SOCIEDAD
Ministerio de educación porteño

Nuevo protocolo escolar: docentes y alumnos deberán ordenar las aulas

La cartera ministerial estableció un marco común para escuelas públicas y privadas de todos los niveles. Alumnos y docentes deberán colaborar para dejar aulas y espacios comunes ordenados y se promoverá la participación estudiantil frente a daños intencionales.

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Marco. El reglamento crea la figura del Embajador del cuidado. | Gza. CABA

La escena es cotidiana: termina la jornada, suena el timbre y cientos de alumnos abandonan las aulas. Pero, a partir de ahora, en las escuelas porteñas habrá una consigna adicional: el espacio utilizado deberá quedar limpio, ordenado y en condiciones adecuadas para quienes lleguen después.

La regla forma parte del nuevo Marco general para la cultura del cuidado en establecimientos educativos, creado por el Ministerio de Educación de la Ciudad.

La medida abarca todos los niveles y modalidades, tanto de gestión estatal como privada, y busca extender al conjunto del sistema prácticas que algunas instituciones ya aplicaban.

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El esquema distribuye responsabilidades: los estudiantes deberán cuidar aulas, patios, comedores, mobiliario, paredes, baños y espacios verdes; los docentes acompañarán la construcción de esos hábitos y los equipos directivos tendrán que liderar su implementación.

“En algunas escuelas de la Ciudad, y en muchos sistemas educativos del mundo, el cuidado y el mantenimiento del orden y la limpieza es tarea de toda la comunidad educativa”, explicó la ministra Mercedes Miguel. Según la funcionaria, el objetivo es extender esas experiencias y establecer “un marco común” para todas las escuelas porteñas.

La iniciativa parte también de una observación pedagógica: los hábitos de orden, muy presentes durante el jardín de infantes, tienden a debilitarse a medida que avanza la escolaridad, particularmente en el secundario. Para el Ministerio, cuidar el lugar que diariamente comparten cientos de miles de estudiantes no es solamente una cuestión de mantenimiento edilicio: también debería formar parte del aprendizaje y de la construcción de hábitos.

El protocolo propone mecanismos concretos. Habrá Embajadores del cuidado, con cursos que rotarán semanalmente para verificar sectores del establecimiento, y Últimos minutos para el cuidado del espacio, destinados a revisar aulas y lugares utilizados antes de cambiar de actividad o terminar la jornada. También se sugieren estaciones ambientales, campañas de despapelización, murales estudiantiles, huertas, jardines de polinizadores y jornadas de reparación de mobiliario.

Uno de los capítulos más sensibles es el del vandalismo. Un diagnóstico realizado por la Universidad de San Andrés junto al Ministerio porteño, que incluyó a 3.000 estudiantes de primero a tercer año de 42 secundarias de las 15 comunas, encontró una relación entre clima institucional y conservación de la infraestructura: donde existe mayor respeto mutuo aumentan las conductas de cuidado y disminuyen los daños. También detectó un “efecto contagio”: cuando los chicos perciben que sus compañeros cuidan la escuela, crece su propio compromiso.

En esa línea, los daños intencionales que no exijan una intervención urgente serán abordados por la propia comunidad educativa. Ante grafitis, bancos o puertas rotas deliberadamente o destrozos en baños, el equipo de conducción y la cooperadora deberán elaborar una estrategia para reparar o subsanar el daño. Entre las alternativas previstas aparecen jornadas de recuperación con participación de los estudiantes.