miércoles 07 de diciembre de 2022
SOCIEDAD Efemérides 15 de octubre

Quién fue realmente Mata Hari, la mujer fatal y la espía que no quería morir

Con una familia rota y una hija que nunca pudo recuperar, la agente H-21 se desplomó sin arrepentimientos delante de un pelotón de fusilamiento en Francia. Se ganaba la vida haciendo strip-tease para los ricos y poderosos de París hasta que se enamoró de un piloto ruso 23 años más joven, y perdió la cabeza. Sus restos fueron robados y su leyenda se agigantó con películas, series y novelas.

Mata Hari era terrible, siempre lo fue. Se hizo famosa porque siendo espía francesa, Francia descubrió que, durante la Primera Guerra Mundial, era también una espía a favor de Alemania. Y no se lo perdonaron. Su magnetismo irresistible no le sirvió delante del pelotón de fusilamiento que la desplomó el 15 de octubre de 1917.

Irresistible y con vida cara -en París, vivía en Champs Elysées-, antes del espionaje era una stripper famosa, con contactos en los más altos círculos militares y políticos de su tiempo

El poder siempre la había tentado. Cuando sólo era Margaretha Geertruida Zelle,(1876-1917) la hija del fabricante de sombreros de Leeuwarden, en los Países Bajos, no pudo soportar el divorcio de sus padres, tampoco el segundo matrimonio del padre, ni convertirse en la madre postiza de sus tres hermanos. Dejó su casa y se fue a vivir con su padrino y luego también debió dejarlo, cuando se supo que había tenido un amorío con el director de la escuela donde estudiaba. Margaretha tenía 16 años. 

Cuando tenía 18 años, encontró su futuro leyendo el diario: el capitán Rudolf MacLeod, un militar que la aventajaba en 20 años, publicó una solicitada para conseguir esposa y mudarse a Java, la isla de Indonesia a donde lo habían destinado. Se casaron en Amsterdam, en 1895; dos años más tarde nacía su primer hijo, Norman-John, y el año siguiente, la nena, Louise Jeanne. 

Los chicos mantenían unido un matrimonio mal avenido, pero cuando la empleada doméstica envenenó a toda la familia por maltrato a los nativos, el hijo mayor murió. El padre se entregó a la bebida y Margaretha comenzaba a perfilarse Mata Hari: estudió las danzas balinesas y practicaba las artes amatorias orientales aprendidas en el Kama Sutra, el Ananga Ranga y varios textos taoístas. 

Le resultaba divertido y, mientras el esposo malherido contraía sífiles, Mata Hari olvidaba sus penas en la fugacidad. Al regresar a Amsterdam, el matrimonio se disolvió y Margaretha perdió la tenencia de su hija “por libertinaje”.

Margaretha Geertruida Zelle

 

Margaretha Geertruida Zelle
Experta en artes amatorias orientales y danzas birmanas, fue famosa entre todos los poderosos de su época.

 

Quién fue realmente Mata Hari

Inmediatamente se fue a vivir a París y comenzó a modelar con su nombre de casada, lady MacLeod y esos fueron los días de una hambruna que nunca había conocido. Hasta que, morocha, torneada y de pelo largo como su madre, se inventó el personaje convincente de princesa exótica de Java –Matahari signfificaba “el ojo del día”, y pasó el invierno como bailarina de strip-tease en el Museo Guimet. Arrancaba 1905 y lo peor parecía haber quedado atrás.

Su ficción funcionó y Mata Hari trabajaba a sala llena, bailando las “danzas sagradas de su infancia”, vestida con velos transparentes que se iba quitando hasta “desnudar” su cuerpo, envuelto en un catsuit color piel desde los tobillos hasta el cuello. En realidad, nunca se la vio desnuda, pero lo parecía. Los pechos, los brazos y la cabeza cubiertos con tocados y brazaletes de piedras, perlas y cadenas, la bailarina oriental embrujaba desde “su Java natal”.

Su público era la alta sociedad parisina y, aunque no era despampanante, se vendía bien. Al menos hasta los 34 años, cuando las curvas comenzaron a alisarse y los pechos a flaquear. Fue entonces cuando paulatinamente dejó de bailar y fortaleció el segundo aspecto de su portfolio laboral: la meretriz bien paga. 

Fue así como conoció a Guillermo de Prusia, un playboy mujeriego que quería hacer pasar al Kaiser, su padre, por demente, para adelantar su herencia política.

 

Mata Hari, mujer fatal

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Margaretha Zelle recordó que también tenía corazón y se enamoró de un aviador ruso 17 años menor que ella, Vadim Maslov, que perdió un ojo en un enfrentamiento aéreo con alemanes. Acudió a sus contactos de charreteras y les pidió viajar para verlo. Fue entonces cuando al Capitán Georges Ladoux, del Servicio de Información de Francia, el Deuxième Bureau, se le ocurrió contratarla como espía

A quién tendría que espiar para poder ver a su rusito? A un viejo conocido, el Príncipe Heredero Guillermo II. Mata Hari aceptó, a cambio de 1 millón de francos.

Sin embargo, parece que el futuro Kaiser era el heredero menos involucrado y estaba lejos del avezado estratega que presumieron los franceses. Y ambos bandos se impacientaban.

Margaretha Geertruida Zelle

 

Margaretha Geertruida Zelle
Conoció a su marido cuando él publicó un aviso para conseguir una esposa que lo acompañara a Java. Ella se hizo pasar por nativa de Indonesia para que la contrataran.

No fue fehacientemente comprobado que Mata Hari se había vendido a los alemanes como doble agente, para disimular su demorada permanencia entre ellos. O puede haber sido que Walter Nicolai, el general en jefe de espías alemanes perdiera la paciencia con los datos insustanciales que Mata Hari le vendía como información secreta

Lo cierto es que en 1916, la falsa indonesia, la cortesana experta en artes amatorias ya tenía los días contados. Decidido a limpiar la imagen militar débil del heredero del Kaiser, Nicolai comenzó por Mata Hari. 

 

La espía

En enero de 1917, la destruyó con una señal de radio emitida desde Berlín, en una frecuencia que sabían que Francia ya había interceptado. En el mensaje elogió las tareas del  “Agente H-21”, brindando datos que sólo podían asociarse con la striptease neerlandesa. Es decir: quería que los franceses supieran que era espía alemana.

El 13 de febrero de 1917, arrestaron a Mata Hari en París, cuando estaba en su habitación del Hotel Elysée Palace. Pensando que sus encantos podrían salvarla, pidió que le dieran tiempo para ir al toilette a cambiarse, pero regresó desnuda, ofreciéndolesl bombones  en un casco militar alemán.

El juicio comenzó el 24 de julio de ese año, bajo la acusación de ser espía de Alemania, responsable de la muerte de 50 000 soldados franceses. Aunque las pruebas que se presentaron fueron dudosas (un frasco de tinta invisible en su cuarto) o incluso inventadas, para muchos no pudo haberle dicho a los alemanes mucho más que lo que publicaban los diarios de Europa. 

Para no pocos, Mata Hari fue el chivo expiatorio de una Francia que perdía la guerra. 

 

La espía que no quería morir

 

Mata Hari le escribió una carta al embajador neerlandés en París, pidiéndole ayuda: "Mis conexiones internacionales se deben a mi trabajo como bailarina, nada más... Debido a que realmente no espié, es terrible que no pueda defenderme", le decía. 

"Sin escrúpulos, acostumbrada a hacer uso de hombres, ella es el tipo de mujer que nació para ser espía", dijo el capitán Pierre Bouchardon, durante el juicio.

Su peor momento fue cuando su amante ruso Maslov, se negó a testificar a su favor en juicio, diciendo que le daba lo mismo si era condenada o no. Dicen que ella se desmayó cuando su abogado se lo contaba. 

Presionada por el interrogatorio del juicio, la misma acusada admitió que había recibido dinero para ser espía alemana y no hubo vuelta atrás. Intentó decir que amaba a Francia como su segunda patria.

Margaretha Geertruida Zelle
Cuando era espía.

 

“¿Una ramera? Sí, pero una traidora, ¡nunca!”, dijo en su defensa durante el juicio. Su abogado, Édouard Clunet no pudo hacer mucho; tampoco la Fundación Mata Hari, creada para salvarle la vida. “Tal vez ella no era del todo inocente, pero parece claro que no era la espía maestra cuya información envió a miles de soldados a la muerte, como se ha dicho", decía el escrito en el que la Fundación solicitaba la apelación de la sentencia.

Sin embargo no le dieron lugar y fue fusilada por 12 soldados franceses en la Fortaleza de Vincennes. Un periodista británico,   Henry Wales, estuvo presente y en su crónica señaló que la mujer fatal no quiso que le vendaran los ojos ni la ataran a un poste para que no se desplomara en el suelo.

Después de que la ráfaga de disparos sonó, "lenta, inerte, se acomodó de rodillas, con la cabeza siempre en alto, y sin el menor cambio de expresión en su rostro. Por una fracción de segundo pareció tambalearse allí, de rodillas, mirando directamente a los que le habían quitado la vida. Luego cayó hacia atrás, doblando la cintura, con las piernas dobladas debajo de ella", describió Wales. 

Como si restaran dudas, “un suboficial se le acercó, sacó su revólver y le disparó en la cabeza, para asegurarse de que estuviera muerta”, prosiguió la crónica fatal.

 

La mujer fatal que nadie reclamó

Nadie reclamó su cuerpo. Le cortaron la cabeza y la embalsamaron para conservarla en el el Museo de Anatomía de París. Sin embargo, en el año 2000 se dieron cuenta de que hacía mucho tiempo que cabeza y cuerpo habían desaparecido. Nunca los encontraron.

Varias veces había intentado recuperar a su hija, pero MacLeod se mudaba para impedirle que tuvieran contacto.

A décadas de haber desaparecido, su leyenda se agigantaba. En 1934, el semanario The New Yorker publicó una reseña en la que la describía delante del pelotón de Vincennes, con "un elegante traje a medida, amazónico, especialmente hecho para la ocasión y un par de guantes blancos nuevos". 

Margaretha Geertruida Zelle
La imagen que le tomaron cuando la detuvieron en París. La fusilaron cuando tenía 41 años.

Otro relato aseguraba que lucía una blusa escotada y un sombrero de tricornio, la única ropa limpia que le había quedado en la celda.
En The Spy Book (1998),  los historiadores Norman Polmer y Thomas Allen, la describen como  "ingenua y fácilmente engañada", y la consideran más una víctima de los hombres que un victimario.

”No sé si en el futuro se me recordará, pero si así fuera, que nadie me vea como a una víctima sino como a alguien que nunca dejó de luchar con valentía y pagó el precio que le tocó pagar”, llegó a decir Mata Hari antes de la condena y de convertirse en leyenda.

Varias series, películas y libros no pudieron eludir el magnetismo de su historia. Tuvo un affaire con Indiana Jones en la versión televisiva de Las Aventuras del joven Indiana Jones (1992), Sylvia Kristel se puso bajo su piel (1985) e incluso el espiritual Paulo Coelho le dedicó su novela La espía (2016).