Conmovidos por la violenta irrupción del ejército de Estados Unidos, que capturó este sábado 3 de enero al presidente Nicolás Maduro y lo trasladó esposado a una base en Nueva York, los colectivos chavistas trataron por la tarde de mostrar algún tipo de reacción y algunos centenares de personas salieron a manifestar su apoyo al líder derrocado, reclamando con carteles la quimera de que sea liberado y pueda volver a Caracas...
La mayoría, sin embargo, optó por dejar de lado las cuestiones políticas y apuntar a temas mucho más pragmáticos, como hacer largas colas en los mercados para comprar alimentos y tratar de llenar heladeras ante una etapa de incertidumbre en la que no se sabe lo que vendrá. Las estaciones de gasolina también tenían largas filas de vehiculos, llenando sus tanques en procura en iniciar el ciclo "posmaduro" al menos con una buena cantidad de combustible que permita seguir con las actividades laborales habituales.
Así se vio a agentes vestidos de negro, con el rostro cubierto y armas largas que recorrían nerviosos el centro de la capital venezolana, donde se ubican oficinas públicas, mientras en las marchas de apoyo a Maduro la mayoría eran mujeres, con ánimo desolado y portando algunos pocos carteles.
Los agentes militares también custodiaban el palacio presidencial de Miraflores, donde Maduro encabezó en los últimos días continuos mítines 'contra el imperialismo', en los que bailaba y hacía alarde de la dura resistencia que ofrecerían los 'herederos de Bolívar' ante cualquier irrupción militar extranjera.

Se notaba todavía en el ambiente el olor a pólvora y a humo que habían dejado los bombardeos militares estadounidenses en la madrugada. Esas primeras explosiones expulsaron a muchos de sus camas en Caracas, estruendos casi desconocidos para este país que no ha tenido guerras desde el siglo XIX, y que según el presidente Donald Trump "será gobernado por Estados Unidos hasta que se asegure una transición pacífica del poder".
"Fue horrible, sentimos los aviones pasar encima de nuestra casa", contó bajo anonimato un residente del barrio Coche, cercano a Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar de la ciudad, blanco de los ataques.
Trump anunció los bombardeos y el arresto del mandatario venezolano, y posteó una foto de Maduro esposado, con los ojos tapados con gafas oscuras y en ropa deportiva gris, en primera instancia al buque militar estadounidense USS Iwo Jima y luego trasladado a una base militar en Nueva York, donde será juzgado por narcotráfico y terrorismo.
El tibio apoyo callejero del chavismo
"¡Que viva Nicolás Maduro!", gritaban algunos manifestantes chavistas desde una tarima con bocinas instalada en el centro de Caracas, mientras se escuchaban canciones típicas de los actos del derrocado mandatario. "¡Que viva!", respondía la multitud.
Unos 500 simpatizantes del oficialismo acudieron a la cita para exigir la liberación de Maduro y su esposa Cilia Flores, que también fue arrestada y trasladada a Estados Unidos.

"¿Cómo es eso que un gobierno extranjero viene y se mete en el país y saca al presidente? Es una cosa absurda", se quejó Katia Briceño, una profesora universitaria de 54 años. "No fue tanta la sorpresa porque nosotros ya teníamos previsto que en cualquier momento nos podían atacar", dijo a la AFP Pastora Vivas, una miliciana de 65 años.
No se reportaron manifestaciones de la oposición. En sus filas hay temor luego de que protestas espontáneas contra la cuestionada reelección de Maduro en 2024 terminaran en represión y el arresto de más de 2.000 personas en 48 horas. Un comentario que desagrade a las autoridades puede mandar a su autor a prisión. Pero las redes sociales y plataformas de mensajes explotaban con expresiones de júbilo, videos, fotografías, artículos y muchos comentarios.
"Está pasando", escribió un joven venezolano con residencia en España al conocer la noticia del bombardeo. Poco después publicaba un video en el que aparecía llorando de emoción al enterarse del arresto de Maduro.
Marcados y estaciones de servicio, a pleno
Las persianas de la mayoría comercios en Caracas empezaron el sábado cerradas, pero como comenzaron a formarse largas filas de compradores, nerviosos, entonces los mercados decidieron decidieron abrir a medias, sin permitir la circulación dentro de las tiendas.
En el barrio tradicional de La Candelaria reinaba la tranquilidad, mientras que en otros usualmente bulliciosos eran pocos los transeúntes en la calle.

Lo mismo pasó con las estaciones de servicio, que también durante toda la jornada tuvieron largas filas de autos y motos esperando para llenar sus depósitos de combustible.
AFP/HB