Deuda externa

La cuenta de USD 12.000 millones con la que Luis Caputo busca blindar toda la gestión de Javier Milei

El Palacio de Hacienda ultima un programa financiero para garantizar los pagos a los acreedores externos hasta finales de 2027 sin recurrir a los mercados globales. La ingeniería oculta de fondos, el freno de Wall Street por las tensiones globales y una advertencia del FMI.

Luis Caputo EXPO EFI 2026 Foto: Pablo Cuarterolo

El ministro de Economía, Luis Caputo, ejecutó una precisa ingeniería contable orientada a blindar el mandato de Javier Milei frente a la volatilidad de la deuda externa. A través de un programa financiero que será presentado en los próximos días, el Palacio de Hacienda detallará la cobertura de las obligaciones soberanas hasta el cierre de 2027, estructurando un argumento técnico para ratificar que la Argentina no buscará financiamiento en los mercados internacionales en el corto plazo. Para lograrlo, el plan oficial contempla consolidar una red de contención de USD 12.000 millones mediante un pool de diversas fuentes de financiamiento.

Fuentes con conocimiento directo de la hoja de ruta confiaron a PERFIL que el detalle definitivo está bajo estricto repaso. A grandes rasgos, el esquema se compondrá de cuatro vías de ingresos: USD 3.000 millones provenientes de los créditos REPO anunciados en enero de 2026; USD 4.000 millones obtenidos en el mercado local mediante licitaciones de bonos del Tesoro; cerca de USD 2.000 millones originados por el proceso de privatizaciones y otros USD 4.000 millones a través de préstamos bancarios respaldados por organismos multilaterales de crédito.

La letra chica de este último tramo quedó expuesta en el reciente Staff Report publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). En las mesas técnicas de negociación, los funcionarios del Palacio de Hacienda confirmaron avances sustanciales en una línea de financiamiento con bancos internacionales que tendrá una duración de seis años y un plazo de gracia de tres años. En la práctica, se trata de un nuevo acuerdo extendido hasta 2032 que comenzará a cancelarse recién en 2029. Como particularidad, este préstamo comercial contará con la garantía explícita del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la CAF, replicando el esquema de avales sectoriales que el Ejecutivo negoció de manera individual durante el mes de abril.

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La dependencia de Wall Street

El objetivo político del equipo económico es anunciar el combo financiero completo antes del próximo vencimiento fuerte con los acreedores privados, fijado para el próximo 9 de julio, que demandará un desembolso aproximado de USD 4.200 millones. De acuerdo al diagnóstico del FMI, estas operaciones estructuradas funcionan como “un puente hacia un acceso más estable al mercado, considerando los altos vencimientos de la deuda en divisas con el Fondo y los acreedores del sector privado".

Sin embargo, en el quinto piso de Economía prefieren morigerar las expectativas de una salida inminente al mercado voluntario de crédito. Pese a celebrar la tendencia bajista del índice de riesgo país, el mandato de Caputo a sus interlocutores en las mesas de dinero es tajante: la prioridad actual es consolidar la "independencia de Wall Street" y postergar cualquier colocación de deuda tradicional en la plaza internacional.

Los fundamentos para mantener el cerrojo financiero son nítidos. En el mercado financiero calculan que, si la Argentina decidiera emitir nuevos títulos globales hoy, debería convalidar una tasa de interés de entre el 10% y el 13% anual, un costo financiero considerado prohibitivo por la conducción macroeconómica. A este panorama doméstico se sumó un factor exógeno adverso: la reactivación de las tensiones bélicas en Irán provocó una inmediata aversión al riesgo de los inversores hacia los mercados emergentes, sepultando las intenciones oficiales de realizar "pruebas" exploratorias de emisión de deuda en el corto plazo.

El "muro" de 2027

El programa financiero diseñado por Hacienda operará de manera defensiva frente a una carga de compromisos severa. Hasta el término del mandato presidencial en 2027, el Tesoro Nacional deberá afrontar vencimientos totales en moneda extranjera por hasta USD 35.000 millones. Si bien las proyecciones para este 2026 exigen desembolsos considerables por cerca de USD 12.700 millones —repartidos entre bonistas privados, el FMI y organismos multilaterales—, el verdadero desafío de caja asoma el año próximo.

Para 2027, la cuenta de pagos da un salto abrupto y se ubica en la zona de los USD 20.000 millones. Este incremento responde de manera directa a la finalización de los períodos de gracia de los canjes previos y a una fuerte concentración en el repago de capital. El desglose para ese año exige cubrir unos USD 8.800 millones exclusivamente en títulos públicos en manos de privados, a los que se añaden compromisos con el Fondo por USD 8.500 millones y casi USD 2.500 millones adicionales con otros organismos internacionales.

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Ante esta perspectiva, la estrategia oficial consiste en utilizar los USD 12.000 millones obtenidos mediante las vías alternativas como un puente de tiempo que garantice los pagos inminentes mientras se espera una compresión adicional de los rendimientos soberanos. La apuesta de Caputo es que, una vez superado el bache de vencimientos sin sobresaltos en las reservas, los retornos de los bonos argentinos perforen el piso de los 500 puntos básicos. Recién en ese escenario, el Gobierno evaluará activar un roll over tradicional en los mercados globales sin comprometer las metas fiscales del programa económico.

El asterisco del FMI y el riesgo del "seniority"

La ingeniería de Caputo, no obstante, sumó una advertencia técnica por parte del FMI debido a sus efectos secundarios a largo plazo. El organismo multilateral encendió luces de alerta sobre el impacto que este esquema de financiamiento tendrá sobre el seniority (la jerarquía o prioridad de cobro) de los pasivos de la República Argentina.

El informe del Fondo señala que, si bien los préstamos comerciales con garantías del Banco Mundial, el BID y la CAF permiten extender los plazos de la deuda externa y mitigar los costos inmediatos de financiamiento, también incrementan la proporción de "deuda senior" del país ante un eventual escenario de estrés económico.

Al contar con el respaldo institucional de estos organismos —que gozan del estatus histórico de acreedores privilegiados o preferred creditors—, esta nueva masa de dólares se posicionará reglamentariamente un escalón por encima en la fila de pagos ante futuras turbulencias o procesos de reestructuración. Como contrapartida directa, los tenedores de bonos privados ordinarios verán relegada su prioridad de cobro, un factor de riesgo técnico que las mesas de inversión de Wall Street ya comenzaron a incorporar en sus modelos de valuación de activos argentinos.

 

AM/DCQ