalos de tiempo. La mayoría de los estudios realizó un seguimiento de los participantes de hasta 12 meses.

“El ayuno intermitente simplemente no parece funcionar para adultos con sobrepeso u obesidad que intentan perder peso”, concluyó Luis Garegnani, autor principal de la revisión del Centro Cochrane Asociado del Hospital Italiano de Buenos Aires. Y concluyó: “El ayuno intermitente podría ser una opción razonable para algunas personas, pero la evidencia actual no justifica el entusiasmo que vemos en las redes sociales”.

El sobrepeso en números

  • Es un problema importante de salud pública que se ha convertido en una de las principales causas de muerte en los países de ingresos altos.
  • En el 2022, 2500 millones de personas tenían sobrepeso, de las cuales 890 millones se consideraban obesas.
  • Se agrava: hoy, la cantidad de adultos con sobrepeso es el triple que en 1975.
  • De acuerdo con la última Encuesta Nacional, el 25,3% de la población argentina es obesa y el 36,3% tiene sobrepeso.
  • En Argentina, el 3,6% de los menores de 5 años son “obesos”.