El público celebra noche a noche la producción de RGB Berlín Berlín colmando la sala del Teatro Apolo (Av. Corrientes 1372, CABA) aún en días de semana. Y en una cartelera teatral abrumada de tantas propuestas este éxito tiene una respuesta obvia: el boca en boca hizo quelas bondades de esta disparatada comedia llenaran la sala de miércoles a domingo. Y no es para menos: a partir de una situación de espionaje durante la Guerra Fría en la capital de Alemania dividida, la inexperiencia de algunos personajes, está al servicio del equívoco, el ridículo y el doble sentido ingenioso. Condimentos que los argentinos amamos en una propuesta y que aquí arrancan carcajadas y aplausos. Hasta la participación del público, incentivada desde arriba del escenario, como si fuera una platea infantil.

Sin dudas esta comedia que combina humor físico (muchísimo), ritmo vertiginoso y situaciones inesperadas (o no), armada bajo la experta batuta de Corina Fiorillo, resuena en las risas de los espectadores tanto como se nota el esfuerzo de los intérpretes para lograr el gag en el momento esperado. Y en eso la ingeniosa escenografía de Gonzalo Córdoba Estévez también tiene mucho que ver con el resultado final.
Una trama enredada
En el Berlín Oriental de la Guerra Fría, Emma (Fernanda Metilli) quiere escapar al otro lado del Muro usando un departamento que esconde un pasadizo secreto y la complicidad de su tonto novio y Ludwig (Maxi de la Cruz). El departamento en cuestión pertenece al agente de la Stasi Werner (Pablo Rago), que cae bajo las insinuaciones de Emma. A ellos se suma el enfermero y vecino Hans (Juan Pablo Geretto), quien en realidad es un agente occidental infiltrado. El obliga a la mujer y a su pareja a ayudarlo cuando se organiza un encuentro secreto en el departamento al que todos tienen acceso. Ahí aparece (o reaparece en la producción artística local) Andrés Vicente como un experto decodificador de mensajes. Y es cuando todo se desmadra.

En el segundo acto, cuando mágicamente el departamento se convierte en el cuartel general de la Stasi, es cuando tenemos las situaciones más reideras, principalmente por lo ridículas. Es cuando aparecen nuevos personajes: el general a cargo (Daniel Campomenosi), el asistente del lugar (Marcelo Savignone) y la que se roba todos los corazones por su ductilidad, simpatía y originalidad: la esposa del policía encarnado por Rago; Lucía Adúriz que compone un personaje visceral, comprometido con la causa pero que deja ver su corazoncito cholulo, derretido por el decodificador de alto rango, cuya identidad ha sido suplantada.
Los disparates se suceden para diversión de la platea, van escalando hasta que algunos personajes tienen lo que tanto anhelan, y otros sorprenden en su aparición final. Después de eso, todo es aplauso, risa y muchos salidas a saludar por parte de los intérpretes. La sala, colmada, repito, sale riendo, comentando y agradecida por haberse distendido por un par de horas, disfrutando de una propuesta distinta.
Las actuaciones
En este elenco nutrido se cuidó que la entrega en las interpretaciones sea pareja con el objetivo de tener el mejor resultado final. Y si bien todo el peso está sobre las espaldas del trío protagónico, Rago, Metilli y De la Cruz, cada uno tiene su momento de lucimiento. Es verdad que Pablo Rago cada día actúa mejor y vuelve creíble todo lo que encara. Esta vez no es la excepción. Maxi hace tan bien de tonto que hasta se podría creer que lo es, tal el compromiso con el rol que le tocó encarar en este caso.
Sin embargo todo el peso de las monerías cae en el cuerpo (nunca mejor dicho) de Metilli. Tanto que uno se queda pensando si no terminará con dolor de cintura después de las contorsiones que experimenta su rol. Dueña de una simpatía que le permitió salir del stand up y conquistar corazones con su rol de madre de Matilda y de interés romántico de Eduardo Blanco en Empieza con D..., aquí saca a la vista todos sus recursos físicos: desde el revoleo de ojos y pelo a unas posturas que intentan ser eróticas y simplemente arrancan carcajadas. Lo mismo que las intervenciones (sólo sonoras) dela madre del oficial Werner.

Junto a ellos Geretto vuelve a componer un personaje querible y pícaro, cualidades que multiplica con cada gesto y actitud, y que tiene una hermosa reivindicación en el final. Es un grupo compacto en el que se destaca Adúriz, particularmente por las características de su personaje y cómo las aprovecha. Sin dudas es un espectáculo recomendado para aquellos que quieren salir a disfrutar de la risa sanadora, de una puesta impecable y unas actuaciones maravillosas.
Tiene funciones de miércoles a domingo (dos los sábados). Encontrá acá más info sobre las entradas.