Natalia Oreiro y Gael García Bernal estrenan “Nada entre los dos”, una historia de infidelidad sin juicios morales
La nueva película de Juan Taratuto llega a los cines este jueves 21 de mayo con una historia atravesada por el deseo, la rutina y las contradicciones del amor adulto. Lejos de una comedia romántica tradicional, el film apuesta a dejar más interrogantes que respuestas.
¿Una infidelidad puede ser, en realidad, una forma de intentar escapar de una vida que ya no se siente propia? ¿Una búsqueda desesperada por recuperar algo de deseo, de intensidad o incluso de uno mismo? Sobre esas preguntas incómodas, contradictorias y profundamente humanas se construye “Nada entre los dos”, la nueva película de Juan Taratuto (“Un novio para mi mujer”) protagonizada por Natalia Oreiro y Gael García Bernal.
El film, que se estrena este jueves 21 de mayo en todos los cines, empieza como una comedia romántica clásica, pero rápidamente se transforma en algo más complejo. A partir de un encuentro inesperado entre dos personas atrapadas en vidas que ya no los representan del todo, el relato se mueve hacia una reflexión sobre los vínculos, el deseo, la rutina y las decisiones que se toman -o no- en la adultez.
Lejos de caer en una mirada moral sobre la infidelidad, Taratuto propone otra cosa. El film no busca condenar ni justificar a sus personajes, sino entender qué hay detrás de esa necesidad de escapar, aunque sea por unos días, de una vida marcada por la costumbre, las obligaciones y el desgaste cotidiano. Porque en “Nada entre los dos” el conflicto no solo pasa por el engaño, sino también por todo aquello que quedó relegado en el camino.
Con una producción realizada entre Uruguay y México, la película también pone sobre la mesa las dificultades actuales para hacer cine en la región. Durante la conferencia de prensa de la que participó PERFIL, Natalia Oreiro se refirió al tema y sostuvo: “Hacer cine en este lado del mundo es casi, te diría, un hecho heroico”. Además, agregó: “Me encuentro como un poquito en el medio de la situación, contenta porque se filme en Uruguay y con ganas de que se vuelva a filmar en Argentina”, en relación al recorte del financiamiento en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).
De qué trata “Nada entre los dos”
La historia sigue a Guillermo y Mechi, dos empleados de una empresa multinacional alimenticia que viajan a México por una crisis corporativa vinculada a una intoxicación masiva. Él está interpretado por Gael García Bernal; ella, por Natalia Oreiro. Ambos están casados, ambos cargan frustraciones silenciosas y ambos sienten que sus vidas se desviaron, aunque sea apenas, de aquello que imaginaron para sí mismos.
Guillermo vive bajo la sombra de un suegro poderoso que parece haber condicionado toda su carrera profesional e, incluso, su propia autoestima. Mechi, en cambio, atraviesa una separación emocional mucho más visible, con una hija adolescente con la que no logra conectar, un trabajo que la incomoda y un matrimonio desgastado con Cato, el personaje interpretado por Peto Menahem.
Natalia Oreiro y Gael García Bernal protagonizan "Nada entre los dos", la nueva película de Juan Taratuto que se estrena este 21 de mayo.
Todo cambia durante una madrugada en la playa, cuando ambos coinciden mientras ella escapa del hotel tras un temblor y él intenta sobrellevar el insomnio que lo acompaña desde hace tiempo. Ese movimiento funciona como una de las metáforas centrales del film, porque no solo sacude la ciudad, sino también las estructuras emocionales de los personajes, haciendo que una charla casual termine convirtiéndose en una conexión intensa y profundamente transformadora.
A diferencia de muchas películas románticas tradicionales, acá no hay grandes declaraciones de amor eterno ni promesas imposibles. Lo que aparece entre ellos es otra cosa, un vínculo consciente de su fragilidad y de su carácter transitorio. Los personajes saben que probablemente después de esos días deban volver a sus vidas, pero también entienden que ya no van a regresar siendo exactamente los mismos.
En ese sentido, la película encuentra uno de sus mayores aciertos. Más que centrarse únicamente en una aventura amorosa, "Nada entre los dos" termina construyendo el retrato de dos adultos que intentan reconectar con partes de sí mismos que habían quedado sepultadas bajo la rutina, las responsabilidades y el miedo al cambio. Todo eso sin caer en juicios de valor centrados sobre sus decisiones, dejando que sea el propio espectador quien complete y cuestione el sentido de la historia.
Natalia Oreiro (“Wakolda”, “La mujer de la fila”) vuelve a destacarse en un papel que parece escrito a su medida. Mechi es una mujer fuerte e independiente, aunque también deja ver una gran vulnerabilidad en sus sentimientos. La actriz construye este personaje atravesado por conflictos internos, cansada de sostener una vida que ya no siente completamente propia, pero también aterrada frente a la posibilidad de destruir todo lo construido con Cato.
Por su parte, Gael García Bernal (“Amores perros”, “Y tu mamá también”) aporta una interpretación mucho más contenida y silenciosa. Su personaje arrastra una permanente inseguridad y una sensación de vacío que se filtra en cada gesto. El actor mexicano logra sostener esa incomodidad emocional sin necesidad de grandes explosiones dramáticas, apoyándose en pequeños detalles y miradas.
En los papeles secundarios, Peto Menahem aporta uno de los personajes más interesantes del relato. Cato es un hombre desfachatado, lleno de ideas imposibles y proyectos fallidos, pero también profundamente amoroso. Lejos del típico “marido villano” de las historias de infidelidad, el film lo construye como alguien querible, complejo y humano, lo que vuelve todavía más incómodas las decisiones de Mechi.
Peto Menahem interpreta a Cato, un hombre desfachatado, lleno de ideas imposibles y proyectos fallidos.
Con guión de Juan Taratuto y Matías Scartascini, la película consigue equilibrar entre el humor, la melancolía y la reflexión sin perder un ritmo narrativo bastante dinámico. Y aunque deja deliberadamente muchas preguntas abiertas, esa es justamente su intención: incomodar al espectador y obligarlo a pensar qué lugar ocupan el deseo, el amor, la costumbre y la libertad dentro de los vínculos contemporáneos.
Una película que busca abrir debates
Durante la conferencia de prensa de la que participó PERFIL, Oreiro explicó que uno de los mayores intereses de "Nada entre los dos" pasa por abrir debates sobre los vínculos y las decisiones afectivas. “La película abre un poco la incomodidad de lo que se sabe que sucede en algunos casos, pero la dificultad de hacerse cargo de eso, hacerse cargo del deseo también”, sostuvo la actriz al hablar sobre el conflicto que atraviesa a Mechi.
En esa misma línea, Oreiro destacó que la historia evita posicionarse desde un lugar moral o condenatorio sobre sus personajes. “La película te pregunta cuáles son las múltiples formas del amor y cuáles son los tiempos para el amor. Hay muchas posibilidades y no es cerrada en ese sentido, sino al revés, abre interrogantes”, afirmó. Y agregó: “Hay miles de formas de vincularse en las relaciones. Y también eso es lo que incomoda de la película, decir ‘ah, bueno, esto también puede pasar’”.
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La actriz también profundizó sobre el recorrido emocional de su personaje y aseguró que el gran cambio de Mechi no pasa solamente por el romance fugaz que vive durante el viaje, sino por el reencuentro consigo misma. “Ella logró conectar con ella antes de conectar con Guillermo”, explicó, y agregó: “Esta situación la desestabiliza y logra conectar con su deseo personal. Quizás eso fue lo que necesitó para poder cambiar”.
Más adelante, Oreiro volvió sobre una de las ideas más fuertes que atraviesan la película, vinculada a la transformación de los vínculos y a lo que implica aceptar esos cambios. “A veces el dolor de darte cuenta de que algo se terminó es mucho más fuerte que un desengaño fugaz”, reflexionó. Y añadió: “La valentía de dar vuelta la página y aceptar que las cosas se transforman también forma parte de la vida”.
Por su parte, Peto Menahem definió a la película como “una comedia romántica que madura”. Según el actor, la historia comienza desde elementos clásicos del género, pero rápidamente se transforma en un relato mucho más adulto y ambiguo. “Nos vamos con más preguntas que respuestas, que es bastante parecido a lo que nos pasa todo el tiempo”, sostuvo durante la charla.
Menahem también remarcó uno de los aspectos que más le interesaron del guión escrito por Juan Taratuto y Matías Scartascini es la forma en que trabaja sobre aquello que los personajes callan. “Es un gran guión porque habla muy certeramente de lo que no se dice”, señaló. Y profundizó: “La película habla de dos personas que tienen una vida muy parecida a la que querían, pero no exactamente la que querían. Se desconectaron de sí mismos. No saben dónde giraron mal”.
Peto Menahem, Natalia Oreiro, Juan Taratuto y Dolores Llosas (Productora) en la conferencia de prensa.
Para el actor, ahí aparece uno de los conflictos más reconocibles de la historia, esa sensación silenciosa de estar viviendo una vida corrida de aquello que alguna vez imaginaron. “Puede un amor real durar tres días nada más. Y también puede uno preguntarse cuándo es amor y cuándo es costumbre, miedo o pertenencia”, reflexionó.
En el cierre de la conferencia, Juan Taratuto retomó varias de esas ideas y aclaró que nunca pensó la película únicamente como una historia sobre engaños. “Es sobre echarle luz a esos momentos de inconformismo. Puede ser cambiar de trabajo, cambiar de vida, cambiar de género o cualquier cosa que movilice al ser humano”, explicó el director sobre cómo la infidelidad es solo un disparador para cuestionarse mucho más.
Taratuto también habló sobre el miedo contemporáneo a abandonar espacios conocidos aun cuando ya no generan felicidad. “Yo siento muchas veces que se nos va pasando la vida en esa circunstancia de volver al lugar más protegido, al lugar donde uno no corre riesgo”, sostuvo. Y agregó: “Los personajes entienden que hay algo más allá de lo que tenían previsto y se dejan sorprender, que muchas veces es algo que evitamos”.
Finalmente, el director resumió cuál era su intención detrás de la película y del final abierto que propone la historia. “Uno hace películas para que la gente vaya al cine, pero también para lo que sucede después. Para entrar en conversación, preguntarse cosas y discutirlas”, concluyó. Y quizá ahí esté justamente el mayor interés de “Nada entre los dos”, no en resolver qué deberían hacer sus personajes, sino en exponer esa contradicción profundamente humana entre el deseo de cambiar su vida y el miedo inevitable a perder aquello conocido.
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