Es uno de los territorios más remotos del planeta, separado de las grandes ciudades, fábricas y centros de consumo por miles de kilómetros de océano. Pero ni siquiera la Antártida parece quedar al margen de una de las formas más extendidas de contaminación moderna. Un equipo de científicos acaba de confirmar, por primera vez, la presencia de microplásticos en los sedimentos de la zona intermareal de Isla Decepción, en la Antártida. Y los encontraron en todos los sitios que analizaron.
El trabajo, liderado por María B. Alcauza y firmado junto a Iván Franco Rodil, Sandra Manzano, Rocío Quintana y Carmen Morales Caselles, investigadores vinculados a la Universidad de Cádiz y su Instituto Universitario de Investigación Marina, analizó muestras superficiales tomadas en el sector superior de la zona intermareal de diez sitios de Isla Decepción. De 113 partículas inicialmente seleccionadas como posibles microplásticos, los análisis químicos confirmaron que 69 efectivamente lo eran.

La contaminación apareció en todas las playas muestreadas, aunque con importantes variaciones. Las concentraciones oscilaron entre 2,22 y 31,09 partículas por kilogramo de sedimento. El punto con mayor presencia fue Whalers Bay —Bahía Balleneros—, uno de los lugares históricos y más visitados de Isla Decepción. Los autores destacan, sin embargo, que los niveles encontrados son menores que los registrados en playas urbanas y en algunos sedimentos marinos antárticos poco profundos.
¿De qué están hechos esos diminutos residuos?
El polietileno fue el polímero más abundante y representó el 40,83% de los microplásticos identificados, seguido por el PVC, con el 28,57%. Además, casi tres cuartas partes —73,91%— tenían forma de pequeños fragmentos y otro 21,74% eran films. Los colores más frecuentes fueron ámbar, verde y gris. La composición química se determinó mediante espectroscopía infrarroja, una técnica que permite identificar el tipo de polímero y evitar que simples partículas minerales u orgánicas sean contabilizadas erróneamente como plástico.
Uno de los interrogantes era si el tipo de sedimento podía explicar dónde se acumulaban más partículas. No fue así: los investigadores no encontraron una relación estadísticamente significativa entre la abundancia de microplásticos y el tamaño de los granos del sedimento. Plantean que la dinámica del oleaje y de las mareas de una zona intermareal puede favorecer una continua remoción y redistribución de estos residuos, lo que ayudaría a explicar por qué las concentraciones resultaron relativamente bajas frente a otros ambientes.
La gran pregunta es cómo llegó el plástico hasta allí. Y el estudio no señala una única respuesta. Isla Decepción alberga actividad científica y es, además, uno de los destinos más frecuentados por el turismo antártico. Investigaciones anteriores ya demostraron que las estaciones científicas pueden liberar microplásticos hacia ambientes costeros próximos, incluso cuando existen sistemas de tratamiento de aguas residuales.
A esas fuentes locales podrían sumarse residuos relacionados con barcos y visitantes. Pero una parte podría llegar desde mucho más lejos. Los investigadores recuerdan que los microplásticos pueden ser transportados a grandes distancias por las corrientes marinas y que determinados procesos oceánicos permiten atravesar la barrera que supone el Frente Polar Antártico. Esa posibilidad resulta particularmente relevante en el sector occidental de la Península Antártica, donde el frente se encuentra relativamente próximo al continente. Es decir que una fracción del plástico hallado podría tener un origen situado a cientos o incluso miles de kilómetros.
El trabajo es presentado por sus propios autores como una evaluación preliminar y, más que cerrar preguntas, establece un punto de partida. Sus datos constituyen la primera línea de base específica sobre microplásticos en sedimentos intermareales de Isla Decepción y permitirán comparar qué ocurre en los próximos años. La conclusión de fondo es difícil de ignorar: la contaminación plástica ya puede medirse incluso en playas de una isla antártica. Y saber si aumenta, disminuye o cambia su origen exigirá mantener el monitoreo a largo plazo.
De dónde pueden venir los micropásticos de la Antártida
Isla Decepción ofrece un escenario particularmente interesante para tratar de responder una pregunta que se repite en toda la Antártida: ¿cómo llegan contaminantes asociados con la actividad humana a lugares tan aislados? Los autores proponen dos grandes caminos que no son excluyentes: fuentes locales vinculadas con presencia humana y transporte a larga distancia mediante el océano. La isla alberga estaciones científicas y recibe un considerable flujo de visitantes, factores capaces de introducir residuos en el ambiente.
Otra investigación publicada también en 2026 aporta una pista adicional. Un estudio independiente realizado dentro de la caldera de Isla Decepción encontró microrresiduos en sedimentos de playa, aguas superficiales y organismos marinos, y registró mayores concentraciones cerca de estaciones de investigación. En ese trabajo, los autores señalaron a las actividades humanas locales como una fuente importante y reclamaron mejorar el manejo de residuos y sostener programas de monitoreo.
Pero eso no significa que todo el plástico encontrado haya sido generado en la propia isla. Corrientes, remolinos oceánicos y otros mecanismos de transporte pueden desplazar materiales desde latitudes mucho menores y permitir que atraviesen el océano antártico. Por eso, determinar la procedencia exacta de cada partícula continúa siendo uno de los desafíos científicos centrales.
cp