La cantidad de nacimientos anuales en la Argentina está en caída libre: bajó un 41 % entre los años 2014 y 2023. En 2024, la tasa global de fecundidad en nuestro país se ubicó en 1,2 hijos por mujer. La tendencia local se inscribe en un proceso global donde la fecundidad en gran parte de las naciones se encuentra por debajo del nivel que se conoce como de "reemplazo generacional", fijada en 2,1 hijos por mujer.
El presidente Javier Milei atribuyó esta caída al impacto de la legalización del aborto en el país. Sin embargo, los registros demográficos mundiales señalan que la disminución de los nacimientos afecta de igual manera a países sin legislación sobre interrupción de embarazo. Los especialistas explican que el fenómeno responde a transformaciones sociales estructurales y no a una sola variable jurídica.
Menos bebés, indicio de una sociedad en transformación
Las razones detrás de este cambio de tendencia demográfica son múltiples y complejas, y se asocian a buenas y malas noticias. Entre las buenas, se cuenta la mayor capacidad de decisión de las mujeres respecto de la maternidad: el avance en la educación y la cobertura sanitaria ayuda a reducir los embarazos adolescentes y mejorar la planificación familiar. Entre las malas, aparece la incertidumbre sobre el futuro, que en múltiples dimensiones dificulta la decisión de traer hijos al mundo. Así lo revela el estudio "¿Por qué tenemos menos hijas/os? Cinco claves para entender la caída de la natalidad", escrito por Silvina Ramos, investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES).
El reporte asocia esta tendencia demográfica a cinco razones principales, todas ellas complejas: la redefinición de las opciones de vida de las personas, la persistencia de arreglos tradicionales de género en el ámbito doméstico, la inestabilidad material para planificar proyectos de largo plazo, la mayor capacidad de decisión reproductiva de las mujeres y la desconfianza frente al porvenir de las nuevas generaciones.
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También plantea que, más allá de medir la cantidad de bebés que nacen, vale preguntarse por la libertad reproductiva: la capacidad de las personas de tener los hijos que quieran tener, sin estar limitados por mandatos sociales ni por condiciones materiales.
Tener hijos, de una obligación a una elección
El informe sostiene que los procesos culturales de secularización e individualización de las sociedades contemporáneas están redefiniendo el lugar de la familia en el siglo XXI. Según la autora, casarse y tener hijos, que en el siglo XX se presentaban como "estaciones casi inevitables de la vida adulta", hoy funcionan como elecciones individuales frente a otros proyectos de vida.
En esta línea, el acceso de las mujeres a niveles superiores de educación y al empleo formal puede postergar la formación de parejas e influir de forma directa en la reducción de la cantidad de hijos. "Tener hijos deja de ser un destino", sostiene Ramos, y asegura que, paradójicamente, "ser un buen padre o una buena madre se volvió una tarea cada vez más exigente". Esto hace que se la decisión de formar una familia sea "más reflexiva, más tardía y, muchas veces, menos frecuente".
La desigualdad de género frena las decisiones reproductivas
El documento del CEDES expone una asimetría entre el avance de las mujeres en el ámbito profesional y público y la inercia institucional, dado que las tareas de cuidado y los trabajos domésticos recaen todavía sobre la población femenina en los hogares. Esta distribución desigual del tiempo desincentiva la decisión de ampliar la familia, ya que establece una competencia directa entre el tiempo y la disponibilidad emocional que una mujer le dedica a su vida profesional y a su maternidad.
Una encuesta nacional realizada este año por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) Argentina y la consultora Voices respalda esta hipótesis y muestra algo nuevo: que muchas mujeres tienen menos hijos de los que quisieran. El 57% de las personas de entre 18 y 45 años no logra concretar su número deseado de hijos, mientras que el 32% tiene la cantidad que desea y un 11% tuvo más de los que hubiera querido. El estudio señala que el 18% de las mujeres identifica al reparto desigual de las tareas de cuidado como la causa para tener menos hijos de los deseados.
Tal como señaló Claudia Goldin, premio Nobel de Economía 2023, este desajuste entre la creciente autonomía de las mujeres y la persistencia de arreglos tradicionales de género da cuenta de que la baja fecundidad no expresa una menor preferencia por los hijos. sino la dificultad persistente de compatibilizar autonomía, desarrollo profesional y familia.
Incertidumbre y fecundidad: para tener hijos es necesario poder imaginar el futuro
El estudio del CEDES destaca que planificar un nacimiento requiere de un horizonte temporal con cierta previsibilidad material. La precarización del mercado de trabajo, la inestabilidad de los ingresos y las dificultades de acceso a la vivienda configuran barreras objetivas. El temor a la falta de recursos económicos hace que una decisión irreversible y de largo plazo como tener un hijo se postergue.
Nacen menos bebés: una nueva “culpa” para las mujeres
Ramos afirma que la postergación prolongada no se traduce en nacimientos tardíos, sino en la cancelación del proyecto reproductivo. La inseguridad económica no anula el deseo de maternidad, pero altera la posibilidad de transformarlo en una decisión realizable. Los datos argentinos muestran que la crisis económica funciona como un factor de disuasión demográfica.
Pero no se trata solo de problemas económicos. "Tener hijos implica inevitablemente proyectarse hacia adelante", sostiene Ramos. La investigación incorpora factores subjetivos vinculados a la percepción del porvenir colectivo: las generaciones más jóvenes manifiestan preocupación por el cambio climático, la inestabilidad política y las guerras. Diversas aproximaciones asocian la ansiedad ambiental (o "ecoansiedad") con una menor disposición a traer hijos a un mundo que se percibe como incierto, e incluso amenazante.
Otra hipótesis que se analiza son las consecuencias de la digitalización en los vínculos, que cambian los patrones relacionales y modifican los procesos de formación de parejas, en escenarios diferentes a los tradicionales en relación a la decisión de tener hijos.
Las políticas de salud reproductiva amplían los derechos
La baja de la natalidad también se relaciona con la expansión de la capacidad de decisión sobre el propio cuerpo de las mujeres, reporta el CEDES. El acceso a métodos anticonceptivos y a la educación sexual integral previene los embarazos no planificados.
La aplicación del Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (Plan ENIA) redujo esta tasa a menos de la mitad entre 2017 y 2023. Los estudios de la metodología MILENA del UNFPA confirman que las madres adolescentes tienen más dificultades para terminar los estudios secundarios y, en el tiempo, para conseguir empleo. En este sentido, el descenso de la natalidad infantil y adolescente a partir de las políticas públicas para reducir los embarazos no deseados mejora la inserción social de las jóvenes.
De la alarma demográfica a la libertad reproductiva, un cambio de enfoque
El informe concluye que la caída demográfica "puede expresar procesos sociales muy diferentes", algunos positivos, como la ampliación de la autonomía y la expansión de derechos de las mujeres, y otros negativos, como precariedad laboral, falta de vivienda, desigual distribución de los cuidados y/o la imposibilidad de conciliar trabajo y familia.
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"Ya no alcanza con preguntarnos por qué las personas no quieren hijos o quieren menos hijos”, sostiene Ramos, y agrega: "Debemos preguntarnos también por qué muchas personas no pueden tener los hijos que quisieran". En esa línea, Ramos diferencia entre "no tener un hijo porque se pudo decidir no tenerlo y no tenerlo porque no existen las condiciones para tenerlo".
La UNFPA destaca el concepto de libertad reproductiva, donde el motivo de preocupación no sería que las sociedades tengan demasiados o demasiado pocos hijos, sino que las personas no puedan realizar sus propias aspiraciones reproductivas. El estudio concluye que la baja de la tasa de natalidad puede ser una oportunidad para pensar qué sociedad se quiere construir, y buscar ya no un mayor número de nacimientos, sino las condiciones necesarias para que todos los ciudadanos puedan tener y criar los hijos que deseen.
MB/ff