La doctrina de dominio

El pacto con Venezuela consolida la hegemonía de EE.UU. sobre el petróleo en Occidente

En plena crisis energética global por los conflictos bélicos de Irán y Rusia, la administración del presidente Donald Trump capitaliza las reservas venezolanas para blindar el dominio estratégico hemisférico de Washington y reducir la crisis inflacionaria estadounidense con vistas a las elecciones de noviembre. En un acuerdo con las principales figuras del chavismo, Washington se asegura el control de 65.000 millones de barriles y el desarrollo intensivo de 17 campos petroleros estratégicos venezolanos. Los explotará en alianza con corporaciones privadas norteamericanas.

Producción. El acuerdo duplica las reservas petroleras contabilizadas por EE.UU. en su área de influencia directa, blindando al país ante futuras turbulencias. Foto: Cedoc

La geopolítica energética global atraviesa un punto de inflexión histórico. El anuncio realizado por el presidente Donald Trump sobre un acuerdo estratégico que garantiza a Estados Unidos el control mayoritario de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela no solo representa un terremoto económico para Sudamérica, sino la piedra basal de una doctrina de dominio absoluto en el hemisferio occidental. 

En momentos en que la conflagración militar en Oriente Medio —marcada por una guerra con Irán que ya completa seis meses— y las sanciones estructurales contra Rusia han alterado y colapsado las cadenas globales de suministro, Washington dio un golpe de timón audaz para asegurar su independencia y supremacía a largo plazo.

Este convenio sin precedentes incrementa enormemente la seguridad energética y proyecta el dominio incuestionable de Estados Unidos en Occidente. Con la reserva estratégica de petróleo estadounidense navegando en sus niveles más bajos de las últimas cuatro décadas y con los precios de los combustibles convertidos en una espada de Damocles política de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre, la Casa Blanca logró transformar la crisis de abastecimiento en una oportunidad hegemónica.

La arquitectura del control. El acuerdo, estructurado minuciosamente por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en estrecha alianza con corporaciones privadas norteamericanas, contempla el desarrollo intensivo de 17 campos estratégicos venezolanos. 

Tras la captura de Nicolás Maduro en enero pasado por marines estadounidenses y la asunción interina de Delcy Rodríguez bajo una intensa presión de Washington, el panorama institucional del país caribeño experimentó una metamorfosis radical. 

Las reformas promercado en los sectores de hidrocarburos y minería abrieron de par en par las puertas al capital extranjero, disolviendo las barreras del histórico nacionalismo chavista. Lo paradójico es que el gobierno sigue bajo control de las mismas figuras del chavismo que estaban con Maduro.

Las cifras divulgadas reflejan la magnitud de la transacción. Mientras el gobierno interino de Caracas celebra la promesa de más de 209.000 millones de dólares en futuros tributos para el Estado y cerca de 100.000 millones en inversión privada directa destinada a reconstruir una economía devastada, Washington obtiene el activo más codiciado del planeta: Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo. 

Para el presidente Trump, la ecuación es clara: el acuerdo más que duplica las reservas petroleras oficialmente contabilizadas por Estados Unidos en su área de influencia directa, blindando al país frente a las turbulencias de los mercados euroasiáticos.

El factor Irán-Rusia. Para comprender la dimensión geopolítica de este pacto hay que tener en cuenta las dos guerras que en este momento sacuden al mundo y a la economía global.

La conflagración en Irán ha fracturado el flujo tradicional de hidrocarburos hacia Occidente, tensionando los mercados globales y disparando la volatilidad de los precios. Paralelamente, el aislamiento energético de Rusia derivado de la guerra en Ucrania consolidó un mercado escindido donde los grandes jugadores buscan desesperadamente zonas de aprovisionamiento seguras, inmunes a los bloqueos navales y a los chantajes geopolíticos de potencias rivales.

En este escenario, el hemisferio occidental emerge como un santuario energético autosuficiente. Al desplazar el centro de gravedad del suministro hacia el patio trasero de América, la administración Trump logra un doble objetivo estratégico: por un lado, neutraliza la influencia de actores extracontinentales en la región; por el otro, consolida una muralla de contención económica que garantiza petróleo estable, a bajo costo y geográficamente próximo para la economía estadounidense.

No hay que olvidar la presión inflacionaria interna sobre los combustibles en EE.UU. que está deteriorando rápidamente la popularidad de Trump.

Desafíos operativos. A pesar de la grandilocuencia del anuncio político, los expertos mantienen un manto de cautela operativa. Analistas del sector energético  advierten que persisten profundos interrogantes sobre los mecanismos legales y financieros de la transferencia de activos, cuestionando si se trata de una venta directa, una reestructuración de títulos o un usufructo condicionado a la extracción efectiva.

Además, la infraestructura petrolera venezolana presenta cicatrices profundas tras décadas de desinversión, corrupción y sanciones. Si bien la producción nacional ha mostrado un repunte marginal —cerrando julio en 1.200.000 barriles diarios, un 29,8% más que en enero—, dista abismalmente de los tres millones de barriles diarios que el país producía hace 25 años atrás. 

Expertos locales estiman que los pozos incorporados en este acuerdo requerirán entre cinco y diez años de obras intensivas para alcanzar el cien por ciento de su capacidad operativa. 

 

Alivio para la economía estadounidense

Con sus índices de aprobación en caída, Donald Trump remarca en que el acuerdo con Venezuela reducirá los precios de los combustibles para los estadounidenses, un asunto sensible de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre próximo.

El conflicto con Irán, que ya completa seis meses, ha alterado el suministro mundial de petróleo y afectado seriamente el valor de las naftas en Estados Unidos. 

De acuerdo al sitio especializado Axios, el acuerdo con Venezuela más que duplicaría las reservas petroleras de EE.UU. en un momento en que la reserva estratégica de petróleo estadounidense se encuentra en su nivel más bajo en 40 años. 

Trump insta a las empresas estadounidenses a invertir en Venezuela, aunque estas son cautelosas ante la infraestructura deteriorada y el pasado de expropiaciones de activos de inversionistas extranjeros por parte del chavismo. John Kilduff, experto en energía de Again Capital, dijo que el mayor problema para que las empresas operen en Venezuela es “la seguridad y la protección de su inversión”.

La única compañía petrolera estadounidense que se arriesgó y ganó fue Chevron. La firma seguía operando en Venezuela cuando Maduro fue derrocado. En julio pasado dijo que había aumentado su producción diaria de crudo a 280.000 barriles y que planeaba incrementar la producción en un 50% para finales de 2028.

Según los expertos, los pozos considerados en el acuerdo venezolano tardarán entre cinco a diez años para que alcancen el “100% de operación”. 

AFP

 

Delcy Rodríguez califica de “histórico” el acuerdo

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó el “histórico” acuerdo petrolero que permitirá a Estados Unidos operar campos con un potencial de 65.000 millones de barriles de las reservas de petróleo del país.

El convenio se alcanza siete meses después de la captura de Nicolás Maduro en un operativo militar estadounidense, que dio un giro a las maltrechas relaciones entre ambos países. 

Su sucesora, Delcy Rodríguez, asumió el poder de forma interina y bajo presión de Washington impulsó reformas en los sectores del petróleo y la minería, que abrieron las puertas a la inversión extranjera.

“Se contempla el desarrollo de 17 campos estratégicos, con un potencial probado de 65.000 millones de barriles de petróleo, una inversión de más de 100.000 millones de dólares y más de 209.000 millones de dólares en tributos para el Estado”, se vanaglorió Rodríguez en su cuenta de Telegram. 

El acuerdo, sostuvo Delcy, “tendrá un impacto significativo en el renacimiento de nuestra nación”. Luego elogió la actitud de Washington: “Agradezco altamente al presidente de los EE.UU. de América, Donald Trump, así como al secretario de Estado, Marco Rubio, y al gobierno estadounidense por su disposición en el desarrollo de este acuerdo”.

El país cuenta con las mayores reservas de petróleo en el mundo, pero hace casi una década prácticamente se paralizó la exploración de nuevos yacimientos. La producción de crudo venezolano cerró julio en 1.200.000 barriles diarios, según fuentes oficiales.

Venezuela llegó a producir hasta 3 millones de barriles diarios a finales del siglo pasado, pero la producción decayó por la falta de inversión, entre otros problemas agravados por las sanciones que aplicó EE.UU. durante el mandato de Maduro.

En los últimos meses, Washington flexibilizó las sanciones contra la economía venezolana y otorgó  licencias a transnacionales que ya operaban en el país para retomar sus actividades. Rodríguez describió el nuevo convenio como un “hito histórico” en las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos.