En diálogo con Canal E, el consultor ganadero, Andrés Costamagna, advirtió que el 2026 será un año de tensión para el mercado de la carne, con precios elevados, menor producción y un consumidor cada vez más exigido.
Luego de cuatro años atravesados por sequías parciales o totales, el sector ganadero argentino inicia 2026 con una mejora clave: el clima. “Hoy tenemos una buena perspectiva de producción de pasto”, señaló Costamagna, destacando que la recuperación de las pasturas permite un escenario productivo más favorable. Sin embargo, aclaró que esta mejora no se traducirá inmediatamente en más carne: “Pensamos que vamos a un año de retención y eso va a impactar inmediatamente en la producción y en la oferta de carne”.
Esa menor oferta se da en un contexto de demanda firme, tanto local como internacional. “Ya hay escasez a nivel global y en los últimos meses también a nivel local”, afirmó, lo que presiona los precios a lo largo de todo el año. Según el consultor, “vamos a tener una tirantez en los precios durante todo el 2026”, con productores beneficiados, consumidores más ajustados y una industria frigorífica con dificultades para operar por falta de volumen.
Más importaciones y una industria bajo presión
Ante la escasez, la importación de carne vacuna gana protagonismo. Costamagna detalló que en 2025 ingresaron unas 60.000 toneladas y anticipó que “en 2026 vamos a duplicar las importaciones de carne vacuna”. Brasil lidera como proveedor, seguido por Paraguay y Uruguay, principalmente para abastecer cadenas de hamburguesas.
Lejos de un quiebre estructural, aclaró que el impacto es relativo: “Los argentinos consumen 2,2 millones de toneladas de carne vacuna; la importación sigue siendo ínfima”. No obstante, reconoció que el fenómeno marca un récord estadístico y refleja problemas de fondo, como la pérdida de stock ganadero.
Precios, inflación y un cambio en el consumo
Costamagna anticipó que la carne vacuna liderará los aumentos de precios del rubro alimentos. “En marzo suele darse el primer pico fuerte de precios y esperamos que vuelva a suceder”, explicó. Además, advirtió que el impacto inflacionario está sobredimensionado por una canasta básica desactualizada: “Hay un error en el cálculo que hace que la suba de la carne impacte en exceso en el IPC”.
En paralelo, el consumo se reconfigura. “La carne de cerdo y la de pollo son muy baratas y están muy alejadas del precio de la carne vacuna”, afirmó, lo que empuja a los hogares a sustituir el tradicional asado. “Va a haber menos asado en las parrillas argentinas”, resumió.
El problema de fondo es estructural. “Hoy tenemos una vaca por habitante; cuando nací había tres”, recordó Costamagna. Reconstruir ese capital llevará tiempo: “La recomposición del stock recién la veremos en 2027 o 2028”. Para 2026, fue contundente: “Es el año de la atención; la carne va a ser relativamente cara para los salarios”.