Alimentación: riesgos y estrategias para no pasar de la restricción al exceso
La nutricionista Samar Issa señaló que muchas personas alternan entre el control extremo durante la semana y los excesos del fin de semana. Sostuvo que evitar prohibiciones rígidas y retomar el equilibrio en la comida siguiente es clave para construir hábitos sostenibles.
Cuidarse toda la semana y desbordarse el fin de semana es una escena repetida en muchos consultorios. La nutricionista Samar Issa puso el foco en ese comportamiento y advirtió que el problema no es una comida puntual, sino entrar en la lógica del “todo o nada”.
En su columna radial de Es por acá (Punto a Punto Radio, 90.7 FM), explicó que muchas veces una alimentación muy restrictiva de lunes a viernes termina generando el efecto contrario cuando llegan las reuniones, las salidas o las comidas sociales. La sensación de prohibición, sostuvo, suele desembocar en exceso, culpa y la promesa de “empezar de nuevo” el lunes.
Por qué la restricción puede jugar en contra
Issa remarcó que las dietas demasiado rígidas no suelen ayudar a sostener hábitos en el tiempo. Por el contrario, pueden generar una carga mental que después se expresa en atracones o en comidas desordenadas durante el fin de semana.
La especialista planteó que el objetivo no debe ser pasar de un extremo al otro, sino construir una relación más equilibrada con la comida. “No irse ni al todo ni al nada”, resumió.
Una comida no arruina todo
Uno de los ejes más claros de la columna fue salir de una idea muy instalada: que si una comida fue abundante, entonces ya “da lo mismo” cómo sigue el resto del día o del fin de semana.
Para Issa, esa lógica es uno de los errores más frecuentes. Si hubo una cena más pesada o una salida con más comida y bebida, la siguiente ingesta puede volver a un esquema más ordenado. El criterio, explicó, no es compensar con castigo, sino recuperar equilibrio.
En esa línea, insistió con una idea sencilla: entre el viernes a la noche y el domingo hay varias comidas, y no todas tienen por qué ser un exceso.
Registrar lo que se come
Otro de los consejos que dejó fue prestar atención a lo que realmente se consume, sobre todo en contextos sociales donde hay picadas, bandejeo o platos compartidos.
En esos escenarios, señaló, es habitual comer en automático, mientras se conversa o se está parado, sin dimensionar cuánto se ingirió. Por eso recomendó registrar mentalmente qué se está comiendo y en qué cantidad.
Ese pequeño freno, explicó, permite volver a tomar decisiones y no seguir sumando porciones sin conciencia.
Moderación en lugar de extremos
Issa también descartó las conductas extremas, como aislarse de una reunión con comida aparte o pensar que solo hay dos opciones: control total o desborde total.
La propuesta fue otra: comer más despacio, elegir mejor dentro de lo disponible y moderar las cantidades. Lo ejemplificó con situaciones cotidianas: no es lo mismo tomar un vaso que cuatro, ni comer tres empanadas que seis u ocho.
La clave, sostuvo, no pasa por la perfección, sino por la medida. Disfrutar una comida no implica perder por completo el registro.
Cómo sostener el equilibrio el fin de semana
Entre las recomendaciones que dejó, apareció una idea práctica: si se sabe que habrá una comida social o una salida a la noche, el resto del día puede ordenarse mejor.
Eso no significa saltearse comidas ni llegar con hambre extrema, sino pensar el día de manera más estratégica. Un desayuno, un almuerzo o una merienda más equilibrados pueden ayudar a que una ocasión puntual no se transforme en un desborde general.
También mencionó la importancia de moverse, sostener cierta rutina y no abandonar por completo los hábitos construidos durante la semana.
El error es sostener el “todo o nada”
Hacia el final, Issa volvió sobre la idea central de la columna: una comida fuera de plan no arruina todo. Lo que sí complica el proceso es repetir una lógica pendular de restricción, exceso y culpa.
Para la nutricionista, el cambio real aparece cuando se dejan de buscar soluciones extremas y se empieza a trabajar sobre hábitos posibles de sostener. El fin de semana, en ese sentido, no tiene por qué ser un quiebre, sino una parte más de la rutina alimentaria.
Qué hacer para no desbordarse con la comida el fin de semana
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Evitar la lógica del “ya fue”.
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No prohibirse todo durante la semana.
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Registrar qué se está comiendo y cuánto.
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Moderar cantidades en comidas sociales.
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Retomar el equilibrio en la comida siguiente.
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No transformar una salida en un fin de semana entero de excesos.
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Pensar en hábitos sostenibles, no castigos.
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