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ACTUALIDAD / CONFERENCIA DE LA ONU
miércoles 20 marzo, 2019

Macri se encontrará con Mswati III, el último rey absolutista y polígamo del África

Llamado "Rey León", el monarca es multimillonario y reina con mano de hierro en un país golpeado por la pobreza extrema y el sida.

por Darío Silva D'Andrea

A Mswati III se lo denomina “Ngwenyama”, o rey león. Su reino está ubicado entre Sudáfrica y Mozambique y se independizó del Reino Unido el mismo día en que él nació en 1968. Foto: Cedoc

El flamante Centro de Convenciones del barrio de Recoleta, donde se celebrará la Conferencia de las Naciones Unidas, será el escenario de la reunión del presidente Mauricio Macri con uno de los líderes africanos más controvertidos y criticados. Se trata del rey Mswati III de eSwatini (ex Swazilandia), quien a sus 51 años es el último monarca absolutista y polígamo de África, y es condenado por organizaciones internacionales por el alto nivel de violación de los derechos humanos en su país, por la pobreza extrema en la que vive la mayoría de sus súbditos y el alarmante número de muertes por Sida.

A Mswati III se lo denomina “Ngwenyama”, o rey león. Su reino está ubicado entre Sudáfrica y Mozambique y se independizó del Reino Unido el mismo día en que él nació en 1968. Su padre, el legendario Sobhuza II, tuvo 300 mujeres, 200 hijos, 1.000 nietos y gobernó durante 60 años con mano de hierro. Las cosas no cambiaron mucho bajo el cetro de su hijo, que frecuentemente amenaza con aumentar su poder sobre la sociedad civil.

En el reino de eSwatini no existen los partidos políticos, la Constitución ahoga con la fuerza militar a cualquier tipo de oposición, la TV es propiedad del rey, están prohibidos los diarios no afines al gobierno y está criminalizada la crítica a la monaquía. Los parlamentarios, meras figuras decorativas, se limitan a protestar sobre cuestiones como el escaso tamaño de los preservativos llegados desde Asia.

rey mswati swatini
Mswati III fue elegido rey en 1986, tras una larga lucha por el poder.

Pese a todo, los habitantes de Swazilandia, sumidos en su mayoría en la pobreza extrema, siguen siendo mayoritariamente fieles al multimillonario rey, y culpan a sus consejeros por sus acciones erróneas. Incluso los miembros del Tindvuna (“consejo de asesores”) reciben el explícito apelativo popular de “tinja tenkhosi” (los perros del rey) o “tibi tendlunkhulu” (los insignificantes).

Extremadamente tradicionales, los súbditos consideran a Mswati III casi una deidad y le atribuyen poderes para provocar la lluvia, tan benéfica para una sociedad mayoritariamente rural. Si acaso hay una persona que puede criticar o reprender al rey es, por supuesto, su madre, la reina LaNtombi, que tiene el honor de ser llamada “La Gran Elefanta”, lo cual demuestra cuán curioso es su reino.

En un país donde el 66% de sus habitantes está debajo del umbral de pobreza, según UNICEF, el altísimo nivel de vida de Mswati III -dueño de decenas de autos de lujo y palacios de millones de dólares- es criticado en todo el mundo. Más allá de su horario de trabajo, el rey se dedica a escuchar música kwaito (una especie de rap sudafricano) y a pasar las noches en compañía de decenas de mujeres que le son enviadas por familias de todo el reino, todas menores de 18 años ofrecidas por sus padres con la esperanza de que la cercanía al rey las salve de la pobreza. Las doncellas destinadas a ser reinas deben ser vírgenes, pero en la práctica muchas de ellas son simplemente jóvenes, solteras y sin hijos.

rey mswati swatini
Mswati III con una de sus esposas en la Casa Blanca.

El baile dura varias horas y, sin importar qué suceda, las doncellas deben asegurarse de que nunca se dañen o se caigan las graciosas diademas que llevan sobre sus cabezas. Las no elegidas son repartidas entre el resto de los hombres presentes en la ceremonia, mientras que la elegida por el rey no puede negarse, y el siguiente paso es pasar a concubina del monarca hasta que quede embarazada, demostrando así que “sirve”, que es fértil. Sólo entonces se casa y pasa a ser una de las mujeres del rey. Si no es fecundada, será repudiada y avergonzará para siempre a su familia. Hasta ahora Mswati III tuvo quince esposas, pero una se suicidó y otras escaparon del país para huir del régimen carcelario al que son sometidas. Muchas de ellas no son vistas desde hace años.

A pesar de su irrefrenable talante seductor, Mswati III se muestra como un defensor de la castidad y defiende la continencia como la vía más eficaz para evitar la propagación del Sida, que trágicamente afecta a un tercio de la población adulta en su país. Alrededor de 20 mil personas mueren cada año en sWatini por  enfermedades de transmisión sexual.

Para luchar contra este flagelo, decretó la prohibición de las relaciones sexuales con mujeres menores de 19 años, que debían usar una cinta distintiva para que los hombres se abstengan de acostarse con ella. La ley establecía, concretamente, que las mujeres no podrían “mantener relaciones sexuales, dar la mano a los hombres o usar pantalones”, para conservar la castidad de las más jóvenes y prevenir el sida. Y fijaba una multa de un buey para todos aquellos que trasgredieran la prohibición.


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