sábado 08 de mayo de 2021
ACTUALIDAD 6 de enero
06-01-2021 11:35

Los Reyes Magos no eran tan reyes ni tampoco tan magos

A partir del siglo III de la era cristiana, la noche en que adoraron a Jesús en el pesebre humilde de Belén comenzó a ser un mito de creación colectiva. No eran magos, tampoco reyes, y su gesto tenía más de sumisión que de humildad.

06-01-2021 11:35

Aunque para los chicos, el 6 de enero es el día en que tienen que dejar listos sus zapatos, en el calendario cristiano, la Epifanía de Jesucristo –de eso se trata- no es una celebración menor. Todo lo contrario.

Desde tiempos remotos, la Epifanía medía el éxito y la popularidad de la fe cristiana. Sin embargo, la tradición de “los tres Reyes Magos” de alguna manera, es un mito de construcción colectiva y para nadie ha sido fácil deslindar la historia de marketing o leyenda.

El primero en hablar de ellos fue San Mateo (II:11), pero no mencionó sus nombres ni especificó su procedencia; mucho menos los trató como monarcas. Solo escribió que eran magos que se “orientaron” para llegar hasta el Niño siguiendo una estrella que “se alzó en el Este”. Una estrella los “orientó”, como el Sol que nace y “cae” en el Oeste.

La expansión de varias grandes potencias en la historia fueron solares, es decir siguieron el rumbo del este hacia el oeste, el camino de la luz.


Durante los primeros siglos de la cristiandad no se supo mucho de ellos, pero algunas tradiciones fueron pasando de tablilla en muro, de papiro en palimpsesto. 

Mateo probablemente supiera que Gaspar, el hechicero persa de barba blanca, le entregó a Jesús pepitas de oro, púrpura, muselina y telas de lino; Melchor, el mago joven que se cree vino de India, le ofreció incienso y especias (canela, cinamomo, nardo); y Baltasar, un príncipe árabe, le dio mirra, piedras preciosas y perlas. 

A fines del siglo XIII, Jacques de Voragine escribió en "La leyenda dorada” la interpretación simbólica que hasta hoy repetimos: el oro representaba la realeza de Cristo; el incienso, su divinidad; y la mirra que Baltasar sostenía entre sus manos, que “los otros Hijos [léase “príncipes”] debían morir”. 

Los tres “se orientaron” siguiendo la estrella de Belén para arrodillarse frente al nuevo orden mundial: la cristiandad. De este modo, en un establo pobre de Bethléem (Belén), los tres hombres reconocían el misterio del origen divino del bebé –para algunos ya de varios meses- ante el cual presentaban sus credenciales

Mateo fue el primero en simplificar la historia a favor del número tres, una cifra sumamente preciada en el mundo cristiano. 

Tres descendientes de los tres descendientes de Noé (Sem, Cam y Jafet) representaban las tres edades de la vida (ancianidad, edad media y juventud), tres sectores sociales (clero, nobleza y trabajo) y las tres “razas” (semita, árabes-africanos, europeos) que poblaban el orbe conocido (tres líneas rectas según la cartografía que impuso el Orbis Terrarum desde el siglo VI) para arrodillarse y doblegarse ante el nuevo eje mundial


El orden premonoteísta acataba la Epifanía de la nueva estructura mundial. 

Tal es la lectura que los teólogos católicos hicieron circular por Europa desde el siglo III y, como mínimo, hasta bien entrado el siglo XVI. 

En principio, debemos a Tertuliano haber amortiguado la mala fama que los tres Magos tuvieron hasta el siglo tres de la era cristiana. Algunos documentos hablaban de ellos como “magos persas” y los vinculaban a la astrología (de hecho, una conjunción astral fue toda su brújula en el peregrinaje hacia Occidente). Fue entonces cuando el primer cristiano emérito que escribía en latín, el cartaginés Tertuliano, decidió llamarlos “Reyes de Oriente” en lugar de “Reyes Magos”

Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, el Padre de la Iglesia de Occidente –Tertuliano- no pudo evitar que, en el siglo VI, en su primera representación pictórica sobre los muros de la iglesia italiana de San Apollinare Nuovo, en Rávena, se los retratara vestidos como ilusionistas persas.

En la cerámica bizantina de Rávena aparecen por primera vez los nombres con los que Occidente quiso recordarlos: Gaspar, Melchor y Baltasar. 

Nunca se supo con exactitud cómo eran físicamente, hasta que en el 1400 el pintor belga Petrus Christus les dio una imagen “al uso nostro” que contradecía bastante lo anterior, pero que terminó siendo la más aceptada aumentando el mito y la confusión. En su cuadro, Melchor era el mayor; Gaspar era el mago en la mediana edad y Baltasar, el más joven de los tres, con apenas 20 años.

Se dice incluso que, hasta el siglo XV, Baltasar era un africano blanco, pero el deseo de la Iglesia de ser universal requería una figura negra y el marketing cristiano hizo el milagro.

Se atribuye también a otro flamenco, Rogier Van der Weyden, la iconografía negra del heredero de Cam, tal como lo plasmó en “La adoración de los reyes magos” (circa 1450). En Finlandia y en Rusia se sigue la leyenda que da vida a un cuarto mago de Oriente: Papá Noel. 

Aunque para confusiones ya tuvimos bastantes, y la gran mayoría de los católicos preferimos recordar a Papá Noel, siempre de rojo, también generoso, y bajando por la chimenea cada 25 de diciembre, día de la Natividad. ¿O es que tampoco era así?

mm / ds