sábado 26 de noviembre de 2022
TEXTUM UNA EXCLUSIVA Selección DE TEXTOS

El doblaje de “Mogambo” y la (auto)censura en el cine durante el franquismo

En todos lados se cuecen habas: la censura cinematográfica no fue solamente un fenómeno argentino y aquí están para demostrarlo unas increíbles piezas de la mojigatería y la represión cultural en España durante la dictadura de Franco. ¿Qué uno de las protagonistas estaba divorciado? Mejor muerto. ¿Qué otra era una zorra? Ya no, simplemente salió de escena.

09-10-2022 00:47

“Mogambo” es un caso paradigmático de la incidencia de la censura franquista en el doblaje. Esto es así porque la conversión de un adulterio en incesto no logró pasar inadvertida. Lo que el gran público suele ignorar es que, antes de ser estrenada, toda película española o importada que pasaba por el filtro censor (y todas lo hacían) habitualmente sufría sus consecuencias.

Desde el comienzo de la Guerra Civil, el bando nacional reconoció el gran poder del cinematógrafo como medio de entretenimiento y educación. El sistema de control se concretó en la publicación en el Boletín Oficial del Estado de un extenso listado de disposiciones que regulaban el funcionamiento de la censura de cine. También supuso la apertura de miles de expedientes de películas, actualmente custodiados en el Archivo General de la Administración. Dichos expedientes contienen los informes de las comisiones de censura y calificación, la correspondencia interna entre censores y distribuidores y, en ocasiones, los guiones traducidos al español.

La “censura silenciosa”

Las comisiones de censura se ocupaban de que las imágenes y los diálogos de las películas no sobrepasaran un cierto “umbral de permisividad”. Era necesario eliminar o modificar cualquier referencia que pudiera dañar alguno de los pilares fundamentales del régimen: el estado, el ejército, el generalísimo, la iglesia, la religión católica, sus principios morales, el matrimonio o la institución familiar. Es más, los propios censores solicitaban que las modificaciones pasaran desapercibidas a ojos del espectador.

Aunque de manera un tanto ambigua, en un hecho sin precedentes, las normas de censura cinematográfica se publicaron en una Orden Ministerial de 1963. Dada la temática de muchas películas, las normas 8 y 18 de dicha Orden estaban entre las más citadas para justificar las decisiones adoptadas.

Octava. - Se prohibirá:

1. La justificación del suicidio.

2. La justificación del homicidio por piedad.

3. La justificación de la venganza y del duelo. No se excluirá su presentación como simples hechos en relación con costumbres sociales de épocas o lugares determinados, siempre que se evite una justificación objetiva y general.

4. La justificación del divorcio como institución, del adulterio, de las relaciones sexuales ilícitas, de la prostitución y, en general, de cuanto atente contra la institución matrimonial y contra la familia.

5. La justificación del aborto y de los métodos anticonceptivos.

Decimoctava. - Cuando la acumulación de escenas o planos que en sí mismos, no tengan gravedad, cree, por la reiteración, un clima lascivo, brutal, grosero o morboso, la película será prohibida.

Por ejemplo, sobre “Repulsion” (1965)/”Repulsión” (1967), se afirmó que “la turbiedad del ambiente y la complacencia sádica crean un clima morboso inadmisible de acuerdo con la norma 18”. Otras veces se autorizaba el estreno de las películas extranjeras en su versión original o subtitulada (o de las españolas de “especial interés”) en salas especiales, reguladas por la Orden Ministerial de 1967. Así se limitaba mucho su distribución. También en este caso, Repulsión es un buen ejemplo.

La “autocensura silenciosa”

Pero aún hay más. Como se sabía que las películas iban a tener que pasar por el filtro censor, el “trabajo sucio” se hacía antes de que llegara a sus manos el guion en español, es decir, en el proceso de traducción. Por eso habitualmente los censores dictaminaban pocos cambios.

Por ejemplo, “Nightmare in the Sun” (1965)/”Pesadilla bajo el sol” (1967) fue importada en 1966 con un único comentario: “debe cambiarse el título propuesto Pasión bajo el sol por el de Pesadilla bajo el sol (…)”. Se autorizó la versión doblada para mayores de 18 años, no sin antes comprobar que los contenidos inapropiados y la dureza en la expresión de los diálogos hubieran sido convenientemente tratados: (1)

Este tipo de “autocensura preventiva” se aplicó en infinidad de ocasiones. Por ejemplo, en “Beloved Infidel” (1959)/”Días sin vida” (1966): (2)

Por otra parte, cuando una película era prohibida, los distribuidores españoles negociaban con los censores qué modificaciones convenía practicar. Veamos varios ejemplos:

En relación a “From the Terrace” (1960)/”Desde la terraza” (1968), en 1962, Hispano Foxfilm S.A.E. argumenta que si “hace falta suprimir determinadas escenas, como si hace falta suprimir varios rollos”, no le parece justo impedir los cambios “siempre que la película quede inteligible y no constituya ni un fraude para el público, ni un atentado contra la moral o el orden establecido”.

Con respecto a “The Fugitive Kind” (1960)/”Piel de serpiente” (1964), en 1960, C.B. Films S.A. propuso “acentuar en los diálogos los deseos de mejorar su conducta y huir de extravíos anteriores que expresa el personaje de Val” y “dotar a los referidos diálogos de una excepcional elegancia literaria”.

En el caso de “Beloved Infidel” (1959)/”Días sin vida” (1966), en 1960, Delta Films S.A. apeló la decisión de la Junta de Clasificación y Censura por dos razones: el perjuicio económico que supondría la no exhibición de la cinta y la voluntad de limpiar “toda escena que pudiera suponer algún roce en el aspecto moral”. Entre ellas, las siguientes: (3)

La (auto)censura del doblaje cinematográfico era la práctica habitual durante el franquismo. Si “Mogambo” es el ejemplo evidente que siempre se cita, es porque dicha práctica pasaba (y sigue pasando) desapercibida. Al visionar ahora los doblajes del franquismo, sería bueno pararnos a pensar que, probablemente, la (auto)censura silenciosa sigue presente en nuestras vidas.

Publicado originalmente en The Conversation