DATOS DE INDEC

Menos pobreza, pero con ingresos frágiles: la mejora que pone en duda su sostenibilidad

Un informe de la Fundación Mediterránea advierte que la caída de la pobreza en 2025 convive con salarios que pierden frente a la inflación y una recuperación desigual entre regiones.

La pobreza bajó al 31,6% en el primer semestre de 2025, el nivel más bajo en siete años Foto: CEDOC

La última medición de pobreza en Argentina muestra una mejora significativa, pero también abre interrogantes sobre su continuidad. Según un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea, elaborado por las economistas Laura Caullo y Guadalupe Galíndez, la reducción del indicador en el segundo semestre de 2025 no alcanza para disipar las fragilidades estructurales que atraviesan los ingresos de los hogares.

El dato central del informe marca que la pobreza descendió al 28,2%, casi diez puntos por debajo del 38,1% registrado un año antes, mientras que la indigencia se ubicó en 6,3%, también en retroceso. Sin embargo, en términos absolutos, el problema sigue siendo masivo: 13 millones de personas no logran cubrir la canasta básica total y 2,9 millones ni siquiera alcanzan los requerimientos alimentarios mínimos.

El informe señala que la reducción de la pobreza se explica principalmente por una recuperación de los ingresos en relación con el costo de las canastas básicas, lo que permitió recomponer parcialmente el poder adquisitivo. Sin embargo, esa dinámica comienza a mostrar signos de agotamiento.

En los últimos meses de 2025 y comienzos de 2026, los salarios empiezan a crecer por debajo de la inflación, lo que introduce un factor de riesgo. De acuerdo con el análisis de Caullo y Galíndez, los ingresos del sector privado registrado aumentaron 32,3% interanual, mientras que la inflación general fue del 36,2%, con un impacto aún mayor en alimentos y canastas básicas. Incluso considerando el total de los salarios, con una suba del 37,8%, el crecimiento resulta insuficiente frente al encarecimiento de los bienes esenciales. En ese marco, la mejora en la pobreza aparece más como un rebote que como una consolidación estructural.

Desigualdad territorial

Uno de los puntos más críticos que destaca el informe es la evolución de los precios, especialmente en alimentos. Cuando éstos crecen por encima del promedio, incluso ajustes salariales alineados con la inflación general resultan insuficientes para sostener el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables. A esto se suman fuertes disparidades territoriales.

Si bien la mejora en la pobreza se extendió a todos los aglomerados urbanos, los niveles siguen siendo muy dispares. En ciudades como Concordia o Gran Resistencia, más del 40% de la población permanece en situación de pobreza, mientras que en centros urbanos como Gran Córdoba (23,2%) la incidencia es menor, aunque todavía significativa.

La indigencia también presenta comportamientos heterogéneos, con caídas importantes en algunos aglomerados y aumentos en otros, lo que refuerza la idea de una recuperación desigual.

El diagnóstico de la Fundación Mediterránea es claro: la baja de la pobreza no debe leerse como un proceso consolidado, sino como una mejora condicionada por variables que aún no se estabilizan. La evolución futura del indicador dependerá de dos factores centrales: la dinámica de los precios —especialmente de los alimentos— y la capacidad del mercado laboral para generar ingresos más robustos y sostenibles. Sin estos elementos, advierten las autoras, la mejora podría ser transitoria y no un cambio estructural.