SOCIEDAD

Las maravillas consagradas de las Cataratas del Iguazú

Miles de personas las votaron como la tercera maravilla natural del mundo entre 454 lugares paradisíacos. Fotos.

Los deslumbrantes paseos de luna llena a las cataratas se dan una vez por mes durante unos cuatro días.
| Liliana Reynoso

Los tupís y guaranís que acompañan al explorador Álvar Núñez Cabeza de Vaca el 1 de febrero de 1542, dan fuertes paletadas que impulsan la canoa a través del Iguazú. Rodeado de espesa selva, espera continuar lo más que pueda por el río para llegar al fuerte Asunción, entonces sede de la gobernación del Río de La Plata. El agua, rojiza como la tierra de las costas que baña, está infestada de pirañas y yacarés.

Tras algunos días de navegación, un imponente rugido los puso en alerta. Los españoles imaginan la fuente como los dragones que batalló San Jorge, y luego lo divisan. Parece el fin del mundo que describían los mismos que se burlaron de Colón tiempo atrás. Los nativos le indican que hay peligro adelante: de continuar navegando en ese rumbo caerían cerca de 100 m a una serie de saltos a lo largo de 150 m, escondidos por una columna de agua en suspensión que se eleva decenas de metros por el aire. Sin esperar mucho de su travesía, el español Núñez acaba de descubrir una maravilla del mundo: las Cataratas del Iguazú.

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Este patrimonio de la humanidad, declarado así por la UNESCO en 1984 y 1986, es un lugar que sólo admite un adjetivo: paradisíaco. Ubicado en el extremo noreste de Argentina y una pequeña parte en Brasil, estos saltos de agua de más de 80 m de altura se extienden por casi 3.000 m.