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SOCIEDAD / tips para sobrevivir a la convivencia
domingo 2 junio, 2019

Nuevas terapias de pareja para aprender a pelearse bien

El psicólogo Sebastián Girona escribió libros y una obra de teatro con herramientas para perder el miedo a confrontar. “De a dos, el esfuerzo tiene mala prensa”, dice.

por Clara Fernández Escudero

En escena. En el teatro Border, Girona pone a una pareja en conflicto y lo resuelve en el ‘consultorio’. Foto: Gza. Girona
domingo 2 junio, 2019

Lo hacemos con nuestros padres y hermanos, desde chicos, porque es una de las primeras herramientas con las que contamos para probar los límites y reafirmar nuestra personalidad. También con los hijos, con los amigos; con los colegas, los jefes, los empleados. Pero con las parejas, pelea parece ser una palabra tabú. Algo que se evita a toda costa, no solo por el mal trago, sino –sobre todo– por el temor a los resultados adversos.

Sin embargo, para el psicólogo Sebastián Girona (43), son todo lo contrario: para él, pelearse con el otro con quien compartimos nuestra vida –nota: se usará aquí todo el tiempo el genérico, pero todo lo que sigue aplica a parejas heterosexuales e igualitarias; de cualquier edad y sin distinción de antigüedad ni condición socioecónomica– es el camino más productivo para lograr que esa relación esté sana y perdure en el tiempo.

Girona es, además de psicólogo clínico de la Universidad de Buenos Aires, especialista en psicoterapias psicoanalíticas y cognitivas contemporáneas; y desde hace unos años, divulgador: más allá del consultorio, escribió dos libros que dan herramientas sobre cómo resignificar el contrato en la pareja y aprender a pelearse –el último lo presentó en la Feria del Libro–, tiene una columna sobre vínculos en la radio online @escuchocongo, en el programa de Clemente Cancela, a la que bautizó “Baldear el corazón” y, desde este año, presenta un sábado por mes Terapia en escena, una obra que escribió junto con una pareja de actores a la que somete a distintos conflictos que luego resuelven en el consultorio.

“Dentro de una pareja, el esfuerzo tiene mala prensa, pero una relación sana se construye con trabajo: en el enamoramiento, la pareja tiene viento de cola, pero después tiene que cruzar el desierto”, explica. “El único momento en el que el esfuerzo vinculado al amor pareciera estar aceptado es antes de que esa pareja se concrete: ‘trabajé un montón para que me dé bola’, ‘me costó mucho trabajo conquistarlo’, etcétera. Empecé a ver eso en el consultorio: que había muchos vínculos que funcionaban mal y a trabajar sobre la idea del contrato, para tratar de solucionar los conflictos, sobre todo en esas parejas asimétricas en donde uno tiene más derechos y menos obligaciones que el otro”.

Entrenamiento. Aunque en psicología “es muy difícil generalizar, hay temas de conflicto que se repiten”, dice Girona.

Entonces, ¿por dónde empezar? “Lo primero es tratar de reconocer cómo circula el poder en mi pareja; qué clase de contrato tengo yo en mi relación. Es un contrato como todos, pero tiene una diferencia: tiene aspectos conscientes e inconscientes, el ‘para toda la vida’, la renegociación ante los mandatos propios y los impuestos por años de sociedades patriarcales. Aparecen aún esas cosas, más suavizadas, podemos cuestionar ciertos mandatos, pero igual siguen existiendo por esa idea de magia, de amor romántico; y por el trabajo que implica construir un vínculo”, explica.

Luego, asegura, “no hay que temerle al conflicto: nos vamos a pelear. Desconfío de las parejas que no se pelean nunca, es tan poco sano como pelearse todo el tiempo. Cuando se arma un vínculo, tendremos un montón de cosas en común y otras diferentes. Esas diferencias son claves, pueden ser un riesgo o una oportunidad, me puedo enriquecer de la diferencia del otro, sin imponer poder: vos me querés cambiar. Tiene que haber un componente de admiración; no idealizado. Y pensar que vamos a tener diferencias y ver cómo las vamos a gestionar, podemos empezar a pensar en herramientas para pelearnos”.  

◆ Hablar desde lo que le pasa a uno y no al otro. “Cambiar el discurso para no criticar al otro. En lugar de decir: ‘Ayer habíamos quedado en que vos te ocupabas de la cocina, y siempre me hacés lo mismo’ –lo más probable es que el otro se defienda–, decir:  ‘A veces me siento mal cuando pasa lo que pasó ayer porque habíamos quedado en algo y siento que no se respeta, y me duele, porque no me siento considerado’. Puede sonar manipulador, pero si es genuino, no lo es: expone los sentimientos antes que la crítica”, asegura Girona.

◆ Puntualizar. “No vamos a hablar de todo lo de nuestras vidas, del pasado, del futuro; solo de lo que nos pasa en el momento. Poder pensar que nosotros encontremos algo en común, genuino y real, para bajar la defensa”.

◆ Asumir que en toda pareja existen problemas que no tienen solución. “Aprender a diferenciarlos de los otros, para poder enfocarse en los que sí lo tienen. Una buena herramienta para eso es el humor: si tu mamá está en casa todos los días, se puede decir: ‘Ah, no sabía que tu mamá se había mudado’, sobre todo en las parejas que perduran en el tiempo, para poder renovar el contrato: las parejas acarrean el peso de la convivencia, de los hijos –si están–, de la rutina”, detalla el psicólogo.

◆ Tener la obligación de mirar al otro. “Parece obvio, pero buscar esos espacios es fundamental. Es sorprendente la cantidad de parejas que no salen solas porque tienen hijos, salen siempre con la familia o con los amigos. No es necesaria una gran parafernalia, pero hay una obligación: salir del narcisismo y ver al otro”, concluye.

 

 


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