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SOCIEDAD / son alumnos de entre 13 y 18 aos
sábado 31 agosto, 2013

Un grupo de “grafiteros legales” pinta muros a pedido en Belgrano y Palermo.

por Redacción Perfil

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Un enorme pájaro amarillo vuela sobre el fondo azul de una de las paredes que delimitan la Plaza Noruega. A la vuelta, otras obras cubren casi todo el muro que rodea el Mercado de Belgrano. Hay abstractos y figurativos; trazados a pincel o en forma de mosaico; literarios y también políticos. Todo fueron creados por un grupo de chicos de entre 13 y 18 años que a través de sus murales busca darle color a su barrio.

El taller de murales organizado por el Colegio de la Ciudad comenzó hace diez años y ya lleva pintadas cincuenta paredes. La mayor parte, en Belgrano, pero también hay en Palermo y Saavedra.

La mayor parte de sus obras fueron hechas sobre fachadas de casas, edificios o locales. “Muchos vecinos ven alguno de los murales y después nos llaman para que hagamos uno en su casa. A veces es sólo porque les gusta y otras es porque las paredes están muy grafiteadas. Una vez que la pintura está terminada los grafiteros la respetan y no suelen escribirle encima”, explica Yamila Haime, directora de los talleres de la escuela.

Después que se pactó el espacio, algunos de los 12 chicos que integran el grupo, entran a la casa o al negocio para captar la esencia del lugar. Luego intercambian ideas con el dueño y le presentan una serie de bocetos que incluyen propuestas de todos los artistas. “Ahora vamos a empezar uno para una señora que en la casa tiene varios bonsai, que hacía su suegro, por eso pensamos hacer motivos orientales. Otra vez, hicimos una reproducción de un cuadro de Paul Klee a pedido de la dueña de la casa, que después nos mandó una carta para agradecernos y explicarnos lo que significaba para ella”, cuenta Luna Yang, una de las alumnas de segundo año.

Aunque los grafiteros y los vecinos suelen respetar y cuidar las obras, que siguen siendo mantenidas mucho tiempo después de haber sido terminadas, algunos murales sufren intervenciones. Algunas son destructivas, pero otras pueden incluso fusionarse con la idea original. “En las Bodegas López, pintamos ángeles tomando vino. Se ve que a alguien no le gustó porque al día siguiente encontramos la palabra ‘blasfemia’ pintada en aerosol. Decidimos dejarla así e incorporarlo a la obra”, indica Haime.


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