Hay una buena noticia sanitaria que, sin embargo, no permite bajar la guardia. La Argentina registró durante 2025 la menor cantidad de casos de Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) de los últimos once años: fueron 209, con una incidencia de 0,44 casos cada cien mil habitantes.
La cifra confirma una tendencia descendente que se viene observando desde hace una década. Pero la enfermedad continúa teniendo como principales víctimas a los chicos y puede provocar insuficiencia renal aguda y otras complicaciones graves.
Síndrome Urémico Hemolítico: qué es y cómo prevenir la enfermedad
El dato cobra relevancia este 19 de agosto, cuando se conmemora el Día Nacional de Lucha contra el Síndrome Urémico Hemolítico, establecido por la Ley 26.926 en homenaje al pediatra argentino Carlos Arturo Gianantonio, pionero en el estudio de esta enfermedad. En los once años comprendidos entre 2015 y 2025 hubo una mediana de 305 casos anuales, con un máximo de 401 y el piso de 209 alcanzado el año pasado.
“El SUH es una enfermedad grave caracterizada por daño agudo de los riñones, anemia producida por la destrucción de glóbulos rojos y disminución del número de plaquetas”, explica Juan José Piantanida, nefrólogo pediatra del Departamento Materno Infantil del Hospital Alemán de Buenos Aires.

En la Argentina es un evento de notificación obligatoria y afecta mayoritariamente a menores de diez años, aunque la mayor concentración de casos se registra entre los 2 y 4 años y entre los menores de un año.
Es una patología grave que, en Argentina, registra la mayor parte de los casos en chicos. De los afectados, uno de cada cinco terminará recibiendo un trasplante de riñón ya que se ha convertido en la primera causa de insuficiencia renal aguda pediátrica y la segunda de insuficiencia crónica. Además, su mortalidad es de alrededor del 3% de los casos.
La causa del Síndrome Urémico Hemolítico
El principal responsable de esta enfermedad es la bacteria Escherichia coli productora de toxina Shiga (STEC). Puede ingresar al organismo por alimentos o agua contaminados, por una mala manipulación de las comidas, por contacto con animales o incluso transmitirse entre personas a través de manos contaminadas.
El cuadro suele comenzar con síntomas gastrointestinales, como diarrea -a veces sanguinolenta-, dolor abdominal y vómitos. Si evoluciona hacia un SUH pueden aparecer palidez, menor producción de orina y, en casos graves, convulsiones.
Pasos a tener en cuenta para prevenir el síndrome urémico hemolítico
Los números argentinos permiten, además, ponerle nombre a algunos de los riesgos. Entre los casos registrados entre 2019 y 2025 que contaban con información epidemiológica disponible, el 50% había tenido contacto directo con animales. Entre aquellos con datos sobre alimentación, el 42% había consumido preparaciones con carne picada, el 18% carne cruda o insuficientemente cocida y el 17% había ingerido o utilizado agua no segura.
Los porcentajes no implican que esos factores hayan sido necesariamente la causa de cada caso, pero ayudan a identificar situaciones sobre las que se puede actuar preventivamente.
Y allí aparece una de las particularidades del SUH: buena parte del riesgo puede reducirse con medidas bastante sencillas. La carne -sobre todo la picada y sus derivados, como hamburguesas, albóndigas, empanadas o pastel de carne- debe cocinarse completamente. La recomendación sanitaria es que alcance al menos 71 °C en el centro. También hay que separar alimentos crudos de los ya cocidos, lavar y desinfectar tablas y utensilios, consumir lácteos pasteurizados y utilizar agua segura.
La carne picada merece una atención especial porque el proceso de molienda puede llevar las bacterias que estaban en la superficie hacia el interior. Por eso no alcanza con que una hamburguesa esté dorada por fuera: debe estar completamente cocida en todo su espesor. Las verduras y frutas que se comen crudas también deben lavarse cuidadosamente y, en el caso de las hojas, hacerlo hoja por hoja.