PUNTO A PUNTO RADIO (90.7)

La bebé que nació con 540 gramos en Córdoba ya está en casa: su mamá contó cómo fue el primer día

Florencia tiene 19 años y pasó los últimos seis meses yendo y viniendo a la Maternidad Provincial de Córdoba, donde su hija Emilia nació con apenas 23 semanas de gestación. Por primera vez, las dos durmieron juntas en casa y la mamá contó cómo fue ese primer día.

Emilia y su mamá Flor, por fin juntas en casa. Foto: CEDOC

Florencia habló desde su casa en Malvinas Argentinas con la voz de quien todavía no termina de procesar lo que vivió. De fondo, se escuchaba a Emilia. "Está en brazos y quiere que la pasee", explicó la joven de 19 años al inicio de la entrevista en el programa Punto y Aparte de Punto a Punto Radio 90.7.

El diálogo radial fue este jueves, durante el primer día en casa de la bebé que nació el 7 de septiembre de 2025 con 540 gramos, a las 23 semanas de gestación, en la Maternidad Provincial de Córdoba, y que recibió el alta seis meses después pesando 2.880 kilos.

El regreso al hogar no fue tranquilo ni silencioso. "No quiere dormir en su cuna, quiere dormir conmigo", contó Florencia, que admitió estar cansada pero feliz. El apego inmediato de la niña, que pasó sus primeros meses de vida rodeada de máquinas y personal médico, no sorprendió al director del hospital, el doctor Luis Ahumada: "Cuando un bebé está enfermo, sus padres y su familia están igual o más enfermos que el bebé", citó a su mentor en neonatología, el doctor Larguía, para explicar la dimensión emocional de cada internación de estas características.

Un embarazo gemelar con complicaciones desde el inicio

Emilia no vino sola. Su embarazo fue gemelar monocoriónico, lo que significa que ella y su hermana Paulina compartían placenta. Esa condición derivó en un síndrome de transfusión feto-fetal: Emilia actuaba como donante y Paulina como receptora, lo que generó en esta última un derrame cerebral. Paulina falleció a los 40 minutos de nacer. "Fue muy difícil", dijo Florencia en pocas palabras, con la economía de quien ya no necesita explicar el dolor.

El doctor Ahumada precisó la gravedad de ese cuadro: "El síndrome transfusor-transfundido es una patología de mucho cuidado, porque hay un montón de enfermedades que se generan por esta comunicación que hay entre los bebés en el útero". La prematurez extrema -definida hasta las 28 semanas- se combinó en este caso con la gemelaridad y con un peso al nacer que en algún momento descendió por debajo de los 500 gramos. "Estábamos en un límite, y en ese grupo etario menos de la mitad de los bebés sobreviven", afirmó el director.

Dos despedidas que no fueron

En dos momentos distintos de la internación, el equipo médico convocó a la familia a una junta y les comunicó que habían hecho todo lo posible. La primera, tras una operación intestinal -una enterostomía- de la que Emilia no despertaba, no orinaba y permanecía muy hinchada. "Nos dijeron que capaz eran sus últimos pasitos por este mundo", recordó Florencia.

Fue entonces cuando el pastor Pedro Andrada visitó a la niña y la oró. "A la tarde ella se despertó, abrió los ojos, empezó a orinar, saturaba re bien y los médicos no lo podían creer. Dicen que ella desafió la ciencia", relató la madre.

El equipo que la sostuvo

La joven nombró uno por uno a los profesionales que acompañaron a Emilia: la doctora Mariela, la doctora Fernanda -jefa de la terapia de neonatología-, el doctor Franco Martínez y la doctora Nancy, entre otros. El doctor Ahumada sumó un reconocimiento especial para el personal de enfermería, al que consideró "fundamental" en estos casos.

"Piensen en el tamaño que tenía Emilia cuando tenía menos de 500 gramos. Tenía un tubito que iba a los pulmones de apenas 2 milímetros de diámetro. Una secreción que le tapara ese tubito ya le cambiaba todo. Hay que estar ahí permanentemente", describió. Y completó: "Si no está el personal de enfermería, estos bebés no salen adelante".

También destacó el trabajo interdisciplinario de la residencia de madres, que contuvo emocionalmente a Florencia durante los seis meses: "Hubo todo un equipo desde salud mental tratando de sostener a una mamá muy joven que tuvo que pasar por una situación tan límite como esta".

Lo que viene

Emilia no termina sus controles con el alta. Hasta la edad escolar, seguirá siendo evaluada en el programa de seguimiento de alto riesgo de la Maternidad Provincial, con foco en su desarrollo neurológico y motor. Florencia ya maneja con precisión los términos: "Para algunas cosas se usa la edad corregida. Ella tiene seis meses, pero va a empezar a comer a los seis meses de su edad corregida, que serían los dos meses y medio".

El doctor Ahumada fue cauto pero optimista: "La vemos muy bien en relación a todo lo que pasó. Los bebés prematuros tienen órganos que son muy delicados, pero también una capacidad de recuperación muy importante por su propia inmadurez. Eso ayuda a la neuroplasticidad cerebral".

Por ahora, Florencia tiene otro horizonte. Le preguntaron si quería tener más hijos. "No, ahora no. Ahora hay que disfrutar a Emilia", respondió, con una sonrisa que se escuchó en radio.