“Cinco tips para saber si tu pareja te engaña”, “Qué diría mi viejo si le digo que soy therian”, “Cómo hacer una chocotorta en una hora”, “Comprá mi curso y hacete millonario antes de fin de año”. Los videos en Instagram y TikTok pasan uno detrás de otro en un carrusel infernal donde se pierde sueño, atención y, sobre todo, tiempo. Casi siempre podríamos estar haciendo algo más productivo que mirar contenidos que ni siquiera nos interesan demasiado. ¿Por qué este verdadero paco digital nos atrae tanto? ¿Somos conscientes en la Argentina del diseño adictivo de estas redes sociales y de su impacto, especialmente entre los menores de edad?
En Estados Unidos y Europa existen hoy más de dos mil denuncias judiciales y administrativas contra redes sociales que cuestionan el modelo de los videos cortos por su impacto social, en particular entre adolescentes y jóvenes. El eje común de estas denuncias es que el diseño de las plataformas, basado en algoritmos personalizados, scroll infinito y reproducción automática, estaría orientado a maximizar el tiempo de permanencia y fomentar un uso compulsivo. Los demandantes sostienen que estas características no son accidentales sino deliberadas, y que pueden provocar daños psicológicos como ansiedad, insomnio y pérdida de la atención.
De hecho, un estudio publicado en BMC Psychology analizó el consumo de videos cortos entre más de 1.600 adolescentes y encontró que la adicción a este formato está fuertemente asociada con peor calidad de sueño y mayor ansiedad social. Los investigadores concluyeron que la dependencia de estos contenidos afecta el descanso tanto de manera directa como indirecta: el uso intensivo aumenta la ansiedad social y esta ansiedad, a su vez, deteriora el sueño.
Otros trabajos neurocientíficos también encontraron evidencia biológica de este fenómeno. Un estudio con electroencefalogramas publicado en Frontiers in Human Neuroscience detectó que el uso intensivo de videos cortos se asocia con menor control atencional en la corteza prefrontal, una zona clave para la concentración y la toma de decisiones.
En conjunto, estas investigaciones sugieren que el problema no es solo el tiempo frente a la pantalla sino el formato ultrarrápido y fragmentado de los videos cortos, que acostumbra al cerebro a estímulos breves y constantes y puede dificultar la concentración en tareas más largas, especialmente entre los jóvenes.

¿Por qué son tan adictivos los videos en formato corto?
Los videos de TikTok, los reels de Instagram y los Shorts de YouTube generan adicción porque funcionan como una máquina tragamonedas. No todos los videos son interesantes, pero algunos sí lo son. Por eso el usuario sigue deslizando la pantalla en un scroll infinito, buscando el próximo contenido que despierte interés y, en términos neuroquímicos, que genere dopamina.
Este fenómeno fue descrito por el psicólogo conductista B. F. Skinner entre 1938 y 1953, cuando desarrolló su teoría del refuerzo variable. Lo demostró mediante experimentos en los que animales presionaban una palanca para recibir comida: cuando el alimento aparecía de forma irregular, los animales presionaban más veces y durante más tiempo que cuando la recompensa era constante. La incertidumbre hacía que la conducta fuera mucho más difícil de abandonar.
Este principio explica por qué muchas conductas se vuelven adictivas. Los sistemas basados en recompensa variable, como las máquinas tragamonedas o los juegos de azar, generan una expectativa permanente: cada intento podría ser el que finalmente dé resultado. La mente queda en una tensión anticipatoria constante, esperando el próximo estímulo positivo. Ese es exactamente el funcionamiento de plataformas digitales de video.
Cada vez que una persona desliza el dedo para ver el siguiente contenido, no sabe si encontrará algo aburrido o algo extremadamente interesante. Esa incertidumbre constante actúa como un sistema de refuerzo variable muy parecido al que describió Skinner: algunos contenidos generan una recompensa emocional intensa y otros no, pero la posibilidad de encontrar el próximo estímulo valioso mantiene al usuario deslizando la pantalla.
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A esta estructura se suman otros elementos que refuerzan la adicción. En primer lugar, la reproducción automática: cada vez que termina un video, el siguiente aparece sin que el usuario tenga que decidir si quiere verlo. En segundo lugar, la brevedad de los contenidos: como los videos son cortos, siempre parece razonable ver “uno más”, lo que termina extendiendo el tiempo total de uso. Por último, los algoritmos personalizados hacen que cada usuario reciba contenidos adaptados a sus intereses, aumentando la probabilidad de encontrar videos atractivos.
El negocio detrás de los videos cortos es sencillo: cuanto más tiempo pasa cada usuario mirando la pantalla, más dinero generan las plataformas mediante publicidad. Por eso los algoritmos están diseñados para retener la atención y prolongar el consumo. En ese modelo económico, los efectos negativos aparecen como un costo colateral de una industria cuyo objetivo principal es maximizar el tiempo de uso.
Probablemente el término “paco digital” resulte exagerado. Sin embargo, este formato representa el contenido más adictivo de las redes sociales que se fabrica con el “residuo” de producciones audiovisuales más extensas o es generado a costo cero por los propios usuarios.
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