Monserrat Aricó Buteler: "Los procesos artísticos requieren tiempo, paciencia y ganas de reencontrarse"
Escribió su primera novela a los 14 años en plena pandemia, abordando temas de profunda complejidad como el suicidio, la marginalidad y la eutanasia. Dos años más tarde la editó de forma independiente a través de Lago Editora.
Nacida en México pero radicada en Córdoba desde los dos años, Monserrat Aricó Buteler comenzó a explorar la narrativa en un contexto inédito: el aislamiento del 2021.
De aquella intensa experiencia personal surgió ‘El ciudadano de los zapatos precarios’, una obra atravesada por temáticas sombrías que más tarde cobraría forma de libro físico.
Actualmente, la joven transita el tercer año de Cine y se encuentra en la etapa final de un cortometraje independiente sobre el despertar del deseo sexual con una impronta onírica.
En diálogo con Perfil Córdoba repasa cómo influyeron la música y la pantalla en su escritura, la importancia de dejar oxigenar las obras antes de publicarlas y los proyectos que germinan en su horizonte.
—Naciste en México y a los dos años te viniste a vivir a Córdoba porque tus papás son de acá, ¿qué hacían ellos allá?
—Trabajaban. Mi papá se había ido a Boston a hacer un posgrado en el MIT y después consiguió trabajo en Unilever, en México. Estuvo allá unos cinco años. Mi hermana mayor también nació allá y mi hermano menor, acá.
—¿A qué se dedica tu mamá?
—Es arquitecta.
—O sea, no tiene mucho que ver con el mundo literario...
—Podría decirse que no, pero sí heredé cosas artísticas de los dos. Mi papá es muy culto y de chico leía muchísimo; tenía intenciones de ser escritor, eso lo comparto con él. Mi mamá, desde la arquitectura, siempre nos mostró una mirada muy estética, ordenada y armónica de las cosas.
—Publicaste tu primer libro siendo muy joven. ¿Cuáles fueron tus primeros consumos culturales y cómo influyeron en tu escritura?
—De chiquita leía Harry Potter o ciencia ficción, y más grande pasé a García Márquez o Borges. Pero la verdad es que recibí más influencias del cine y la música. Cuando escribía el libro pensaba: “¿Qué es lo básico que hago? Contar una historia”. Y contar historias es algo que hacés al juntarte con amigos. En una película pasa lo mismo. Recibí mucha influencia de Quentin Tarantino por su estilo narrativo y de bandas como Pink Floyd. El disco The Wall me marcó mucho por cómo caracteriza a un personaje marginado que termina cometiendo actos de violencia; hay mucho de eso en mi libro.
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—¿Cómo surgió abordar temas como la marginalidad o el suicidio siendo tan joven?
—Hoy me encuentro en una postura lejana a esa oscuridad, pero entiendo de dónde vino. Coincido con la autora Julia Cameron en que el artista es un servidor de la idea: la idea es más grande que vos. Y el personaje de Francisco Martínez (NdelR: protagonista de su novela) surgió de forma casi automática. Escribía a mano una hora por día en cuadernos sin juzgar nada; recién al pasarlo a la computadora entraba mi ojo analítico y crítico.
—En ese trayecto tuviste el acompañamiento de tu profesora de literatura...
—Sí, arranqué a los 14 en pandemia y a fin de cuarto año se lo entregué a mi profe. Durante todo el verano me desconecté del libro, lo cual fue lo mejor que pude hacer. Al año siguiente me lo devolvió con correcciones y lo empezamos a pulir juntas antes de llevarlo a la editorial.
—¿Qué te dio tomar distancia del texto?
—Fue un aprendizaje clave sobre los procesos creativos. Hoy trabajo en un cortometraje independiente y aplico la misma enseñanza. En tiempos donde todo es acelerado, es indispensable dejar oxigenar la obra.
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—¿Cómo fue la recepción del libro?
—Hicimos una presentación íntima para 60 personas. Solo imprimimos unos 300 ejemplares. Se vendieron todos y hoy van circulando de mano en mano porque la gente se los va prestando. No descarto hacer una reedición más adelante.
—Estás trabajando en un cortometraje, ¿de qué se trata?
—Aborda el despertar del deseo sexual desde una perspectiva surrealista y onírica. Construimos un mundo ficticio donde la gente está enmascarada y el protagonista va rompiendo esa narrativa. Le invertimos mucho tiempo y recursos a la estética. Ya filmamos casi todo y estimamos estrenarlo a principios del año que viene para enviarlo a festivales como el Bafici.
—¿Cómo te imaginás de acá a 20 años?
—Mi gran sueño es armar una escuela de arte recreativo. Un espacio donde se reúna gente de la pintura, la música o el cine para dar talleres sin fines académicos, sino para ir en contra de la velocidad extrema y la exigencia de productividad. En lo personal, quiero seguir creando; hoy estoy escribiendo ensayos y poesía que quizás se conviertan en un nuevo libro.
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