¿Por qué Donald Trump quiere anexar Groenlandia? 4 posibles escenarios
Tras la ofensiva milita en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, el presidente estadounidense volvió a poner sobre la mesa la anexión de Groenlandia por razones de "seguridad nacional". La advertencia reactivó alarmas en Dinamarca y en el gobierno autónomo de la isla, mientras Europa prepara una respuesta diplomática ante un aliado clave de la OTAN.
"No voy a comprar Groenlandia". Hace exactamente un año, el 7 de enero de 2025, Donald Trump Jr., el hijo mayor del presidente de Estados Unidos, aclaraba que su sorpresiva visita a la isla más grande del Ártico tenía que ver con "motivos personales". Sin embargo, su presencia —habiendo sido uno de sus estrategas de campaña en 2024— no pasó inadvertida en función de la intención que su padre terminó cristalizando apenas asumió su segundo mandato: anexar Groenlandia, la estratégica isla autogobernada bajo soberanía danesa que conecta América del Norte y Europa.
Desde que asumió la presidencia hace casi un año, el interés de Donald Trump por Groenlandia dejó de ser una provocación ocasional para convertirse en una línea sostenida de su política exterior, al igual que ocurrió con sus dichos sobre Panamá y Canadá. El domingo pasado, el mandatario fue categórico a bordo del avión presidencial Air Force One. "Necesitamos Groenlandia… es muy estratégica en este momento. Groenlandia está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes”, sostuvo ante la prensa.
En plena escalada internacional tras la operación militar en Venezuela, Trump volvió a justificar su ambición territorial con el mismo argumento que utilizó para otras acciones de política exterior, incluido el bombardeo a Caracas. "Necesitamos a Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional", agregó. La frase no solo encendió alertas en la capital groenlandesa, Nuuk, y Copenhague, sino también en varias capitales europeas, conscientes de que la retórica del presidente de su principal aliado militar ya no se limita a la presión diplomática. Especialmente luego de que concretara la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, trasladados a Nueva York para ser juzgados por cargos de narcoterrorismo. "Este es nuestro hemisferio", publicó el Departamento de Estado estadounidense días después.
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4 escenarios en Groenlandia: de la invasión a la compra
En ese contexto, se perfilan al menos cuatro escenarios posibles sobre el futuro de Groenlandia y su relación con Estados Unidos, según un análisis del medio The Times. El escenario más extremo es también el que genera mayor inquietud entre los aliados de Washington: una intervención militar directa y la ocupación de Groenlandia. Aunque Trump evitó confirmar esta vía, tampoco la descartó e incluso funcionarios de la Casa Blanca reconocieron esta semana que el uso de la fuerza "siempre es una opción".
Otra posibilidad es la compra directa a Dinamarca, acompañada de promesas de inversiones millonarias para la economía local. Trump ya había planteado esta opción durante su primer mandato y volvió a sugerirla en este segundo, en línea con su enfoque transaccional de la política exterior. Desde Washington, Groenlandia aparece como una joya territorial: baja densidad poblacional, abundancia de recursos estratégicos y una ubicación geográfica clave. Sin embargo, tanto el gobierno danés como las autoridades groenlandesas rechazaron de plano esta alternativa y recordaron que cualquier cambio de estatus debe ser decidido por los propios habitantes de la isla, que en referendos previos ampliaron su autonomía sin romper el vínculo con Copenhague.
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El tercer escenario es más gradual y políticamente viable: la firma de un acuerdo de libre asociación. Bajo este esquema, Groenlandia mantendría su autogobierno interno, mientras Estados Unidos asumiría un rol central en defensa, política exterior y financiamiento. Para Trump, esta opción permitiría consolidar el control estratégico del Ártico sin una anexión formal, reducir costos diplomáticos y limitar la influencia china sobre los recursos naturales de la isla. Para Groenlandia, en cambio, implicaría una redefinición profunda de su relación con Dinamarca y una mayor dependencia de Washington.
La cuarta alternativa es la menos disruptiva, pero no exenta de tensiones: mantener a Groenlandia como territorio autónomo del Reino de Dinamarca, mientras se incrementa la presencia militar estadounidense. Este escenario, que algunos socios europeos ven como un mal menor, profundizaría una dinámica ya existente, en la que Estados Unidos garantiza la seguridad regional a cambio de mayor margen de maniobra en el Ártico.
"Este es nuestro hemisferio". El mensaje del Departamento de Estado tras la operación militar en Venezuela.
Por qué Trump quiere Groenlandia
Durante su primer mandato presidencial, Donald Trump expresó su interés en comprar la isla ártica. El trasfondo del conflicto es profundamente estratégico en función de su nueva doctrina de seguridad nacional, que implica expulsar "la injerencia china y rusa" de lo que considera el "hemisferio occidental". Groenlandia, la isla más grande del mundo, concentra recursos naturales clave —como litio, níquel, cobalto y tierras raras— y ocupa una posición central en el Ártico, una región cada vez más codiciada por el deshielo y la apertura de nuevas rutas marítimas. En ese tablero, Estados Unidos busca frenar el avance de China, que controla cerca del 90% del mercado global de tierras raras, y contener la proyección militar de Rusia en el norte.
Stephen Miller, uno de los asesores más influyentes del presidente, fue explícito al afirmar que Estados Unidos debe comportarse como una superpotencia en un mundo regido por la fuerza. Washington ya cuenta con una base militar en la isla —la instalación espacial de Pituffik— fundamental para el control del Ártico y la vigilancia estratégica. Una ocupación formal, sin embargo, implicaría un quiebre sin precedentes dentro de la OTAN, dado que Dinamarca es miembro fundador de la Alianza.
Con una población de 57.000 habitantes, Groenlandia tiene autonomía pero su economía depende en gran medida de los subsidios de Copenhague como parte del reino de Dinamarca. Su primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, reiteró que la isla "no está en venta" y que solo su población puede decidir su futuro. En la misma línea, la jefa de gobierno danesa, Mette Frederiksen, rechazó cualquier intento de anexión y pidió respaldo a sus socios europeos. La respuesta llegó, aunque con matices: Francia, Alemania, Italia, España, el Reino Unido y otros países reafirmaron su compromiso con la soberanía de Groenlandia y Dinamarca, pero evitaron una confrontación directa con Washington, principal garante de la seguridad atlántica.
En ese marco de creciente tensión, Groenlandia y Dinamarca solicitaron una reunión urgente con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, que podría concretarse la semana próxima. El objetivo, según explicaron desde ambos gobiernos, es “disipar malentendidos” tras las reiteradas declaraciones de Trump sobre una eventual anexión de la isla. La jefa de la diplomacia groenlandesa, Vivian Motzfeldt, confirmó el pedido de conversaciones directas con Washington, mientras que su par danés, Lars Løkke Rasmussen, subrayó ante el Parlamento que el diálogo diplomático es clave para evitar una escalada. La iniciativa cuenta con el respaldo de varios países europeos, que insisten en que cualquier discusión sobre la seguridad del Ártico debe darse de manera colectiva, en el marco de la OTAN y con pleno respeto a la soberanía de Dinamarca y al derecho de los groenlandeses a decidir su futuro.
CD/DCQ
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