SOCIEDAD
una experiencia solidaria en paises exoticos

Jóvenes pagan para trabajar de voluntarios

En lugar de los clásicos work and travel se inscriben en programas con ONGs de África, India o Latinoamérica. En los últimos cuatro años la cantidad de inscriptos se sextuplicó.

Postal. Macarena Espinal en Kenia.
| Gentileza Espinal.

Quieren salir a recorrer el mundo y conocer nuevas culturas, pero no se conforman con la tradicional travesía mochilera. Hoy, cada vez más jóvenes deciden viajar a un país exótico para ser voluntarios. Ya sea en una escuela de Africa, una ONG en India o en algún país de Latinoamérica, todos coinciden en algo: buscan salir de su “zona de confort” y sentirse útiles.
Macarena Espinal estudió ingeniería industrial, pero ansiaba contribuir en una realidad totalmente diferente. Por eso, al encontrar fotos de viajeros en África, no lo dudó: se puso en contacto con una ONG y sacó sus pasajes a Kenia. “Ahí les di clases a chicos, participé del armado de un dispensario médico, talleres de agricultura y charlas sobre prevención del VIH en distintas aldeas”, cuenta.
Si bien los programas de work and travel rentados son aún los más requeridos, la tendencia del voluntariado crece a pasos agigantados. En Aiesec, organización que gestiona intercambios internacionales, cuentan que, en 2010, alrededor de 150 jóvenes en todo el país habían participado de un programa de ese tipo. El año pasado, esa cifra superó los 1.100. “El crecimiento es exponencial y se debe a una mayor conciencia social de los jóvenes. En los últimos años aumentó el número de postulantes que participan en ONGs”, asegura Victoria Mascarenhas, presidenta del comité Aiesec en Buenos Aires. Allí, los programas duran de 6 a 12 semanas y los voluntarios se deben costear los pasajes y seguros, y en algunos casos reciben ayuda para alojamiento y comida.
“Hacía tiempo que quería viajar, pero no como turista. La mejor manera es tener un propósito, una responsabilidad que te haga sentir que vale la pena que estés ahí”, explica Fernando Wierna, que viajó a Rusia y luego a Costa de Marfil. “Muchos dirán que se puede ayudar de la misma manera en tu país, y es cierto. Pero el crecimiento personal al hacerlo en un mundo tan distinto al de uno se multiplica por mil”.
A diferencia de los típicos work and travel en hoteles o centros turísticos, los voluntarios prefieren estar en contacto con una realidad más cruda. Por eso, María López Castell viajó a India apenas se recibió de abogada. “Era hija única, graduada de colegio y universidad privada. El voluntariado me permitió romper esa estructura”, indica. Ramiro Séré, que realizó una estadía en una escuela de un barrio marginado de Brasil, acuerda: “No fui en busca de remuneración, sino a vivir una experiencia intensa”. Lo mismo le ocurrió a Tamarí Martinetti en Colombia.
Según Elinel Atencio, presidenta de Education First (EF) en Argentina, en su empresa de viajes educativos tuvieron que abrir esa posibilidad por el interés de los alumnos. “Es algo que crece en los jóvenes de hoy: hay una cultura del voluntario, de nutrirse trabajando, más allá del dinero”, explica. “Son jóvenes de entre 17 y 29 años que quieren viajar por el mundo, pero en vez de ser mochileros prefieren conocer mientras aprenden y ayudan”.