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El Papa con Fontevecchia: Curas del Tercer mundo

Un nuevo fragmento de la imperdible entrevista con el Papa Francisco por sus 10 años de papado. La Teología de la Liberación y el “pastor del pueblo”.

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Papa Francisco, en la entrevista con Jorge Fontevecchia | Prensa Vaticano

—En el Concilio Vaticano II convocado por San Juan XXIII, reunido en el año 1959 y concluido durante el papado de San Pablo VI en el año 1965, junto con la Conferencia Episcopal de Medellín en 1968, se produjo una profunda renovación de la Iglesia Católica y mundial y en especial la latinoamericana. El padre Carlos Mugica se comprometió con el firme propósito de tomar ese camino, el camino de Jesucristo, e hizo suya la acción concreta y cotidiana de la “opción preferencial por los pobres”, que no consiste en una mera decisión racional, sino en la entrega del corazón. Y Mugica les entregó el corazón y la vida. Fundó en la Villa 31 de Retiro la parroquia Cristo Obrero, integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y compartió los predicados de la Teología del Pueblo en la que está Scannone, Methol, Ferré, Galli, Gera y Bergoglio, entre otros, ¿Mugica es un modelo de sacerdote?

—Es un modelo, no es el único, porque también son un modelo los párrocos radicales del año 50 por allí, de Córdoba. Ninguno era peronista, eran todos radicales, pero pastores junto al pueblo, habían tomado un poco esa política radical. Pero estar junto al pueblo, no estar al servicio de la ideología política. Lo grave de la Teología de la Liberación es cuando usó el análisis marxista de la realidad para autoexplicarse, y ahí intervino el padre Arrupe a los jesuitas, y Juan Pablo II señaló: “El análisis marxista de la realidad no tiene que juntarse con la pastoral”. La realidad se explicita a sí misma sin necesitar un análisis, porque si no, sería tan lícito como el análisis liberal de la realidad o cualquier tipo de análisis de tipo político o sociopolítico. Eso es lo que se atacó. Pero el estar junto al pueblo, ser pastores de pueblo, es lo que hay que hacer. Lo diría muy sencillamente, lo que se le pide a un cura o un obispo, es que sea pastor de pueblo y no clérigo de Estado, como los monsieur L’Abbe de las Cortes francesas. Entonces estos movimientos que lo hacen pastor de pueblo, adelante. Si este movimiento te ideologiza, ya te hiciste clérigo de Estado, es una ideología. 

—¿Y la Teología del Pueblo es un modelo de práctica sacerdotal? 

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—Sí, hay gente que la piensa bien, Gera, Tello, discutible como toda posición teológica. Pero no es mala, y está en elaboración. Hay grupos de gente que la siguen, la elabora bien y no entra en política. 

—¿Hay diferencias y similitudes entre la Teología de la Liberación y la opción por los pobres?

—La Teología de Liberación nace de la experiencia del éxodo, de la liberación del pueblo. Entonces la intención es buena y hacen una opción por los pobres que es a lo que hay que liberar. Pero de ahí tuvo tantas ramas y tantas ideologías interpretativas que es difícil hablar en general. Cuando se usa el análisis marxista. Por ejemplo, en la ultraliberal, no va la cosa, depende del análisis que uses. 

Lo diría muy sencillamente, lo que se le pide a un cura o un obispo, es que sea pastor de pueblo y no clérigo de Estado

—¿La situación de las villas de Argentina se parece a otras del mundo?

—Igual sí. La gente tiende a organizarse, es curioso, para defenderse y eso incluso lo veo en los rohinyás expulsados de Myanmar cómo tienden a organizarse, es algo de la sabiduría popular eso. 

Entrevista de Jorge Fontevecchia al Papa Francisco
Jorge Fontevecchia y el Papa Francisco, en una entrevista histórica al cumplirse 10 años de su papado.

—Usted menciona que hay que ser pastor con olor a oveja, ¿se puede ser pastor con olor a oveja acá en el Vaticano? 

—Sí, por supuesto. Es verdad, hay ovejas buenas acá adentro, acá hay buenos pastores. Siempre se critica al Vaticano porque hay muchos clérigos de Estado, hay cardenales que “chapeaux” de primera. Una anécdota más, el cardenal que se ocupaba de las relaciones con el Este en tiempos de Juan XXIII, Casaroli, un grande en política, arregló las cosas con Hungría, con Polonia. La última vez que lo vio fue al poco tiempo de morir Juan XXIII y le explicó cómo iba en Checoslovaquia, o en tal lugar el trabajo de diálogo para instaurar la jerarquía y alto nivel de política mundial. Pero los domingos Casaroli se iba a una cárcel de menores con sotana nomás, y lo llamaban Don Agostino. No sabían quién era. Y en esa última audiencia de alto nivel político mundial, cuando estaba por salir Juan XXIII, le dicen: “Eminencia, una cosita, ¿usted sigue yendo a esa cárcel de menores?”. Él dijo que sí, y el Papa respondió: “No los dejé nunca”. Esa es la gran política eclesial de mirar adelante con un corazón cercano a todos.