GEOPOLITICA Y TRADING

Los mercados frente el dilema del segundo semestre: corrección breve o shock duradero

El conflicto en Medio Oriente reabrió una discusión central para los inversores: si la suba del petróleo será transitoria o si marcará una etapa más larga de menor crecimiento y mayor inflación. De esa diferencia dependen bonos, acciones, commodities y dólar, entre otras cosas.

Mercados, petróleo, actividad económica Foto: CeDoc

La economía global llega al segundo semestre de 2026 con una pregunta abierta: si el shock energético derivado de la guerra en Medio Oriente será apenas una corrección de corto plazo o el comienzo de un ciclo más largo de menor crecimiento y mayor inflación.

No se trata solo de una discusión teórica. Esa diferencia ya ordena la lectura de los mercados sobre bonos, acciones, monedas y materias primas. También condiciona las decisiones de los bancos centrales, que deben evaluar si el encarecimiento de la energía será pasajero o si terminará contaminando la inflación de fondo.

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El Fondo Monetario Internacional puso ese debate en números. Su escenario base supone una moderación del conflicto y una normalización gradual del precio del petróleo en la segunda mitad del año. En ese caso, el crecimiento global de 2026 se ubicaría en 3,1%.

Pero el organismo también presentó un escenario adverso, con una disrupción más prolongada, un barril más cerca de los US$100 y una expansión de la economía mundial de apenas 2,5%. En la versión más severa, el crudo podría moverse en una franja de entre US$110 y US$125 y el crecimiento global caería hacia 2%, un nivel que se acerca a una recesión internacional.

La importancia de Ormuz en el conflicto

La clave del problema pasa por el canal energético. Un petróleo más caro impacta sobre transporte, logística, industria y generación de electricidad. Ese traslado, primero, pega en los índices de inflación. Después, si se extiende, modifica expectativas y complica a los bancos centrales.

Ese es hoy el mayor temor del mercado. Si el shock es breve, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo podrían evitar una reacción agresiva y sostener la expectativa de tasas más bajas más adelante. Pero si la suba de la energía se vuelve persistente, el escenario cambia: la inflación deja de bajar con claridad y las tasas pueden quedar altas durante más tiempo.

En los activos financieros ya se observa esa tensión. Las bolsas encontraron alivio cada vez que aparecieron señales de descompresión geopolítica, y buena parte de Wall Street recuperó rápidamente el terreno perdido. Sin embargo, ese rebote convive con un mercado de bonos más cauteloso, porque el petróleo sigue en niveles elevados y eso sostiene la presión sobre rendimientos e inflación esperada.

Tal como lo expresó Ignacio Morales, CIO de Wise Capital, el optimismo político de retomar las conversaciones de paz que se escucha en las últimas horas, choca con la realidad logística en el estrecho de Ormuz. "El tráfico marítimo en la zona sigue severamente limitado pese al cese al fuego vigente. Actualmente, apenas circula una fracción de los 130 buques diarios que transitaban antes del conflicto. Esta parálisis en la ruta clave empuja los precios del crudo al alza nuevamente. Los inversores mantienen la mirada fija en la resolución del bloqueo naval y su impacto directo en la inflación energética global. La paridad entre la esperanza diplomática y la crisis de suministro define el rumbo errático de la apertura financiera actual", señaló el analista de mercados.

¿Conflicto a largo plazo o corrección temprana?

En este derrotero aparecen las dos hipótesis que hoy dominan la agenda inversora.

La primera es la de una corrección breve. Bajo esa visión, el salto del petróleo sería transitorio, la tensión en Medio Oriente tendería a moderarse y la economía global mantendría un crecimiento razonable. En ese escenario, el mercado volvería a privilegiar activos de riesgo, con acciones más firmes, dólar menos demandado como refugio y tasas largas algo más contenidas.

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En efecto, el analista Mariano Sardans, CEO de la gerenciadora de patrimonios FDI, sostiene que el mercado está “priceando” mayoritariamente una corrección breve (desescalada en semanas o 1-2 meses como máximo), pero la evidencia real apunta a que el riesgo de shock duradero (3-9 meses o más) es significativamente más alto de lo que se descuenta. "Estamos en un clásico caso de “wishful thinking” colectivo: la curva forward del petróleo, los spreads de crédito y las valoraciones de equities siguen ancladas en un escenario optimista que los datos duros (tráfico en Ormuz, caídas de inventarios y declaraciones) no terminan de confirmar"; explicó a PERFIL.

Al explicar por qué considera que el mercado apuesta hoy a “corrección breve”, Sardans mencionó:

- El Brent oscila cerca de USD102-110/bbl (con picos recientes por encima de 110-115 tras amenazas), pero la curva forward muestra fuerte baja en los contratos lejanos (2027 por debajo de US$80). "Eso implica que el consenso espera que el shock de oferta sea transitorio".

. Se han visto rebotes en bolsas globales y compresión parcial en spreads tras rumores de mediación y mini-acuerdos temporales.

- El comentario que prevalece es que Trump usa el ultimátum como arma negociadora y que Irán eventualmente cederá para evitar destrucción total de infraestructura energética.

"Esta lectura es cómoda, pero subestima la asimetría", señaló Sardans. "Irán tiene incentivos para prolongar el dolor (daño asimétrico vía proxies, ciber, minas), y el daño ya causado (ataques a instalaciones, buques y comandantes) hace que la reapertura plena de Ormuz no sea inmediata aunque haya un alto-el-fuego", mencionó el analista de mercados.

La segunda es la del shock duradero. En esa lectura, la energía seguiría cara durante varios meses, la inflación global se volvería más rígida y el proceso de baja de tasas quedaría más lejos. Ese combo obligaría a recalibrar precios de activos: bonos más exigidos, acciones bajo mayor presión y monedas emergentes más vulnerables.

La discusión no es menor porque, en los hechos, el mundo ya empezó a moverse hacia una zona intermedia. El propio economista jefe del FMI, Pierre-Olivier Gourinchas, planteó esta semana que la economía global se ubica hoy entre el escenario base y el adverso. Es decir: el mercado ya no trabaja con una normalización plena como caso más probable.

En este sentido, Carlos R. Mendizábal, profesor del Instituto de Energía de la Universidad Austral, puso en discusión el hecho de que la economía global pueda salir airosa del conflicto tras el cierre parcial o la interrupción del tránsito por Ormuz que implicó la caída abrupta de uno de los principales corredores energéticos del mundo. "La consecuencia inmediata fue un shock de flujos. Pero lo relevante es que ese shock rápidamente evolucionó hacia algo más severo: un shock de oferta. La imposibilidad de evacuar producción derivó en cierres de campos, pérdidas de producción y tensiones en toda la cadena. Cuando el problema deja de ser logístico y pasa a ser productivo, la recuperación ya no es inmediata y depende de factores técnicos, financieros y geopolíticos. Esto introduce una inercia en la crisis que puede extender sus efectos mucho más allá del conflicto puntual", sentenció.

Algo similar opina Sardans, que también considera un conflicto a mediano plazo como la hipótesis actual en sus previsiones en la gerenciadora. "Nuestra posición -55-60%- de que sea un shock semi-duradero (hasta Q3-Q4 con reapertura parcial lenta). No creemos en “corrección breve” limpia antes de junio-julio", mencionó. Y reconoció que las implicancias de un shock duradero en el segundo semestre pueden traer

- Estanflación global: Inflación sube 0,5-1,5 puntos adicionales (FMI ve 4,4% base, hasta 5,4-6% en caso extremo). Crecimiento mundial baja a 2,5% o incluso 2% (recesión técnica posible en Europa e impacto en EE.UU.).

- FED complicada: Poco margen para recortes agresivos. Posible “higher for longer” o incluso debate de alzas si las expectativas no se cumplen. Esto castiga a las acciones del tipo “growth” y fuerza salida de flujos de mercados emergentes.

- Dólar fuerte + risk-off: Spreads de mercados emergentes se ensanchan, salvo en el caso de exportadores de commodities.

¿Cuál es el impacto de este escenario entre base y adverso?

Para la Argentina, el tema también importa. Aunque el país mejoró su perfil energético gracias al desarrollo de Vaca Muerta, sigue siendo sensible a un contexto internacional de energía cara y condiciones financieras más restrictivas.

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Un petróleo alto puede trasladarse a mayores costos internos, poner presión sobre la inflación y tensionar el frente cambiario en un momento en el que los inversores globales se vuelven más selectivos con los emergentes. Además, si las tasas internacionales permanecen elevadas, el financiamiento para países de mayor riesgo se encarece todavía más.

En este aspecto Sardans mencionó que para la Argentina implicaría que "la baja actual del riesgo país (hacia 500-520 pb) está sustentada en compras netas del BCRA + cosecha gruesa. Un shock duradero la soporta (más dólares por energía), pero si genera recesión global fuerte, la demanda de soja/maíz puede resentirse y el EMBI podría estabilizarse o rebotar 50-100 pb", proyectó el analista.

En ese marco, el segundo semestre empieza a perfilarse como una prueba para la narrativa que dominó buena parte del último año: la de desaceleración inflacionaria con crecimiento moderado. Si el petróleo cede y el conflicto se estabiliza, el mercado podrá sostener ese escenario. Si no ocurre, la macroeconomía volverá al centro del tablero global.

La diferencia entre una corrección breve y un shock duradero, en definitiva, no es solo una cuestión de precio del crudo. Es la diferencia entre un episodio de volatilidad y un cambio de régimen para los mercados.

Finalmente, en este contexto el mercado observa de cerca cinco factores para definir cuál de los dos escenarios termina imponiéndose: la evolución del precio del Brent, el impacto del conflicto sobre el tránsito energético, la reacción de la inflación en Estados Unidos y Europa, el comportamiento de las tasas largas y la capacidad de la economía global para sostener el crecimiento sin una nueva aceleración de precios.

 

lr/LT