—Usted fue uno de los impulsores de la la Ley de Emergencia en Discapacidad, ¿qué opina sobre la actitud del Gobierno en este tema?
—He sido el autor de la Ley de Emergencia en Discapacidad y los dos años anteriores fui el presidente de la Comisión. La ley básicamente es una ley que se votó en el Congreso, que el Gobierno la vetó, luego insistimos, tanto en diputados como en senadores con más del 70% de los voto. Es una ley fuera de la grieta; es una ley que articula espacios políticos de los más diversos; es una ley de pura humanidad y de pura justicia. La justicia ha actuado rápido en materia de discapacidad, tanto para reponer las pensiones a las personas que se las han sacado, como para recomponer el nomenclador. Si tuviera que decir dónde veo mi expectativa hacia adelante es en la justicia, que lo obligó al Gobierno a poner en marcha la ley. No había otro camino porque es una ley, lo obliga a hacerlo, por eso está la ley. Yo diría que en principio que el Gobierno está poniendo en marcha una partecita nada más, ha desacomodado todo, el sistema hoy está colapsado, al igual que el sistema de salud. Cuando yo hice la ley, el sistema de discapacidad estaba en emergencia, entrando en colapso. Hoy el PAMI está colapsado no solo para discapacidad, sino para el conjunto, lo mismo se puede decir de salud. Mis expectativas hoy, en términos que se resuelvan las cosas, es que la justicia obligue prácticos a todas las instituciones a que se reúnen con el Ministerio de Salud a poner en marcha la ley. Espero que la justicia puede destrabar esto.

—Hace unos días, hubo un debate público sobre el índice de pobreza en la Argentina que fue protagonizado por Agustín Salvia, quien puso en duda las cifras de pobreza que distribuyó el Gobierno. ¿Usted qué opina?
—Creo que el Gobierno se está aprovechando de una metodología que está obsoleta, que se viene aplicando desde hace mucho tiempo, y ha decidido no cambiarla. El Indec mide pobreza como la mide hace muchísimos años, y toma una canasta básica que tiene dos problemas graves. Uno es que pondera muy poquito el gasto de luz, gas, agua, alimento, transporte, medicamento, lo que ha aumentado. Lo pondera muy bajo, entonces te da una canasta baja. Y segundo, no incorpora el problema del alquiler. Y hoy estamos frente a una generación de inquilinos. Eso es lo que da el valor que marca el Indec sea bajo para no ser pobre y entonces hay gente que claramente es pobre pero que está por arriba de ese indicador. No creo que haya habido una decisión del Gobierno de dibujar los números. Si, sabiendo todos que es una metodología que hay que modificar, no ha hecho nada, a impedido que se cambie el modelo, el INDEC había armado todo un esquema nuevo de medición del IPC y el Ggobierno lo ha postergado. Lo que genera un problema práctico y cuando los números se desenganchan de la vida cotidiana muy claramente se pierde credibilidad a algo que nosotros deberíamos darle mucha credibilidad que es el INDEC, cuando nosotros tenemos estadísticas oficiales que son muy importantes para la Argentina. No es que el Indec esté dibujándolo los números, pero está utilizando una metodología que claramente ha quedado obsoleta porque tenía un sentido cuando se hizo en el 2004, pero como subieron tantos los costos fijos y eso no está ponderado, ahí es donde cambia la vida cotidiana, que hoy no tiene que ver con los números reales.
—¿El número de pobreza que informa el Gobierno no es real?
—Hay claramente más personas en situación de pobreza que lo que marca hoy el Indec, porque hay más personas que aún ganando por arriba de lo que marca la canasta básica de alimentos, no les alcanza. Y el dato más relevante es el endeudamiento de la familia. Como a tanta gente no le alcanza la plata, se endeuda, pero se endeuda para vivir. El dato que hoy define el problema social argentino es el nivel de endeudamiento de la familia. Una familia tiene costos fijos altos, no le alcanza, primero paga el mínimo con tarjeta, después le pide al que financia en la esquina, después da la vuelta le pide al que vende droga, y termina tomando un crédito. Arranca el mes siguiente en deuda, paga eso que debe y se queda sin plata, y vuelve a tomar otro crédito. Ahí viene el sobre endeudamiento de la familia con tasas usurarias brutales. Eso es lo marca es que hay un montón de gente que no está llegando a fin de mes, y eso marca las dificultades sociales de la Argentina. Eso marca para mí, si uno quiere ver el termómetro, cuál es el problema social más crítico: el endeudamiento de la familia.
—¿Las billeteras virtuales tienen un rol critico en todo esto?
—Absolutamente. El Gobierno actual hizo algo malo para mí, a lo que yo me negué siempre siendo ministro, y es que las personas puedan cobrar el plan social a través de las billeteras virtuales. Yo siempre lo procesé a través de los bancos públicos. Las personas cuando les dan a elegir, eligen la billetera virtual porque directamente en el teléfono la plata, y ahí en el botón de al lado que cobran, tienen la posibilidad de endeudarse. De hecho, se ha triplicado la mora con las billeteras virtuales y como un problema adicional, las propias billeteras virtuales tienen parte de la gente que no les paga ya, han tenido que pasar la pérdida en sus balances, lo que hoy no están pudiendo recuperar como deuda. ¿Cuál es la diferencia con otro tipo de deuda? Que le piden nada. La fintech directamente llegó al teléfono, con un botón de endeudo, con el otro botón juego, que está todo bastante relacionado porque si estoy desesperado y juego para tratar de zafar. Hasta hace unos años, el endeudamiento de la familia tenía algún grado de control. Se tenía que ir a un lugar, sacar fotocopia de mi DNI y hacían algún grado de evaluación más formal o menos formal. Hoy soy yo directamente con el celular. Eso claramente termina en endeudamiento rápido. Yo siempre me negué y creo que ha ido es un problema grave.
—Agradecemos su participación en el Ciclo de Entrevistas con estudiantes de Comunicación de la Universidad del Sur de Buenos Aires (USBA) y le damos la posibilidad de cerrar con un comentario final.
—La situación social es crítica, hay un fenómeno de implosión social. Eso se debe a que hay mucha gente que revienta por adentro porque no les alcanza. Y eso está muy asociado a la violencia, sube de 0 a 100 rápidamente. Yo estoy mal, sacado, endeudado, complicado, me rozo con alguien en la calle y a los dos minutos terminamos los golpes, a los tiros sin saber qué hacer porque estamos todos sacados. Mi sugerencia sería que el Gobierno al menos debería tomar dos medidas paliativas. Una es desendeudar a la familia, poner un tope a la tasa de interés, así como se blanquea a quien tiene dólares, hay que desendeudar a la familia. Y segundo, bajar un cambio, el nivel de tensión de la vida cotidiana es muy fuerte, deberían ayudar todos en el sistema político, no solo el gobierno, bajando un cambio y serenando. Para mí, si se encara un programa de desendeudamiento de la familia, y se baja nivel de tensión, se ayuda a simplificar una vida que está durísima para muchos argentinos.
Por Norma Cabada y Camila Rubiano.
Estudiantes de la Licenciatura en Comunicación
Universidad del Sur de Buenos Aires (USBA)