Poder adquisitivo

Las remuneraciones del sector privado rozaron el $1.800.000 en 2025: lo que viene en 2026

Organismos privados y estatales evaluaron la evolución del sueldo a lo largo del año pasado. La inflación estimada para este 2026 podría volver a golpear el bolsillo de los trabajadores asalariados haciendoles perder poder de compra.

Empleos Foto: Cedoc

Diciembre cerró el año 2025 con un sueldo promedio bruto del sector privado en torno a $1.798.332, logrando una mejora del 44,34% en comparación con el mismo mes pero del año anterior. Además, el mercado laboral argentino continuó mostrando signos de reactivación en sectores estratégicos como logística y correo, producción alimenticia, tecnología y servicios, según se detalló en el último relevamiento de la consultora CETA.

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El año pasado dejó un escenario laboral atravesado por la tensión entre salarios, inflación, paritarias y poder adquisitivo, en un contexto donde los ingresos mostraron comportamientos dispares según el tipo de empleo y con un 2026 que aparece condicionado a una desaceleración más firme de los precios para evitar nuevas pérdidas reales.

Crédito: CETA

 

El dato más reciente disponible de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) muestra que en noviembre de 2025 el salario promedio formal alcanzó los $1.611.851,61, con una suba mensual del 1,2%. Ese movimiento se dio luego de varios meses de incrementos nominales moderados, en línea con una inflación que volvió a acelerarse en la segunda mitad del año.

Este indicador precisa la remuneración promedio sujeta a aportes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que perciben los trabajadores que se encuentran bajo relación de dependencia y que han sido declarados en forma continua durante los últimos 13 meses, tanto en el sector público como en el privado

Su publicación se realiza hasta 45 días de finalizado el periodo correspondiente debido al tiempo que transcurre entre la recepción y el procesamiento de las Declaraciones Juradas que los empleadores presentan ante la ARCA.

Por su parte, el IPC registró variaciones mensuales de entre 1,9% en julio y hasta 2,8% hacia el cierre del año. El acumulado anual alcanzó el 31,5%, el nivel más bajo en ocho años según el INDEC, aunque insuficiente para recomponer el deterioro previo del poder adquisitivo.

Paritarias bajo presión y reclamos sindicales

Desde la mirada sindical, la aceleración inflacionaria de la segunda mitad de 2025 pulverizó la pauta salarial impulsada por el Gobierno como referencia para las negociaciones colectivas. Los gremios sostienen que el anclaje macroeconómico priorizó la estabilidad nominal por sobre los ingresos laborales.

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Relevamientos del Centro de Políticas Públicas (C-P) y del IARAF indican que, hacia noviembre, el salario promedio de los principales convenios acumulaba una caída real cercana al 4,5%. Las reaperturas fueron frecuentes, pero mayormente insuficientes para compensar los aumentos de precios.

Si bien muchas paritarias superaron el 1,5% mensual de referencia, no lograron sostener una recomposición real del salario.

En los hechos, la tensión no derivó en conflictos masivos, pero sí en reaperturas “silenciosas” y acuerdos de corta duración. En sectores como la metalurgia, los salarios cerraron apenas uno o dos puntos por debajo de la inflación, mientras las empresas enfrentaron márgenes estrechos y un fuerte aumento de importaciones.

Salarios formales e informales: trayectorias distintas

En las pymes, el cuadro fue más delicado: salarios atrasados, caída de la rentabilidad, suspensiones y cierres, con un impacto directo en el empleo registrado. Como paliativo, se multiplicaron los bonos no remunerativos y las sumas fijas, que se licuaron rápidamente frente a la inflación.

En paralelo, el debate se trasladó al comportamiento del salario informal. Desde CEPA se advirtió que el salario del empleo no registrado habría crecido un 27,2% en términos reales entre la asunción de Javier Milei y mayo de 2025, un dato que se desvincula del resto de los trabajadores.

El centro de estudios aclaró que este indicador surge de la Encuesta Permanente de Hogares y que, desde fines de 2023, el INDEC introdujo cambios metodológicos para captar mejor los ingresos no laborales. Entre ellos, transferencias como la Tarjeta Alimentar, pensiones no contributivas y programas de empleo.

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Según CEPA, estas modificaciones impactan no solo en la medición del salario informal, sino también en los indicadores de pobreza, ya que mejoran la captación de ingresos que antes podían estar subestimados. El organismo, sin embargo, no precisó el efecto exacto sobre la comparabilidad histórica.

Inflación en baja y el desafío de 2026

Desde el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDESA), el análisis parte de la desaceleración inflacionaria: 2025 cerró con una tasa interanual cercana al 32%, muy por debajo del 211% de diciembre de 2023 y del 118% de fines de 2024. Aun así, advierten que el sendero hacia adelante sigue siendo desafiante.

Si la inflación se mantiene en torno al 2% mensual, 2026 cerraría cerca del 25% anual. Para cumplir la meta oficial del 10% prevista en el Presupuesto, la inflación mensual debería bajar a alrededor del 0,8%, y a 0,5% para converger a niveles regionales en 2027.

En materia salarial, el IDESA señala que el salario privado registrado creció un 24% entre diciembre de 2024 y octubre de 2025, un desempeño que lo habría dejado prácticamente empatado con la inflación del período. Distinto fue el caso del salario informal, que mostró una fuerte recuperación nominal.

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Según el Índice de Salarios del INDEC, el salario informal creció un 84% hasta octubre de 2025, muy por encima de la inflación. El análisis remarca que esta mejora responde a la desaceleración inflacionaria, ya que los informales son los más castigados cuando los precios se aceleran y los que más rápido rebotan cuando esa dinámica se frena.

De cara a 2026, el escenario aparece condicionado: si la inflación no logra bajar de manera sostenida, los salarios formales podrían volver a quedar rezagados, mientras que la recuperación del ingreso informal parte de niveles históricamente bajos. Con casi la mitad del mercado laboral en la informalidad, el desafío será evitar que la desaceleración de precios no vuelva a traducirse en una nueva pérdida de poder adquisitivo.

GZ / lr